Semana 31 Sábado

TIEMPO ORDINARIO

 

Sábado 31º

 

 

LECTURA:               Lucas 16, 9-15”

 

 

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

Oyeron esto unos fariseos, amigos del dinero, y se burlaban de él. Jesús les dijo: Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro. La arrogancia con los hombres, Dios la detesta.

 

 

MEDITACIÓN:                 “En lo menudo”

 

 

            Muchas veces no damos importancia a las cosas pequeñas, a actitudes que tal vez no son en sí un gran mal, o un gran bien, pero que ponen de manifiesto la realidad de una persona. Lo que identifica nuestra valía, nuestra sensibilidad, nuestro talante y el de los demás, no es la capacidad de responder de una manera o de otra a las grandes cuestiones o situaciones, sino precisamente a las pequeñas. Los detalles marcan el ritmo de nuestra vida y ponen de manifiesto la hondura y la grandeza de nuestro ser.

 

            Es casi seguro que la persona que es sensible a hacer bien las cosas aparentemente más sencillas, y que hasta puedan pasar desapercibidas, será una persona de la que uno se podrá fiar y depositar en ella la confianza de algo mayor. Estamos seguros de que responderá, que dará la talla. Y de lo contrario, la persona que sabemos descuidada, indiferente, o que sólo responde de manera interesada a las cosas cotidianas, nos cuidaremos mucho de poner en sus manos algo que signifique responsabilidad.

 

            Y esto es muy importante. La mayor parte de nuestras vidas están marcadas por la sencillez del día a día, de las relaciones cotidianas familiares, vecinales, laborales…, y como habitualmente ésas no son noticias llegamos a pensar que sólo los personajes significativos a nivel social, político, artístico, etc., son los que marcan el ritmo de la vida, y no es así. Al contrario, son en ellos en quienes muchas veces descubrimos las consecuencias de ese responder o no responder a lo sencillo, porque en lo significativo no dan la talla o ponen de manifiesto su haberse dejado arrastrar. Tristemente lo descubrimos así.

 

            Tal vez todo ello debía ser también una lección para descubrir que nuestra persona, nuestras actitudes, las trabajamos a fondo, en su verdad, en lo sencillo, en lo cotidiano, en lo menudo, pero tremendamente auténtico de nuestra interioridad, o tarde o temprano se nos pueden escapar en los momentos significativos en loss que la vida nos pueda situar.

           

Y esto, además de ser importante, me parece que es motivo de alegría y de acción de gracias. Porque, al final, nuestra vida no tiene altura por las grandes cosas que generalmente están en manos de determinadas personas y situaciones, sino en la grandeza de la sencillez de vivir gozosa e ilusionadamente cada día que nos sale al encuentro en el marco que nos ha tocado vivir. No es tarea de privilegiados sino de todos y de cada uno, porque eso está al alcance de todos. Lo que sucede es que no sabemos muy bien qué nos pasa cuando nos cuesta valorar y gozar de la grandeza de los gestos sencillos, que marcan y ponen de manifiesto la intensidad de nuestro amor. Y eso nos invita a tener otro talante y otro modo de vivir y valorar nuestra realidad. Y el Señor nos ayuda de un modo especial a ello. No en vano él, pudiendo elegir otra cosa, nos marcó con su vida, la grandeza de nuestros gestos sencillos, que necesitan más ilusión y creatividad que los grandes, y que nos terminan haciendo grandes como personas, de verdad. Jesús  nos invita a ello, apoyados en él y, por eso, se nos hace consecuencia lógica e ilusionada de nuestra fe.

           

 

ORACIÓN:                 “Disfrutar de cada momento”

 

 

            Señor, gracias porque desde tu grandeza nos enseñas la fuerza y el valor de lo pequeño, de lo sencillo. Y es así como nos pones de manifiesto qué es lo que nos hace auténticamente personas y, además, discípulos. No sé por qué se nos van los ojos y los deseos a lo grande, que muchas veces o casi siempre se nos hace irrealizable. Y en ese torpe empeño, se nos termina escapando o difuminando, o no sabiendo valorar y disfrutar, aquello que está a nuestro alcance y da valor y peso a lo que somos y hacemos. Por eso, Señor, gracias. Gracias por engrandecer lo pequeño, gracias  por habérnoslo desgranado con tu vida. Gracias por ayudarnos a descubrirlo en nosotros y en los demás, porque eso nos permite disfrutar de cada momento, de cada gesto, de cada sonrisa, de cada persona. Gracias, Señor.

 

 

CONTEMPLACIÓN:                 “Hecho pequeño”

 

 

Te has hecho pequeño

y así eres accesible

e importante para mí.

Me has buscado

y te he encontrado

en los entresijos anónimos

de mi historia compartida.

Y cada sonrisa,

y cada flor ofrecida,

me hablan de ti

y de la belleza del amor,

capaz de penetrar

en los entresijos invisibles

pero profundos de mi ser,

hasta hacerme

un poco más de ti.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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