Semana 25 Lunes

TIEMPO ORDINARIO

 

Lunes 25º

 

 

LECTURA:               Lucas 8, 16-18”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz.

Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.

A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.

 

 

MEDITACIÓN:               “Al que tiene se le dará”

 

 

            Es ésta una frase que Jesús suele repetir en diferentes circunstancias y que me da la sensación de que solemos pasarla de largo, tal vez llevados por la fuerza del marco en que la inscribe donde la moraleja final se nos puede difuminar. No es difícil que nos pase algo así; que, ante la fuerza de una narración, nos quedemos en ella, y la conclusión se nos escape, por contradictorio que dicho así nos pueda parecer.

 

            Aquí nos aparece casi desnuda y, por lo tanto, con toda su fuerza, y me parece importante. Importante porque creo que nos trata de situar en la realidad de un mensaje que, a veces, tenemos el riesgo de romantizar. Cosa que Jesús nunca hace, ni cuando nos habla con toda su fuerza del amor, que va muchísimo más allá de ese matiz.

 

            No cabe duda de que todo lo que nos llega de Dios es un don, un don que brota de su amor por nosotros. Pero ese amor sabemos que necesita una acogida, porque se puede rechazar. Centrándonos en nosotros y sin echar balones fuera, y mirar a quienes abiertamente lo rechazan o no le conocen,  muchas veces nosotros lo rechazamos o evadimos, unas veces consciente y otras más inconscientemente. Sabemos que Dios no impone,  sencillamente porque el amor no se puede imponer. El amor se acoge o se rechaza, pero una vez acogido no se puede ser indiferente ante él y actuar como si no pasase nada, porque como nos aman pues ya está. Sería un insulto a ese amor o una manera de decir un no real a un sí teórico.

 

            Desde ahí podemos entender esta afirmación contundente de Jesús: “Al que tiene (mucho amor), se le dará”; y al que no tiene, se le quitará hasta “lo que cree tener”. Lo veíamos con una fuerza especial hace unos días, ante aquella mujer pública, que había sido perdonada porque “tenía mucho amor”. Por eso se le regaló mucho perdón. Pero, al que nos ama ¿?.

 

            No, no basta con conocer el amor gratuito de Dios. No basta con saber que todo lo que recibimos es un don. Cierto que ése es el punto de partida de nuestra experiencia. Pero ese don, esa experiencia de su gratuidad, está llamada a fructificar. Nuestro fruto también como don que responde a su don, no como paga; porque un don, un regalo, nunca se puede pagar.

            Lo sabemos, pero es importante que lo actualicemos por si resulta que no tenemos lo que creemos tener. Y no como miedo o un por si acaso, porque estaríamos equivocando nuestra relación con Dios y la esencia de su manifestación a nosotros en Jesús. Simplemente, porque estamos invitados a adentrarnos en la experiencia del don más grande que los hombres podemos experimentar para responder con el don de nuestra vida y, por lo tanto, con todas sus consecuencias desprendidas de esa relación de amor. Y así todo es más clarito, “al que tiene, se le dará”, y ahí Dios no se deja ganar en generosidad.

 

 

ORACIÓN:               “El don de mí”

 

 

            Señor, gracias por el don total de ti mismo y, perdón porque al don de tu entrega total de amor por mí, yo, de mil maneras, escatimo el don de mí. Y lo siento, lo siento porque la mayor parte de las veces no es por mala voluntad, sino por superficialidad, porque no me paro a pensar las consecuencias de mis actitudes; sólo cuando ya no tienen remedio vienen los lamentos o la conciencia de mi inconsciencia. Por eso, al escucharte de nuevo, remueves en mí la realidad de mis motivaciones y revives mi  deseo de ti, y de estar a la altura del don que has volcado en mí. Por eso, dame lucidez, Señor, para asomarme a lo que de verdad hay en mí. Que descubra lo que me llena o mi vacío. Que no viva de ficciones, sino de tu realidad en mí y de mi realidad en ti. Que sepa responder, Señor, cada día de manera más coherente y feliz a tu don con el don de mí.

 

 

CONTEMPLACIÓN:               “Ser don”

 

 

Eres don total

que brota del amor total;

y quiero ser don,

respuesta fiel y confiada

a tu don de amor,

 aunque llevada y traída

por los vaivenes de la vida

que, como olas,

tratan de arrastrar

la frágil barca de mi ser.

Eres don de amor

y quiero aprender contigo

a hacerme don,

a ser don de amor.

 

 

 

 

 

 

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