Martes de la Semana 5 de Cuaresma – 3

CUARESMA

 

Martes 5º

 

 

LECTURA:             “Juan 8, 21‑30”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros.»

Y los judíos comentaban: «¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?»

Y él continuaba: «Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados: pues, si no creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados.»

Ellos le decían: «¿Quién eres tú?»

Jesús les contestó: «Ante todo, eso mismo que os estoy diciendo. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él.»

Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: «Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada.»

Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

 

 

 

MEDITACIÓN:               “No podéis venir vosotros”

 

 

            Jesús marca la distancia con nosotros, pero en esa misma distancia descubrimos la fuerza de su acción salvadora. Estamos inmersos en una historia cuyo final se hace inaccesible para nosotros, y al que sólo nos es posible acceder por él y desde él. Sencillamente porque estamos en esferas diferentes que no pueden conectarse si no es por pura gracia, para nuestra naturaleza es imposible. Él es de arriba y nosotros somos de abajo. Nosotros somos de este mundo y él no es de este mundo. Y con ese lenguaje Jesús  nos marca la distancia que nos separa. En ese sentido nos da la razón, por nosotros mismos no tenemos acceso a Dios. El que tengamos lo tenemos por gracia, a la que podemos abrirnos si somos capaces de dejar abierto ese espacio de relación.

 

            Pero ahí nos encontramos con el otro choque, el que marcamos nosotros mismos. Su vinculación con el Padre a parte de por naturaleza lo es por convicción. Jesús vive desde el Padre, abierto a su palabra. Su vida es expresión de esa relación que los une e identifica, lo que hace y dice uno lo hace y dice el otro. Hay una unión de deseo, de convicción, de identificación.

 

            Y junto a esa afirmación que marca las distancias, casi irreconciliables, late en esta palabra una llamada y una certeza. Podemos tener acceso al espacio de Dios, no por nosotros mismos, cosa imposible, sino por su voluntad. Hemos salido de las manos de Dios, venimos de él, somos hechura divina, hemos sido hechos hijos en el Hijo, confirmado en nuestro bautismo y, podemos, podemos aprender del Hijo y del Padre, podemos hacer y decir lo que vemos y oímos en él. Podemos reconocerlo y reconocernos en él. Todo ello late en la base de nuestra dignidad humana, éste es el secreto desvelado de nuestra humanidad creada, reconciliada y salvada por Cristo, a la que sólo tenemos acceso por él.

 

            Este es el misterio gozoso al que nos abre la fe. Éste es el don que se nos invita a ahondar en este tiempo que ya avanza hacia el final, en el que lo veremos levantado en la cruz, exaltado en su resurrección, manifestando plenamente quién es, de dónde es, de dónde ha venido, a dónde va, y dónde nos lleva con él. Nos puede desbordar, nos desborda, pero nadie nos ha dado más y ha hablado tan alto, tan claro, de lo que late en nuestra realidad humana finita y, al mismo tiempo, eterna. La grandeza de ser humanos e hijos de Dios.         

 

 

ORACIÓN:                 “La belleza de tanta luz”

 

 

            Señor, gracias porque me has abierto la puerta de mi verdad, de esa verdad que late en cada corazón humano. Gracias, porque frente a nuestra finitud, la realidad de nuestros condicionamientos de tantas formas, de nuestra fragilidad, nos has mostrado el tesoro de nuestra realidad profunda, que nos permite ser portadores de esperanza y aún inconscientemente, y aunque lo neguemos, porque nos desborda, es lo que nos permite seguir esperando. A veces no es fácil, nos satisface, parece, el quedarnos machacados en nuestra finitud y nuestras tendencias meramente materiales. Pero vislumbramos e intuimos más. Nos asustan sus consecuencias que nos hablan de que no bastan nuestros caprichos, que nos desestabilizan y nos vacían fácil, y hasta nos degradan. Nos asusta nuestra grandeza, pero gracias por apostar por nosotros, gracias por dignificarnos, gracias por despertarnos a lo más grande de nuestros deseos, gracias por hacernos y querernos humanos, por hacernos y elevarnos a divinos  para servirnos como tú. Gracias por la belleza de tanta luz          

 

 

CONTEMPLACIÓN:                   “Vienes de arriba”

 

 

Vienes de arriba

pero has pisado el barro

de mi historia dolorida.

No eres de este mundo

pero te has hecho de él

para enseñarme a caminar,

para abrirme horizontes,

para descubrirme

quién eres y quién soy.

Vienes de arriba

y te has hecho de abajo,

para darme la mano

y subir contigo,

a mi origen y a mi meta.

 

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