Semana 2 Miercoles

TIEMPO ORDINARIO

 

Miércoles 2º

 

 

 

LECTURA:              Marcos 3, 1-6”

 

 

     En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga y había allí un hombre con

parálisis  en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo.

     Jesús le dijo al que tenía la parálisis: Levántate y ponte ahí en medio. Y a ellos les

preguntó: ¿Qué está permitido en sábado? , ¿hacer lo bueno o lo malo? , ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir? Se quedaron callados.

     Echando en torno una mirada de ira y dolido de su obstinación, le dijo al hombre:

Extiende el brazo. Lo extendió y quedó restablecido.

     En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

 

 

 

MEDITACIÓN:               “Dolido de su obstinación”

 

 

            Tal vez me voy a fijar en lo menos edificante. Aunque ya sabemos que no es así. Llegamos a idealizar a las personas, y de un modo especial a Jesús, y nos parece que todo en él tenía que ser dulzura. Y no es así. Y no son pocas las veces en que los evangelistas nos narran los gestos, digamos más duros de Jesús. Especialmente gestos de dureza siempre ante la cerrazón de los más religiosos que son quienes debían manifestar mayor apertura, y capacidad de reflexionar y valorar las situaciones desde la fe. Pero no era así, ni lo es en muchas situaciones. De hechos seguimos palpando las consecuencias del fanatismo, o fundamentalismo llamamos, de muchos que se cierran incapaces de repensar las cosas, pero no sólo a nivel religioso, sino de cualquier tipo de actuaciones.

 

            Jesús se duele de una religiosidad que crea dureza de corazón e indiferencias ante las situaciones, o que hace prevalecer las normas sobre las personas, pase lo que pase. Y menos mal que Jesús no fue impasible. Menos mal que en el podemos descubrir la sensibilidad de Dios. Porque desde ahí, desde el dolor que Jesús pudo experimentar podemos seguir creyendo, que aún desde su cielo, sigue sensible. Si se ha encarnado y se ha propuesto hacer camino de la historia con nosotros, es para enseñarnos que las cosas no son indiferentes. Nos quiere enseñar caminos de comprensión, de diálogo, de justicia, de liberación, de humanización.

 

            Sí, Cristo, inmerso en el seno de la Trinidad, no se ha vuelto insensible. Su palabra, que es palabra de vida, nos sigue enseñando a actuar desde el amor. Por eso, se sigue alegrando de nuestras alegrías y doliéndose de todas esas obstinaciones que nos siguen generando dolor, y a las que parece que nos hemos acostumbrados como si fuesen normales.

 

            Y ese dolor de Jesús tiene que ser el nuestro, el de los que nos decimos suyos. Por eso estamos llamados a trabajar nuestras actitudes, a aportar benevolencia a nuestras relaciones y gestos. Dios en Jesús nos ha puesto ante una tarea ingente, pero hermosa, de ser constructores de un mundo cada vez más habitable, más sensible, más solidario, más fraterno, más humano. Por eso nos tienen que doler las obstinaciones, las nuestras y las de los otros; y ser conscientes de ellas, con humildad y con verdad, es el camino para lograrlo. Tal vez, nos tendremos que seguir encontrando con actitudes tan hostiles como con las que se encontró Jesús. Pero eso mismo nos habla de lo esencial e importante de esa tarea.

 

     

 

ORACIÓN:              “Ayúdame  a aprender”

 

 

            Me miro a mí mismo y miro a mi alrededor, y a veces tengo la tentación de pensar que ya ciertas cosas son imposibles cambiar; pero no es verdad, y mucho menos cuando tú estás en medio y nos hacemos capaces de contar contigo, porque para ti nada hay imposible. Por eso, a la luz de esta palabra, a la luz de tus sentimientos, quiero pedirte que no me haga insensible, Señor, que aprenda de ti. Que esa sensibilidad no se quede reducida a momentos puntuales, a acontecimientos trágicos que pueden conmover prácticamente a todos, lo que ya nos habla de la tendencia al bien que hay dentro de nosotros, pero que no me quede ahí. Que sepa llevar esa sensibilidad a mi realidad habitual, a las situaciones cotidianas, que son, al fin y al cabo, donde se va jugando la realidad de mi crecimiento como persona. Sabes, Señor, que hoy, cuando más medios tenemos de acercamiento, cuando el mundo más se convierte en aldea global, cuando la capacidad de comunicarnos es ingente, el riesgo patente de hacernos más distantes es real. La violencia extensiva a miles de formas nos va cerrando consciente o inconscientemente en nuestro pequeño mundo. Por eso, que no me cierre, Señor, que me siga doliendo el mal del mundo, en mí y en los otros, y no como resignación, sino como llamada para mantener vivo, humanizado, mi corazón. Ayúdame, sí, ayúdame a aprender contigo y de ti.       

 

           

 

CONTEMPLACIÓN:                “Como el sol”

 

 

Como el sol sale cada mañana

sigues saliendo a mi encuentro.

Te importan mis alegrías

y suavizas mis tristezas.

Siento mi alegría y mi dolor

reflejado en tu rostro de padre.

Y la paz de tu presencia

sana mis desconciertos,

 da fuerza a mis pasos cansados,

y hace vibrar mi corazón

al ritmo de tu amor.

 

 

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