Semana IV de Pascua – Viernes 2

VIERNES IV DE PASCUA

 

 

 

LECTURA:                Juan 14, 1‑6”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mi. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»

Tomás le dice:«Señor, no sabemos adonde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»

Jesús le responde:«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mi.»

 

 

MEDITACIÓN:                “Donde estoy yo”

 

 

            No cabe duda de que todos las afirmaciones de Jesús no las leemos desde la sospecha o desde la duda, sino desde la fe y desde nuestra total convicción. Puede ser que las dudas o el lenguaje que aparezca en sus relaciones lo puedan manifestar, pero nosotros nos abrimos a ellas desde la plena identificación que puso en marcha la fe postpascual de los discípulos.

 

            Ciertamente que no nos faltan en nuestro entorno quienes nos manifiesten su incredulidad, su indiferencia o incluso su rechazo, no somos ingenuos, y así lo experimentó él mismo. Pero nuestra lectura parte de nuestra fe, frágil y condicionada, cierto, pero plenamente arraigada en él o buscando arraigar en él, no puede ser de otra manera.. Sólo así se nos hace fuerza y puede seguir adentrándose en nosotros creando una relación que nos va vinculando a él e identificándonos con él.

 

            La afirmación que nos deja en este texto sabernos que hace referencia a ese final que él nos ha venido a comunicar anunciando la consumación de nuestra vida. Es el horizonte abierto que queda abocado a él. Nuestra búsqueda a tientas, apoyados en su vida y en su palabra, nuestro deseo de comunión con él, hecho garantía de unión para siempre: viviremos con él y en él. Ël nos ha preparado ya sitio en su corazón, el núcleo de nuestra morada definitiva.

 

            Pero ese anuncio sabemos que se hace presente, que comienza aquí. Es muy importante y no lo podemos olvidar porque no se puede llegar a la meta más que por un camino. Aunque sus formas de expresión puedan ser muchas, nuestra meta en él sólo es accesible con él y por él. Tiene la fuerza de la lógica. Estaremos con él si estamos con él.

 

Me parece muy bonito y estimulante ese deseo de Jesús como programa de vida, que donde él esté estemos nosotros, que donde estemos nosotros esté él, inseparables. Al decir esto, siempre salta la realidad de nuestras limitaciones, pero con ellas y desde ellas, intentando trabajarlas en la medida de nuestra realidad, es como estamos llamados a mantenernos en él. No se trata de un sueño imposible sino el camino de una opción, que se va manifestando con más o menos fuerza en nuestro itinerario pascual, y que está llamado a crecer y a ahondar en el paso de nuestros días con el crisol, a veces duro, de nuestra andadura concreta con sus luces y sombras. Pero el camino y la meta están claros y definidos en él. En ello se apoya nuestra seguridad y nuestra fuerza.            

 

 

ORACIÓN:                 “Implicar nuestra vida”          

 

 

            Señor, no nos dejas en la estacada de las afirmaciones bonitas. No son promesas fáciles aunque nos desborden. Son llamadas a implicar nuestra vida. No se trata de regalos de buna voluntad, de esas promesas a las que estamos acostumbrados a cambio de nada, pero que vamos tras ellas como desesperados aunque sabemos perfectamente que encubren engaños e intereses. No nos haces promesas gratuitas sino que das respuesta a  nuestra búsqueda de sentido y a nuestras luchas. Y al final un encuentro con lo que uno ha fraguado en su día a día; porque, o todo tiene sentido, o no sólo los cristianos somos los más desgraciados, como decía Pablo, sino que todos los hombres somos los seres más desgraciados porque tenemos la mala suerte, frente a cualquier animal que no se plantea el sentido de su vida, de plantearnos y experimentar que somos algo con sentido o un absurdo, una pasión inútil, y que cuanto antes se acabe, quemando todas las naves mejor, o ni eso. Por eso, Señor, por tu palabra, por tu horizonte abierto, por el sentido que me regalas para compartir contigo, gracias.            

 

 

CONTEMPLACIÓN:                   “Calor de hogar”

 

 

Te me has hecho casa,

espacio en el que estar,

pero ¡dentro de mí!

Pones calor de hogar

en mi corazón tibio,

y sabor a pan caliente

recién horneado

en el fuego de tu amor.

Y así preparas mi vida

para habitarla ahora

y darle consistencia,

calor de hogar eterno.

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