Lunes de la Semana 5 de Cuaresma – 3

CUARESMA

 

Lunes 5º

 

 

LECTURA:                “Juan 8, 12‑20”

 

 

En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar a los fariseos:«Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida». Le dijeron los fariseos: «Tú das testimonio de ti mismo, tu testimonio no es válido». Jesús les contestó:

«Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es válido, porque sé de dónde he venido y adónde voy; en cambio, vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y, si juzgo yo, mi juicio es legítimo, porque no estoy yo solo, sino que estoy con el que me ha enviado, el Padre; y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos es válido. Yo doy testimonio de mí mismo, y además da testimonio de mí el que me envió, el Padre».

Ellos le preguntaban: «¿Dónde está tu Padre?» Jesús contestó: «Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre».

Jesús tuvo esta conversación junto al arca de las ofrendas, cuando enseñaba en el templo. Y nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

 

 

 

MEDITACIÓN:                 “La luz de la vida”

 

 

             Estamos ante imágenes que quieren expresar lo mejor. Lo mejor del ámbito en el que  nos movemos y de lo que queremos o deseamos que fuese la realidad. Pero esas palabras ya no sabemos muchas veces si lo expresan, si son entendibles, o si reflejan algo de lo quisiéramos que fuese la realidad. Nos gusta la luz, no hay duda, pero para ciertas cosas seguimos prefiriendo la oscuridad, esos ámbitos que nos permitan manipular las cosas, nuestros propios corazones y las personas, sin ser vistos, sin que casi los veamos nosotros mismos, o eso quisiéramos.

 

            Frente a tanta confusión en nuestras actuaciones, y en lo que realmente deseamos de esta vida en la que estamos inmersos. En medio de tanta confusión y contradicciones que cada vez ponemos más de manifiesto; en esta realidad de sombras y de incertidumbres que nos rodean, sencillamente porque queremos, tu afirmación, Señor, se vuelve desconcertante y esperanzadora.

 

            Porque, sí, hay luz, hay vida, y la vida para que sea tal tiene que estar atravesada de todo aquello que podemos llamar luz, claridad, transparencia, todo aquello que se puede mirar con los ojos abiertos, y descubrirlo como algo bello y bueno. Si la vida no es luz, si la vida no sirve para iluminar lo mejor del corazón humano es que algo falla en  nuestra historia.

 

            Y para que no nos perdamos en teorías, tu afirmación me llega como un respiro, como una imagen clara. La luz no es teoría ni nada abstracto, ni siquiera una claridad desbordante que nos pueda hacer sentirnos en una especie de visión astral. Tú eres la luz. La luz tiene rostro y nombre, tiene corazón. La luz es tu amor volcado y manifestado, convertido en mano tendida, en palabra amiga, en pasos compartidos, en gestos de vida.

            La luz es una sonrisa que lo pinta todo de esperanza, que abre puertas y dibuja horizontes eternos. La luz es la misma vida de Dios volcada en cada uno de nuestros corazones que pugna  por hacerse humano. Sí, la luz es vida y la vida es luz porque brota de un Dios sin tiniebla alguna. Luz que si ilumina nuestras sombras, las que nos empeñamos en seguir poniendo, no es para condenarnos sino para salvarnos, para convertirnos, para aprender constante y valientemente, a dar y a descubrir vida.            

 

 

 

ORACIÓN:                “Potencial de fuerza”

 

            Cómo no cuesta, Señor, entender la hondura que hay tras la palabra vida. La hemos convertido casi en un vegetar, es una especie de supervivencia reducida al placer de sentirnos bien y que no nos falte nada material. Y, claro que eso ayuda, pero eso  no es sólo la vida. No es cantidad, es calidad, es hondura, es capacidad, es don, es lucha, es esperanza, es luz. Todo un potencial de fuerza al que me invitas, que me desborda y me construye, desde ti y desde mí. Gracias por sentirlo aunque mi paso sea lento.       

 

           

 

CONTEMPLAR:                   “Eres luz”

 

 

Eres luz

capaz de pintar de colores

los grises de mi vida

y de poner sol donde

sólo hay sombras.

Eres luz

que ilumina mis caminos,

inciertos todavía,

pero que conducen seguros,

al bello puerto de tu amor,

desde ésta mi orilla frágil

hasta la tuya,

iluminada y definitiva.

 

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