Semana VI de Pascua – Jueves 2

JUEVES VI DE PASCUA

 

 

 

LECTURA:                Juan 16, 16‑20”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver.»

Comentaron entonces algunos discípulos: «¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”, y eso de “me voy con el Padre”?» Y se preguntaban: «¿Qué significa ese “poco”? No entendemos lo que dice.»

Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo: «¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: “Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”? Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.»

 

 

 

MEDITACIÓN:               “Dentro de un poco”

 

 

            Puede parecer un poco enigmático, pero ya Jesús les había dicho varias veces que debía padecer, morir y al tercer día resucitar, pero nunca parecían entender o querer entender ese lenguaje o ese mensaje. Seguramente nos pasaría a nosotros igual.  Y en esta ocasión parece querer marcar, más que repetir el mensaje, insistir en los sentimientos que lo que iba a suceder iba a provocar en ellos. Pero ese “poco” les desconcierta, como los desconcertó todo, y como nosotros nos podíamos preguntar hoy desde nosotros para descubrir ese poco en nuestra vida, donde llevamos más tiempo sin verle y ansiando ese encuentro. No cabe duda de que para ellos se limitaba esa ausencia y esa tristeza a los días de su muerte y resurrección, pero para nosotros se nos alarga.

 

            Pero, al final, el mensaje central es lo que sirve, la tristeza de una distancia, sea del tiempo que sea, va a ser seguida por una experiencia de alegría definitiva. Frente al triunfo de los que se alegran haberse librado de Jesús; frente a la alegría o satisfacción de quienes ven que el cristianismo se diluye, y la tristeza, el miedo o el desconcierto que podamos experimentar, ya ha llegado y llegará definitivamente la alegría de su vuelta, de su victoria, de sus señorío definitivo.

 

            Al final ese “poco” queda relativizado por la fuerza de la  noticia. La tristeza se convertirá en alegría, de nuevo no por acción nuestra sino por la acción de Dios en nuestra vida, en nuestra historia. La última noticia que nos venga de nosotros, la palabra definitiva que tenga que cerrar la llave de nuestra historia va a ser siempre la palabra de vida salida de la boca de Dios. El final de la humanidad será una palabra humanizadora, divinizadora, plenificadora. La historia camina hacia su sentido no hacia su aniquilación, aunque a veces parezca que ésa es la única salida que le dejamos.

 

Frente a nuestro posible pesimismo, Dios se nos levanta como la esperanza definitiva, como resurrección, como culminación en el bien, y ello nos tiene que llevar a colaborar desde ahora en esa tarea. La resurrección es preludio y certeza. Fuerza y tarea. Esperanza y realidad. Y todo eso dentro de un “poco” que se nos llama a vivir con toda la intensidad posible de nuestra entrega, de nuestra disponibilidad.

ORACIÓN:                 “Asumir tu talante”

 

 

            Señor, tal vez nuestra tarea pendiente sea la de la alegría. Nos la han echado en cara muchas veces. Unas con razón, otra sin ella. Pero sí tenemos que reconocer que al margen de esa imagen dolorista que hemos dado por haber cargado las tintas en el viernes santo, nos ha costado más vivir la alegría de la resurrección y sus consecuencias en nosotros. Es verdad que a ello pueda contribuir la propia realidad que nos rodea que no es nada halagüeña, todo influye. Pero en medio de todo ello tu realidad se levanta para adentrarnos en un talante, para acoger de lleno las consecuencias que se desprenden de ti, y que son las que tienen que marcar el ritmo y el sentido de nuestra vida, de mi vida como creyente. Y desde ahí me llamas a seguir tus huellas, a asumir tu talante, a ser acogedor de tu vida y ser portador de ella, y eso sólo puede generar alegría profunda en mi vida y en la historia en la que estoy inmerso. Que no la apague, Señor.         

             

 

 

CONTEMPLACIÓN:                “Mi Dios”

 

 

Estás distante y cercano,

te siento y te anhelo

en tu presencia ausente.

Eres mi realidad y mi sueño,

mi certeza y mi esperanza.

Eres quien me lleva de la mano

y, al mis tiempo, a quien busco.

Eres mi pregunta y mi respuesta,

quien me hiere y quien me sana.

Eres mi luz y me incertidumbre,

mi alegría y mi nostalgia,

eres sencillamente mi Dios y mi todo.

 

 

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