Semana IV de Pascua – Lunes 2

LUNES IV DE PASCUA

 

 

 

LECTURA:               Juan 10, 1‑10”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

 

 

MEDITACIÓN:                 “La tengan abundante”

 

 

            Esta es la diferencia, la gran diferencia que nos separa de Dios, y la tenemos que estar repitiendo. No hace falta más que nos asomemos a nuestra alrededor, al día a día que nos envuelve. Y ya no digamos nada si nos asomamos a los medios. No, no se trata de que pintemos todo de negro, pero gran parte de las noticias, o el modo de estar tratadas otras, nos tiñen el panorama de oscuro. Es como una especie de gran contradicción, buscamos aparentemente vivir sin que nada se nos oponga, a veces con una dosis de triste o alegre superficialidad y, por otra parte, quitamos vida, reducimos vida, ahogamos vida, eliminamos vida.

 

            Por eso no podemos parar de repetir que los que creemos en Jesús, quienes creemos en Dios, hemos elegido y hemos optado por la vida, por la vida abundante. No la que se reduce a la mera materialidad, que fácilmente la apagamos, por muchos cohetes y fiestas que le echemos, y hay que echarlos también, sólo faltaría, pero podemos decir que desde Jesús todo se convierte en vida, en recrear vida, desde su inicio hasta su final.

 

            Y sabemos que eso no sólo hace referencia a su mera materialidad, que ya de por si es lo básico, y donde ya muchos tropiezan y la niegan, sino a su calidad. Vivimos cuando damos sentido a la vida, cuando trabajamos la vida, cuando intentamos poner lo mejor de nuestras capacidades, cuando potenciamos los valores, cuando respondemos y defendemos su dignidad, cuando somos capaces de ir más allá de la mera materialidad de todo, cuando cuidamos su realidad más profunda, la que nos identifica como humanos, la que deja espacio y desarrolla su dimensión más profunda, su espiritualidad, su trascendencia, que nos abre a horizontes desbordantes que nos permiten poner en juego en nuestro caminar nuestra ilusión, nuestro esfuerzo, nuestra esperanza, lo mejor de lo que cada uno llevamos inserto en nuestro interior por mucho que tratemos de ahogarlo. Todo eso y más abarca y alcanza la vida, toda un potencia desbordante que todavía preferimos frenar, ahogar e, incluso, incomprensiblemente negar.

 

            Y en esa convicción tenemos que movernos  para poder ofrecer algo que no es nuestro, que se  nos ha dado, que es regalo del Dios que nos ha creado y sabe de la realidad profunda de la que somos portadores. Pero necesitamos vivirla en toda su fuerza. Es necesario que vean en nosotros que todo eso nos hace mejores personas, más felices, más comprometidos en nuestra realidad diaria y con todas las causas buenas y justas del mundo en el que nos ha tocado vivir.

 

            La garantía de todo ello la apoyamos en Cristo resucitado en quien creemos y a quien tenemos que anunciar porque de él arranca todo. La fe nos dice que él es nuestra vida en plenitud.        

 

 

ORACIÓN:               “Invitas a vivir”

 

 

            Es como una bocanada de aire fresco poder escucharte, Señor. Ciertamente tu palabra es como una puerta que se nos abre. Qué bien lo señaló el papa emérito Benedicto XVI, cuando al instituir el año de la fe la identificó como puerta. Una puerta que se abre y permanece abierta para entrar o salir, porque a nadie se deja encerrado, ni dentro ni fuera. Eres puerta, ventana, aire fresco que se cuela por todas partes para generar simplemente vida, vida abundante- Y escuchar eso en un clima donde la muerte está a la orden del día, donde no se valora y se manipula la vida, donde la vida no vale nada porque se deja en su dimensión meramente material, incapaces de querer ver más allá por un sinfín de intereses, sigue resonando como una voz profética, una aventura, un proyecto, una opción hasta arriesgada. Y te doy gracias por ello, te doy gracias porque simplemente, casi nada, me invitas a vivir, a vivir en plenitud mi realidad humana. Gracias, Señor y ayúdame a saber hacerlo.          

 

 

CONTEMPLACIÓN:                 “Mi vida”

 

 

Eres puerta y ventana,

aire fresco y brisa suave,

que se cuela por mis rendijas.

Eres amanecer y horizonte,

pájaro y canto que alegra el cielo.

Eres luz y flor que se abre,

 sonrisa abierta de mariposa,

Eres mano tendida y voz cálida,

sueño que despierta esperanzas.

Eres potencia y fuerza,

fuego que incendia y calienta,

valor de amor fiel y firme.

Eres misterio desbordante,

Eres la vida, mi vida.

 

 

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