Miercoles de la Semana 2 de Cuaresma – 3

CUARESMA

 

Miércoles 2º

 

 

 

LECTURA:                “Mateo 20, 17‑28”

 

 

En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.»

Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?» Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda’. Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?» Contestaron: «Lo somos.» Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»

Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»

 

 

 

MEDITACIÓN:                “¿Qué deseas?”

 

 

            Con todo lo que venimos diciendo, llegados a este texto tan significativo y cargado de contenido, que nos da para muchas preguntas y para muchas respuestas, me quedo con ésta que pone o puede poner de manifiesto, si somos sinceros, lo que se “cuece” en nuestro corazón.

 

            Es cierto que un montón de veces le respondemos al Señor, al menos indirectamente, a través de nuestras peticiones que multiplicamos por todos los espacios de nuestra oración, qué nos preocupa, qué es lo que deseamos. Pero en esta pregunta directa de Jesús late algo más profundo. Va más allá de las cosas que podamos necesitar, y va directa a nuestro ser más hondo, a nuestros deseos o necesidades más vitales, tanto que tal vez no nos la hemos planteado con esta claridad en alguna ocasión.

 

¿Qué deseo, qué es lo que subyace en lo más hondo de mi existencia, que anhelo para mi vida, para dar forma y sentido a mi existencia? Porque aunque suene a ambición o a privilegio, una especie de tráfico de influencia espirituales, en esa petición de los hijos de Zebedeo a través de su madre, hay una búsqueda de sentido último por el que están dispuestos a poner en juego toda la vida. Tendrán que purificarlo y encauzarlo a la luz del mensaje y del proyecto de vida de Jesús, como también nosotros tenemos que purificar muchas de nuestras actitudes más o menos interesadas, nuestro hacer o dejar de hacer algo que es bueno, pero que pasa por nosotros antes que por ti.

 

            Es una pregunta que nos puede dar miedo, y por eso no tendemos a hacérnosla con facilidad. Es una pregunta que conlleva una respuesta que puede sacar a la luz la realidad de nuestra superficialidad y lo lejos que estamos de lo que decimos y de quien decimos creer; o las consecuencias exigentes, aunque sean para bien, de nuestra respuesta a la vida en medio de un ambiente del que, al mismo tiempo que rechazamos actitudes, por otra parte nos gustaría gozar de esa permisividad, al menos en parte, con las que muchos viven sin ningún tipo de planteamientos.

 

            Somos conscientes de que vivir desde la fe conlleva una opción. A esa pregunta despreciativa que muchos nos pueden hacer de para qué sirve la fe, porque la piensan inútil o restrictiva, sabemos que conlleva una respuesta de totalidad. La fe afecta, moldea, trastoca toda la vida. La asume e integra en su totalidad, la nuestra y la de todos. Es una percepción nueva del hombre, de la persona, del mundo, de las relaciones. Por eso, la pregunta de Jesús va más allá de una petición sobre algo concreto, y su respuesta final lo aclara: “No será así entre vosotros”. Una pregunta y una respuesta crucial siempre, pero especialmente en el hoy que nos ha tocado vivir, y del que somos protagonistas y actores. Y ya vemos que no está dirigida a alejados sino a los que podamos estar también o sentirnos, al menos, muy cerquita de Jesús. ,A aquellos discípulos les costó más que entenderlo, asumirlo, pero lo supieron hacer porque llegaron a saber bien lo que deseaban. Por eso, esa pregunta en este tiempo, es de nuevo una oportunidad y una gracia que no debemos dejar pasar.

        

 

 

ORACIÓN:               “Lo que tú deseas”

 

 

            Sí, tú sabes, Señor, que esta pregunta ha sobrevolado muchas veces mi mente ante muchas circunstancias concretas antes las que no sabía cómo responder. Pero en este caso es una pregunta que conlleva respuesta de la propia persona que la pregunta. Ése es el problema, que muchas veces te preguntamos con deseo de que nos respondas con nuestros deseos, y ése no es juego limpio. No habla de una escucha y una disponibilidad, sino de un interés, no de un salir, sino de un entrar en uno mismo y nuestros intereses. Y así, así me descubro muchas veces, puesto en evidencia por mí mismo. Te damos poca opción a respondernos desde ti, deseamos que nos respondas desde nosotros, y por eso muchas veces no nos enteramos de tu mensaje, de tu palabra; no hay circuito de conexión y pasamos por ella como si no pasase nada. Me gustaría decirte ¿para quedar bien?, que deseo lo que tú deseas, porque sé que es con mucho lo mejor. No, no quiero anular mi autonomía, ante muchos que este lenguaje les asusta, simplemente sé que en ti late lo mejor de mí, que mi proyecto está en tu proyecto de amor en toda su pureza, y deseo seguir aprendiendo a abrirme a él. Ayúdame, estoy dispuesto.        

 

 

 

CONTEMPLACIÓN:                 “Cuanto más…”

 

 

Cuanto más deseo

menos alcanzo.

Cuanto más me lleno

menos tengo.

Cuanto más me vacío

más te poseo.

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