Lunes de la Semana 2 de Cuaresma – 3

LUNES 2º DE CUARESMA

 

 

 

LECTURA:                 “Lucas 6, 36‑38”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»

 

 

 

MEDITACIÓN:                 “Como vuestro Padre”

 

 

            No paramos de repetirlo, pero es que no podemos dejar de hacerlo ya que en ello nos va mucho, o mejor, nos va todo. Para nosotros es muy importante, como para todos, el referente que tengamos delante, porque según sea el referente, así va a ser nuestra respuesta a la vida. Si el referente es negativo o está desvirtuado, lo que se siga de él lo estará de la misma forma, si no lo hay todo dará lo mismo y cada uno caminará a su aire o arrastrado por los impulsos, y si el referente es positivo y concreto, también lo será la respuesta.

 

            La fe no es una especie de añadido en nuestra vida, o no debe serlo, como un haber más que afecta a un aspecto de nuestra vida. La fe abarca a toda nuestra vida, hasta hacernos o modelarnos desde ella, toca todo nuestro ser y, por lo tanto, le da una forma de existir, de pensar y de actuar. No es algo más, es el todo que nos va definiendo en lo que somos. Y así. Nuestra referencia a Dios no sólo nos hace personas religiosas que realizan unos ritos concretos, lo expresan y lo celebran, sino que nos modela en todo lo que somos y hacemos desde él. Está llamada a hacernos personas nuevas, en palabras de Jesús, es como un nacer de nuevo.

 

            Y así Jesús, cuando nos ofrece una serie de actitudes que asumir, no nos las presenta como meros valores humanos que integrar en nuestra vida, para ser vividos desde nuestra perspectiva a la que siempre ponemos límites más o menos amplios, sino para asumirlos desde Dios, más aún, cómo Dios, mejor aún, como nuestro Padre Dios. “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”.

 

            Y es que las mismas cosas adquieren desde Dios, el Dios que se nos ha manifestado en Jesús,  una riqueza y una perspectiva inagotable, incansable, ilimitable. Es desde ella desde donde podemos descubrir la actitud inagotable y gratuita de todo gesto de bien. Y eso, supone una confianza plena en él para creer que es así, porque desde nosotros tenemos o sentimos cientos de motivos para poner fin a muchas actitudes ante gestos que se manifiestan como respuestas negativas a nuestra posible buena voluntad.

 

            Nos lo decía Jesús estos días recordando cómo este Dios  Padre sigue haciendo salir el sol sobre buenos y malos, justos e injustos, cosa que si pudiésemos hacer nosotros muchas veces no lo haríamos.

 

            La fe  nos lleva a salir de nosotros, a poner nuestra mirada y nuestra confianza plena en este Dios que se nos ha manifestado en Jesús, a ordenar nuestra vida desde él y con él, apoyados en la fuerza de su Espíritu. Éste es parte de su milagro, que en medio de nuestro desconcierto y dificultad él ha querido volcar para descubrirnos posibilitadores de ese nuestro ser y actuar “como”, como él. Esto es fundamental, no es un adorno en la vida. Lo sabemos porque lo estamos palpando cada día. En medio de tantos o ningún referente, que hace viable el que todo valga o nada valga, el nuestro sólo, sólo, puede o debe estar apoyado, con toda la fuerza de su alcance y totalidad, en él.

                     

 

  

ORACIÓN:               “Salir de mí”

 

 

            Señor, gracias por esos matices de tu palabra que cambian de sentido lo que manejamos diariamente y, además, como gesto de bien. Las cosas se pueden hacer bien de mil maneras, y tú nos invitas a hacerlas como el Padre. O como tú, que las has hecho viéndolas hacer al Padre. Nuestra compasión, nuestra misericordia está y estará siempre condicionada por nuestra realidad, buena o mala, incluso hasta mediatizada por las circunstancias concretas, externas e internas, por las que atravesamos. La tuya se mantiene firme, fiel, plena, sin condiciones, sin juicios de valor; no ves motivos, justificaciones o intenciones, sólo ves el rostro de tus hijos necesitados, y eso te basta para ser incansable en tu ser volcado hacia nosotros, hacia mí. Me has permitido experimentar  en mí esa gratuidad que ha acariciado mi realidad frágil y pecadora para seguir atrayéndome hacia ti y ayudarme a salir de mí. Por eso, aunque me cuesta aprender, gracias por ser y actuar como lo haces. Gracias por tu compasión y misericordia constante y gratuita que se me convierte en escuela de amor.          

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CONTEMPLACIÓN:                “Tu desmesura”

 

 

Tú no tienes medida,

te has desbordado

haciéndome parte tuya;

has colmado la tasa

de tu amor infinito

para hacer posible el mío.

Y dejo que esos sorbos

de tu desmesura

amasen el pan de mi vida

hasta poder derramar

migajas de tu compasión.

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