Martes de la Semana 1 de Adviento – 1

TIEMPOADVIENTO

 

Martes 1º

 

 

LECTURA:            

Lucas 10, 21‑24”

 

 

En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu. Santo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.

Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.»

Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.»

 

 

MEDITACIÓN:                

“La gente sencilla”

 

 

            Pienso que cuando Jesús expresa este deseo que arranca de Dios no es porque los sabios y entendidos sean incapaces de ser sencillos, ni porque los sencillos no  puedan ser ni sabios ni entendidos, y la fe sea una cosa de tontos, irracional,  o algo así. La sencillez de una persona no está en su más o menos sabiduría sino en su corazón, en su forma de ser, de manifestarse, en su capacidad de acoger.

 

            Y creo que lo entendemos perfectamente. Jesús está haciendo referencia a las actitudes de autosuficiencia en las que muchos corren el riesgo de parapetarse, creyendo que su ámbito de pensamiento es el único que se desprende de sus conocimientos, y se manifiestan incapaces de ir más allá y hasta llegan a endurecer y cerrar sus posturas. Parece que debía ser al revés, que un mayor conocimiento tenía que propiciar la apertura a todas las dimensiones del ser humano, pero parece que no es así y, además, no es que lo vemos ahora, es que es algo que lo va arrastrando la historia.

 

            Por una parte es orgullo de encerramiento en el propio pensamiento que se manifiesta incapaz de ir más allá, por la razón que sea, a veces por oponerse a realidades que no le interesan que estén ahí pero que no pueden eliminar, o por cortedad de miras, en muchos casos interesada, algo que el sencillo, sea cual sea su nivel intelectual, es capaz de descubrir con naturalidad y, además con lógica.

 

            La persona sencilla es capaz de descubrir y de abrirse a toda la realidad que siente en sí y no quiere renegar de ella. Toda la realidad de misterio, de búsqueda de sí mismo, de crecimiento interior, de sentido de trascendencia, de anhelos de esperanza y de vida, con posibilidad de plenificarse. Un corazón sencillo trata de acoger todo lo mejor que late en su interior y que le hace capaz, además, de respetar al otro, y hasta le hace capaz de dejarse interpelar ante la búsqueda de bien, de paz, de bondad, de honradez, de limpieza y transparencia interior que le lleva a intentar dar o poner en juego lo mejor de uno para bien de todos.

 

            No cabe duda de que es el sencillo el que hace posible que la vida se construya, que el hombre no apague todas sus posibilidades y riquezas insertas en sí, y que luchan por aflorar. El sencillo construye humanidad porque se abre a lo humano y lo divino, y porque ha descubierto que la vida es más hermosa, más grande, más humana y más divina cuando la abrimos al don de Dios y la trata de convertir, desde sus gestos de cada día, en don.  Y esto es lo que le hace a Jesús entonar desde lo más profundo de su Espíritu este himno de alegría, que ojalá sea también el nuestro en este tiempo de esperanza que nos quiere preparar para recibirlo en la sencillez más radical.

 

 

 ORACIÓN:                

“Abrir campos”

 

 

            Señor, sí, yo también quiero darte las gracias al escucharte y al mirar a mi alrededor, porque es así de cierto lo que dices, aunque a muchos no les guste. La sencillez es la mejor actitud para acercarnos a la vida y en ella acerarnos a los otros. Para ser capaces de descubrir nuestra pequeñez y nuestra grandeza, nuestras pobrezas y nuestro gran tesoro interior y, sobre todo, el gran tesoro que podemos descubrir en ti. Prefiero ser tonto que no orgulloso y engreído. Prefiero abrir campos a mi vida que no cerrarlos. Me gustan las puertas abiertas más que los empeños en cerrar horizontes y metas. Sí, también hay gestos de orgullo en mí que a veces me hacen y hacen mal. Pero me apunto y quiero unirme, cada vez más, a la multitud de gente sencilla que hacen avanzar la vida y la historia. Gracias por ello y por seguir viniendo a recordárnoslo.  

 

                       

CONTEMPLACIÓN:                 

“Vienes sencillo”

 

 

No vienes grande y poderoso,

no vienes a imponerte,

vienes pequeño para acogerte,

para hacernos sentir

lo que desata el corazón

de sus prevenciones y miedos.

Vienes pequeño, sencillo,

para abrirme a la esperanza

en que se desata la vida

cuando descubrimos

sus brazos abiertos.

Vienes sencillo

y me conmueves por dentro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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