Miércoles de la Semana 1 de Cuaresma – 2

CUARESMA

Miércoles 1º

 

 

 

LECTURA:              “Lucas 11, 29‑32”

 

 

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.

Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»

 

 

 

MEDITACIÓN:                “Pide un signo”

 

 

            Es cierto, siempre hemos ido pidiendo signos. Nuestra fe se ha apoyado más en creencias, y las creencias al final se vacían de contenido por bonitas que sean, si pierden su apoyo real. Aunque lo sabemos, nos ha costado apoyarnos, centrarnos en Cristo, en su palabra y en su vida, en su muerte y en su resurrección. Ése y no otro, como él mismo lo ha expresado claramente, es el signo que tenemos. Signo claro y evidente de un Dios que nos ha salido al camino de  nuestra vida para ofrecernos su salvación, que se ha acercado a nosotros, que nos manifestado en él, no sólo el mensaje sino la realidad concreta del amor de Dios, y de un amor expresado y manifestado también con una concreción de donación que, no cabe duda, nos desborda y nos descoloca; y, por supuesto, nos compromete, porque nos invita a aprender de él, a actuar como él, y eso ya nos incomoda.

 

            Tal vez por todo ello sigamos pidiendo signos milagrosos para justificar no sé el qué. Y mientras buscamos signos nos perdemos el único y definitivo, porque no hay otro ni lo va a haber, que Jesús mismo. Y desde ahí la consecuencia molesta, porque desde él estamos llamados a ser hoy signos ante el mundo del único y definitivo signo que es él, del Dios amor.

 

            Y no son elucubraciones extrañas, porque lo palpamos casi diariamente en la realidad actual que nos toca vivir. Y lo palpamos más cuando sentimos con dolor el antisigno que podemos llegar a ser o que somos cuando nuestra incoherencia es tan brutal que escandaliza. De alguna manera, aunque sea de forma interesada o de rechazo, los demás, los que dicen no creer, o los creyentes más frágiles, nos están pidiendo ser signos coherentes. Nos pueden doler los rechazos, y es bueno que así sea. Pero, sobre todo, nos deben recordar y estimular para vivir lo que somos, para vivir atenta e ilusionadamente nuestra opción de fe. Sí, sólo Cristo es el signo auténtico del amor salvador de Dios, pero todos los bautizados estamos llamados a ser hoy, aunque sea en boceto, un intento y un deseo sincero y esforzado para hacerlo presente, para ser sus manos, sus pies, su ojos, su presencia buena y sanadora.

 

            Sí, tal vez no sea malo que la gente nos pida signos, siempre que no olvidemos que no se trata, en nuestro caso, de milagros especiales, sino de presentarles la fuerza y la belleza del signo de Jonás, la persona de Cristo muerto y resucitado, que ha salido de mil maneras, pero de manera muy concreta para cada uno,  al camino de nuestra historia, nos ha seducido, y ha dado sentido a nuestra vida hasta hacerla apoyar en él, nuestra raíz y nuestra meta. Y esto no es una carga, es un honor y un gozo profundo que da sentido  pleno a nuestra vida. Sigamos aprovechando este tiempo de gracia para ahondar en él, para gozar de ser más signos de él y con él. Es trabajo de nuestra tarea continua  de conversión.          

 

 

 

ORACIÓN:                   “Signo contigo”

 

 

            También yo a veces siento la tentación de pedir que las cosas sean más claras y que tu presencia se me hiciese más palpable. En el fondo preferiría, como muchos, que tu actuar entre nosotros fuese a golpe de signos extraordinarios, como para convencernos por decreto, y no nos damos cuenta que así manipularías nuestra libertad, la estarías forzando, serías un Dios posesivo por convicción forzosa. Pero en medio de esa tentación que va buscando evitar la realidad de la vida, su construcción desde nuestra puesta en juego plena, esforzada, ilusionada, puedo decirte, y lo sabes, que me basta tu realidad, que me basta tu persona, tu palabra, tu caminar conmigo acompañando mis pasos frágiles, y empujando mis momentos más oscuros y dolorosos, desde el ámbito de mi fe firme y desnuda, sin más apoyos que tú y la fe de la Iglesia. Me basta mirarte a ti para aprender que es así, que debe ser así, que es así como me enseñas a tomar mi cruz de cada día y llevarla, sí, llevarla, dolorosamente, pero esperanzadoramente, contigo. Y sé que así, con el único signo que eres tú, me permites hacerme signo contigo, signo de esperanza y de bien. Es lo que necesito para caminar.                        

 

 

CONTEMPLACIÓN:                “Eres mi signo”

 

 

Eres mi signo,

mi signo del amor,

de la fuerza de la vida,

de la belleza del bien.

Eres mi signo

cuando no hay signos

y mi luz en la oscuridad.

Eres el agua fresca

que riega mi jardín reseco

y reverdece mis tallos muertos.

Eres mi signo

sin necesidad de signos,

presencia de tu ausencia,

voz de tu silencio,

vida de mi muerte.

 

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