Semana VI de Pascua – Miércoles 2

MIÉRCOLES VI DE PASCUA

 

 

 

LECTURA:               Juan 16, 12‑15”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.

Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que toma de lo mío y os lo anunciará.»

 

 

 

MEDITACIÓN:                “Os guiará”

 

 

            Escucharte a ti, Señor, que has hablado abiertamente y con tanta claridad, tanta que ha supuesto tu acogida o tu rechazo, ha sido y es relativamente fácil, pero seguir escuchándote a través de tu Espíritu nos resulta más complicado y con más riesgos de no saber escuchar bien e incluso distorsionar tu voz, lo hemos vivido con mucha realidad en toda la etapa de la Iglesia.

 

            No cabe duda de que tu Espíritu no puede decir nada que esté fuera de lo que tú nos has dicho, pero ir explayando tu mensaje a la largo de las vicisitudes  y cambios de la historia a veces no nos resulta fácil, y nuestras respuestas son lentas, parciales y, tristemente, a veces, distorsionadas. Escucharte significa adoptar una postura continua de discípulo, de apertura, de acogida, de sinceridad y de verdad que a veces no está en línea con nuestros esquemas humanos cerrados y buscadores de seguridad. Nuestra realidad de pecado está ahí y la lucha entre el bien y el mal no se ha acabado, ni fuera ni dentro de nosotros.

 

            Pero tu promesa nos mantiene y sabemos que tenemos que estar siempre saliendo de nosotros, que nuestra respuesta brota de ti, no debe brotar de nosotros sino en la medida que está abierta a ti. Y tu palabra ahí no falla, cuando estamos en esa actitud experimentamos tu luz, y tu palabra sigue resonando en nuestros corazones y en tu iglesia. Sí, es cierto, muchas veces con más lentitud de lo que desearíamos, no por ti sino por nosotros. Nuestros pecados retardan nuestra acción.

 

            Pero tú sigues ahí, resonando en nuestro interior desde tus palabras, esas no las podemos manipular, las podemos obviar y hasta intentar forzar su sentido, pero tarde o temprano no nos pueden apartar de ti. Desde ellas la voz de tu Espíritu resuena con fuerza y claridad y nos va permitiendo avanzar. Toda la historia es muy lenta, hay quien sólo se fija en nosotros para echar en cara lo que sea, pero es todo nuestro mundo el que camino lento, el que repite violencias, injusticias, esclavitudes, si saber romper ese círculo vicioso que nos cierra en una especie de inhumanidad que parece  nos impide remontar el vuelo.

 

            Por todo ello nuestra mirada y los oídos de nuestro corazón quieren mantenerse atentos, despiertos, ilusionados y esperanzados porque, en ti y desde ti, sabemos que caminamos hacia la verdad, la verdad de Dios, del hombre, la verdad del amor. Mantennos abiertos, Señor, a tu Espíritu.    

 

           

ORACIÓN:                “Actitud receptiva”

 

 

            Sí, Señor, mantén abierto mi corazón a ti. Mantén orientada mi vida hacia ti. Abierto, siempre abierto, dispuesto a dejarme sorprender, a dejarme cautivar por tu palabra de vida, de esperanza, de bien. Dispuesto a soltar amarras, mis amarras, para aferrarme a ti. Mantén mi corazón en actitud receptiva, porque sólo de ti me brotan palabras de vida para la vida, de manera que al acogerte a ti vaya aprendiendo a acoger más y mejor a mis hermanos, a hacerme don como tú. Sé que a veces me suenan a ideal estas afirmaciones. Sé y sabes que muchas veces se quedan sólo en el ámbito de los deseos, pero que no se acaban, que se mantienen y forman parte de mi búsqueda y de mi empeño que van tenuemente fructificando, lo sé y lo siento. Gracias por mantenerme así, Señor.          

             

 

CONTEMPLACIÓN:                 “Vienes a mí”

 

 

Tal vez no se acogerte

pero sé que estás ahí,

que vienes a mí,

incansablemente,

a poner tu sello de amor,

a dejarme tu palabra de vida,

a acariciar mis heridas

y a empujar mis anhelos.

Vienes a mí para salvarme

de mí mismo y mis frenos,

de mis avatares y mis miedos.

Y tu murmullo me seduce

y me empuja en mi camino

hacia la vida, hacia ti.

 

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