Semana VI de Pascua – Viernes 2

VIERNES VI DE PASCUA

 

 

 

LECTURA:                 Juan 16, 20‑23ª”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.

La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada.»

 

 

MEDITACIÓN:                 “Nadie os quitará vuestra alegría”

 

 

            Después de escuchar esta afirmación y, sobre todo, después de haber conocido la experiencia de tu resurrección, teníamos que vivir todo ello con un talante diferente. Porque al hilo de tu palabra de ayer y de nuestra experiencia tenemos muchas veces el sentimiento contrario. Con demasiada facilidad hay muchas cosas, muchas situaciones, muchas actitudes nuestras y para con nosotros, que nos apagan la alegría. Y ahí parece que tenemos que dar como una especie de vuelta para situarnos en el punto correcto.

 

            Y para hacerlo posible tenemos que tener el valor de preguntarnos dónde está para nosotros la fuente de la alegría; incluso, antes, preguntarnos qué es lo que nos produce la verdadera alegría. No la que se apoya en un buen rato agradable, que los tenemos que tener y disfrutar, por supuesto, pero que sabemos que no bastan para darnos el toque vital de nuestra existencia.

 

            La alegría, la verdadera, la que crea una actitud dentro de nosotros duradera, sabemos que está más allá de unos momentos de bienestar y de disfrute. La alegría, como otras tantas actitudes vitales, vamos descubriendo que no se generan fuera sino dentro y que se apoyan en convicciones que dan sentido a todo nuestro ser; de manera que, aun en situaciones que pueden parecen dolorosas o negativas, si se miran externamente, nos permiten experimentar la satisfacción y el gozo de saber que hay algo y alguien que llena nuestra vida de sentido y nos permite crecer desde dentro, desde lo más auténtico que llevamos dentro.

 

            Y esa alegría, Señor, eres tú. Eres tú quien nos abres el cauce y el sentido de nuestra existencia. Eres tú quien ha abierto puertas y ventanas a nuestros espacios cerrados. Eres tú quien nos ofreces sendas nuevas de vida donde ya nuestros caminos se agostan y nuestros ojos no son capaces de ver. Tú nos has abierto el campo de la esperanza que prolonga nuestros anhelos y encauzan nuestros deseos más auténticos. En ti vislumbramos esa luz que no se apaga y ese deseo de amor y plenitud que nosotros no alcanzamos, y hasta parece que preferiríamos que no existiesen porque tranquilizaría nuestras actitudes cómodas.

 

            Por todo ello, gracias, Señor. Gracias por la vida que nos regalas. Gracias porque tu alegría, es cierto, nada ni nadie nos la puede quitar si nosotros no queremos que nos la quiten. Está en nuestras manos porque tú nos la has ofrecido, pero mantenerla, cultivarla, depende de nosotros. Ayúdanos a cuidarla y a ofrecerla como el mejor testimonio de nuestra fe.

 

 

ORACIÓN:                “Sentir tu presencia”

 

 

            Señor, te doy gracias porque en medio de tantas incertidumbres que a veces apagan nuestra alegría y oscurecen nuestra esperanza, tú te sigues manifestando vivo, ardiente, presente, empujando nuestro acontecer. A veces no es fácil, lo sabes, tú mismo lo experimentaste, pero si tu presencia no falla, y  no falla si yo no la impido, el camino se va haciendo, y no hay oscuridad que lo apague aunque pueda condicionar. Por eso, Señor, sigue ilusionando mi camino, permíteme sentir tu presencia, aunque la tenga que experimentar casi siempre diluida en mi realidad condicionada. Que en medio de todas las circunstancias alegres o dolorosas pueda seguir experimentando que tú estás, que tú me sostienes, que tú empujas. Que no se me apague nunca tu luz.        

 

 

 

CONTEMPLACIÓN:                  “Tu son de amor”

 

 

Se me ha grabado tu sonrisa

y en mi interior hay siempre

una luz nueva que ilumina

mis pasos más  inciertos.

Tú pones en mi interior notas

que tejen una melodía

de esperanza que se renueva,

y ya no sé caminar sin ella

porque tú solo la sostienes,

haciendo que vibren mis cuerdas

al toque de tu son de amor.

 

 

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