Semana 34 Viernes

TIEMPO ORDINARIO

 

Viernes 34º

 

 

LECTURA:                Lucas 21, 29-33”

 

 

En aquel tiempo, puso Jesús una comparación a sus discípulos: Fijaos en la higuera o en cualquier árbol: cuando echan brotes, os basta verlos para saber que la primavera está cerca. Pues cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. Os aseguro que antes que pase esta generación, todo eso se cumplirá.

El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.

 

 

MEDITACIÓN:                  “Todo eso se cumplirá”

 

 

            Tal vez nos baste con escuchar esta afirmación de Jesús para saber por dónde nos tenemos que mover y cómo tenemos que escuchar las demás palabras que nos lleguen. Y esto es muy importante.

 

            Es importante porque generalmente, con más o menos fuerza, nos afectan las muchas palabras que de todo tipo surgen por todas partes. Palabras que lógicamente expresan diferentes formas de pensar y de entender la realidad; y, además, muchas de ellas nos pueden resultar tremendamente atrayentes.

 

            No tenemos más  que volver la mirada a la historia de Israel. No es que fuese un pueblo especialmente cabezota y desobediente. En muchas ocasiones reiteró su deseo de ser fiel a Dios, de no dejarse absorber por otras ideologías y otros dioses. Y su lucha fue dura y dolorosa, ilusionante y decepcionante. Cayendo y levantándose constantemente, fiel e infiel. En una pugna continua entre lo que parecían ser sus deseos auténticos y la realidad en la que se movían con una fuerza de atracción y de captación muy fuerte. Y, eso mismo, es lo que experimentamos hoy, con muchos bautizados que se alejan y reniegan de su fe, con otros que tratan de conjugarlo todo sin ningún tipo de preocupación; y, con otros, tal vez nosotros, en una lucha de equilibrios que muchas veces vence, y en otras no sabemos muy bien cómo responder.

 

            Ante todas esas fuerzas que pugnan en nosotros  y contra nosotros, es normal que Jesús no se ande con medias tintas y sus palabras sean claras, tajantes, sin engaños, directas, sin medias tintas. El cielo y la tierra pasarán, sus palabras no pasarán, todo se cumplirá.

 

            Y eso se nos debe convertir en fuerza y seguridad, en empeño y en lucha ilusionada, en capacidad para ir aprendiendo a poner cada cosa en su sitio y darle a cada una el valor que tiene. Podremos tener dudas, podrá desbordarnos la realidad, podremos llegar a pensar que si somos pocos es porque no tenemos razón y hay que adaptarse a la mayoría. Jesús nos invita a formar parte de ese “resto” que se fía y espera en él. Como diría Pedro en un momento concreto, también ahora podemos retomar su afirmación para decir, “a quién vamos a ir, tú tienes palabras de vida eterna”, palabras que no pasarán, que se han cumplido en él y se cumplirán en nosotros. Sí, no cabe duda, estamos insertos de lleno en el amplio campo de nuestra fe. Y Jesús nos sigue invitando a entrar no por cabezonería, sino desde la razón y el corazón, desde la totalidad y hondura y de nuestro ser.

           

 

ORACIÓN:                “Fe en tu palabra”

 

 

            Señor, nuestra firmeza suele ser muy titubeante, a todos los niveles. Ya ves la incapacidad que hoy manifestamos en todas las esferas para alcanzar compromisos. Al final es miedo y desconfianza en nosotros mismos y en los otros. Le podemos dar otros nombres, pero es eso. Nuestras certezas son fácilmente puestas en entredicho, y lo que hoy afirmamos mañana ha podido dar paso a otra afirmación. Y decimos que es de hoy. Puede ser que hoy lo estemos viviendo con una fuerza especial, pero es de siempre. Es la realidad que marca generalmente la inmadurez y el dejarnos llevar más por los sentimientos e, incluso, la presión de la masa, y el atractivo de lo fácil. Parece que no nos resulta fácil poner en juego todas las dimensiones de nuestro ser para dar respuesta a nuestras opciones, que parece que dejamos que se lleven más por unos aspectos que por otros, y que luego nos ponen de manifiesto sus consecuencias. Señor, consciente de ello y habiendo palpado su realidad quiero de nuevo reafirmar mi fe en tu palabra. Quiero seguir apoyándome en ella y necesito tu fuerza, la fuerza de tu Espíritu. Sé que no me falla, que no te falle yo, Señor. Gracias.

 

                                   

CONTEMPLACIÓN:                 “La fuerza de la vida”

 

 

Todo pasa,

el cielo, la tierra,

mi propia existencia,

sólo tú permaneces.

Pasan los hombres,

pasan las generaciones

y tu palabra sigue resonando

con la fuerza de la esperanza,

con la fuerza de la vida

que se abre continuamente,

como una ventana abierta

ante un amanecer que se recrea.

El propio amanecer de mi vida

que como un nuevo ave fénix

resucita y se renueva en ti,

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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