Domingo IV de Pascua – Ciclo C

DOMINGO 4º DE PASCUA

 

 

 

LECTURA:               Juan 10, 27‑30”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. 

Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.» 

 

 

MEDITACIÓN:                  “Escuchan mi voz”

 

 

            Tal vez le cueste a alguno entender ese lenguaje popular de Jesús que no cabe duda que entendían perfectamente sus oyentes. Tanto es así que alguno puede pensar que es un lenguaje negativo que nos pone en dependencia, que nos cosifica o animaliza o, al menos, nos reduce, no mucho más de lo que lo hacemos nosotros con nosotros mismos, por cierto. Pero no, no es así, y máxime cuando la oveja es de por sí un animal parecido a nosotros, no por gregario, que nos suele identificar bien, tristemente, sino sobre todo por desconfiado.

 

La oveja tiene un sexto sentido para percibir al pastor del que no lo es, del que huye inmediatamente. Un buen pastor siempre buscará su bien y hasta pondrá su vida en juego si hace falta para defenderle, su empeño será darle lo mejor. De todo ello, aunque no lo entendamos del todo bien, lo intuimos,  y Jesús habló con claridad de ello a quienes no podía engañar con su lenguaje y sus imágenes; siempre, por cierto, imágenes, no hay que olvidarlo para no confundir ni identificar las cosas. El hombre nunca será una oveja para Dios aunque a veces, demasiadas, nos comportemos como borregos, en el sentido más peyorativo de la palabra.

 

            Desde ahí podemos dar el salto a la afirmación de Jesús sin miedo ni reticencias. Si las ovejas escuchan y siguen al pastor que se desvive por ellas, sin superprotección ni dependencia, ya que cada una tendrá que ser capaz de aprovechar o no los buenos espacios que se le brindan, así tenemos que descubrir nuestra relación y nuestra respuesta liberadora.

 

            El proyecto que nace del corazón de Dios es llevarnos a alcanzar la plenitud de nuestro ser, de nuestra existencia. Su mensaje está atravesado por la fuerza de la vida que alcanza su sentido como deseo profundo inscrito en nuestro corazón, pero que se nos brinda como libertad. Dios no impone, a pesar de todo lo que está en juego. Nos quiere constructores de nuestra historia, porque el amor sólo se puede ofrecer y, aunque parezca mentira, podemos privilegiar la nada, el comamos y bebemos de hoy ante la desconfianza de un mañana del que podemos preferir no fiarnos, aunque venga avalado por la entrega, por los gestos y palabras de Dios expresadas y encarnadas en Cristo.

 

            Y frente al deseo y las dificultades que podamos experimentar nos llega esta palabra como garantía porque, a pesar de nuestros escarceos, a pesar de nuestra incapacidad para vislumbrar ingenuamente los riesgos o peligros, frente a tantos lobos dispuestos a saltar y a degollar, siempre desde la razón y la libertad, por supuesto, también desde la irracionalidad y el miedo, lo vemos; y es importante que llamemos a las cosas por su nombre para no caer en la ingenuidad y para que constatemos que es mucho lo que está en juego, no se va a perder ninguno de los que se acogen al Padre. No se van a perder, entendámoslo bien porque puede haber, como las hay, crucifixiones, porque se nos han abierto ya las puertas de la vida a la que caminamos intentando construirla cada día, con nuestras torpezas, cierto, pero en clave decidida y firme de conversión, de búsqueda de él.

 

            A ello nos adentra la certeza de la resurrección de Cristo, la fuerza de su Espíritu vivificador, y esa fe que tratamos de alimentar cada día en él con su palabra, que nos guía y marca el camino, y su eucaristía.

 

 

ORACIÓN:              “Crecer y vivir”

 

 

            Señor, me gusta tu lenguaje y me parece iluminador. Hoy además manifestamos una preocupación especial por comparar lo que nos identifica con los animales, aunque muchas veces es sólo para justificar nuestra parte más baja, y sin capacidad para agradecer lo que nos diferencia y nos permite dar un salto cualitativo con respecto a ellos. Pero más allá de eso te agradezco ése descubrirme ante alguien que vela por mí, que no es enemigo del que me tengo que defender, sino alguien que se empeña por abrirme a lo mejor de lo que me permite crecer y vivir. Gracias por ser así, gracias por tu empeño de que viva, gracias por permitirme vislumbrar los mejores horizontes, gracias porque piensas en mí. Eso esponja, fortalece y empuja mi camino.                

 

 

CONTEMPLACIÓN:                  “En mi fondo”

 

 

No soy pastor ni oveja,

pero me llega tu voz,

tu voz amiga que empuja

mis pasos indecisos

y busca afianzarlos

en esos deseos profundos

de felicidad querida,

y que apenas arañamos

 en nuestros secos rastrojos.

Mientras me ofreces vida,

perfilas mi esperanza

y acompañas y guías

mis anhelos encubiertos

que, en mi fondo, te ansían.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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