Semana 1 Jueves

TIEMPO ORDINARIO

 

Jueves 1º

 

 

 

LECTURA:            Marcos 1, 40-45”

 

 

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: Si quieres, puedes limpiarme.

Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: quiero: queda limpio. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.

Él lo despidió, encargándole severamente: No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.

Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

 

 

 

MEDITACIÓN:             “Se acercó a Jesús”

 

 

            En el comienzo de esta nueva andadura me gustaría, Señor, fijarme sin más en aquellas expresiones que me invitan a mirarte, a acercarme a ti. Te lo digo porque a veces me parecen demasiado simples, y voy buscando siempre la fuerza de todos esos mensajes que nos va dejando tu paso entre los hombres ante cualquier situación de necesidad. Sin embargo, antes de cualquier gran signo o mensaje importante, está el encuentro contigo. Sin palabras nos lo enseñabas ayer cuando salías en la intimidad de la noche al encuentro del Padre, porque ahí estaba la fuente de tu fuerza y el referente de tus actitudes.

 

            Sí, Señor, y hoy lo siento como lo más importante y que, sin embargo, muchas veces se me ha escapado casi sin darme cuenta. De entrada no nos quieres poner ante una serie de mensajes por importantes y significativos que sean. Has venido a ponernos ante el amor del Padre, ante la bondad de Dios que tú encarnas. Sólo de ese encuentro con el amor, con el Dios amor, puedo llegar a experimentar ese amor. Sólo ahí puedo experimentar la fuerza de vida que irradia, la luz que me permite vislumbrar lo que tantas sombras no me permiten descubrir.

 

            Sí, quiero seguir aprendiendo, o empezar a aprender, como ese leproso, a acercarme a ti. Sencillamente porque en ti puedo encontrar aquello que nada ni nadie me puede ofrecer. Y no, sabes que no voy buscando milagros físicos, aunque me gustasen. He ido descubriendo a lo largo de mi caminar que hay en mi realidad humana, y en la realidad de cualquier hombre, que existe una dimensión mucho más importante, más vital que la que se asienta en la mera salud física. He conocido a personas muy sanas pero muy “enfermas” en su ser, con una capacidad ingente de dañar.

 

            Y así he ido descubriendo que lo primero que hay que sanar es el corazón para poder sanar nuestros gestos; porque no podemos empezar la casa por el tejado, por mucho que nos guste. Sólo de un corazón sano puede brotar salud profunda, gestos humanos, calor de vida que alcance a todos. Por eso, Señor, quiero acercarme a ti cada vez con más convicción, con más fuerza, con más deseo, hasta con más necesidad. Tú ya lo has hecho, sólo esperas mi gesto, mi mano, mi cercanía, mi sí. Porque sé que tú, sí, tú quieres sanarme en lo más profundo de mi ser.

           

 

 

ORACIÓN:              “Deseo de ti”

 

 

            Señor, gracias por seguir ahí, gracias por seguir saliendo al paso de mi vida, gracias por acercarte y porque me permites acercarme a ti. Muchas veces pienso que debía estar más cerca, que a estas alturas de mi vida debías encontrar en mí más fuerza y coherencia. Me encantaría poder contar mis grandes logros, y hasta así lo esperan algunos. Pero no, ante ti y ante los demás no puedo sino manifestar la lentitud y la torpeza de mis pasos. Y si algo ha crecido, eso sí, es mi ansia de ti, mi necesidad de ti, mi deseo de ti. Cuanto más lejos me puedo sentir, más deseo acercarme a ti, y si puedo experimentarlo es porque tú no me rechazas, porque tú actitud es siempre de acogida. Es lo único que puedo argumentar ante quienes tal vez pueda defraudar. Y es ese deseo y anhelo el que me permite seguir trabajándome para intentar dar lo mejor de mí. Señor, no te digo “si quieres”, porque sé que sí; por eso, sólo te pido que me ayudes a que yo siga queriendo.    

 

 

 

CONTEMPLACIÓN:                 “Buscarte”

 

 

Te has abierto paso

en la espesura de mi vida

para encontrarte conmigo.

Como una mariposa invisible

tus alas han dibujado

la palabra Padre, amigo,

Señor, esposo, amor,

y un arco iris de esperanza

ha irrumpido en mi cielo gris

de tantas heridas abiertas.

Y ya sólo se buscarte

para dejarme querer

y quererte.

 

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TIEMPO ORDINARIO

 

Jueves 1º

 

 

 

LECTURA:            Marcos 1, 40-45”

 

 

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: Si quieres, puedes limpiarme.

Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: quiero: queda limpio. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.

Él lo despidió, encargándole severamente: No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.

Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

 

 

 

MEDITACIÓN:             “Se acercó a Jesús”

 

 

            En el comienzo de esta nueva andadura me gustaría, Señor, fijarme sin más en aquellas expresiones que me invitan a mirarte, a acercarme a ti. Te lo digo porque a veces me parecen demasiado simples, y voy buscando siempre la fuerza de todos esos mensajes que nos va dejando tu paso entre los hombres ante cualquier situación de necesidad. Sin embargo, antes de cualquier gran signo o mensaje importante, está el encuentro contigo. Sin palabras nos lo enseñabas ayer cuando salías en la intimidad de la noche al encuentro del Padre, porque ahí estaba la fuente de tu fuerza y el referente de tus actitudes.

 

            Sí, Señor, y hoy lo siento como lo más importante y que, sin embargo, muchas veces se me ha escapado casi sin darme cuenta. De entrada no nos quieres poner ante una serie de mensajes por importantes y significativos que sean. Has venido a ponernos ante el amor del Padre, ante la bondad de Dios que tú encarnas. Sólo de ese encuentro con el amor, con el Dios amor, puedo llegar a experimentar ese amor. Sólo ahí puedo experimentar la fuerza de vida que irradia, la luz que me permite vislumbrar lo que tantas sombras no me permiten descubrir.

 

            Sí, quiero seguir aprendiendo, o empezar a aprender, como ese leproso, a acercarme a ti. Sencillamente porque en ti puedo encontrar aquello que nada ni nadie me puede ofrecer. Y no, sabes que no voy buscando milagros físicos, aunque me gustasen. He ido descubriendo a lo largo de mi caminar que hay en mi realidad humana, y en la realidad de cualquier hombre, que existe una dimensión mucho más importante, más vital que la que se asienta en la mera salud física. He conocido a personas muy sanas pero muy “enfermas” en su ser, con una capacidad ingente de dañar.

 

            Y así he ido descubriendo que lo primero que hay que sanar es el corazón para poder sanar nuestros gestos; porque no podemos empezar la casa por el tejado, por mucho que nos guste. Sólo de un corazón sano puede brotar salud profunda, gestos humanos, calor de vida que alcance a todos. Por eso, Señor, quiero acercarme a ti cada vez con más convicción, con más fuerza, con más deseo, hasta con más necesidad. Tú ya lo has hecho, sólo esperas mi gesto, mi mano, mi cercanía, mi sí. Porque sé que tú, sí, tú quieres sanarme en lo más profundo de mi ser.

           

 

 

ORACIÓN:              “Deseo de ti”

 

 

            Señor, gracias por seguir ahí, gracias por seguir saliendo al paso de mi vida, gracias por acercarte y porque me permites acercarme a ti. Muchas veces pienso que debía estar más cerca, que a estas alturas de mi vida debías encontrar en mí más fuerza y coherencia. Me encantaría poder contar mis grandes logros, y hasta así lo esperan algunos. Pero no, ante ti y ante los demás no puedo sino manifestar la lentitud y la torpeza de mis pasos. Y si algo ha crecido, eso sí, es mi ansia de ti, mi necesidad de ti, mi deseo de ti. Cuanto más lejos me puedo sentir, más deseo acercarme a ti, y si puedo experimentarlo es porque tú no me rechazas, porque tú actitud es siempre de acogida. Es lo único que puedo argumentar ante quienes tal vez pueda defraudar. Y es ese deseo y anhelo el que me permite seguir trabajándome para intentar dar lo mejor de mí. Señor, no te digo “si quieres”, porque sé que sí; por eso, sólo te pido que me ayudes a que yo siga queriendo.    

 

 

 

CONTEMPLACIÓN:                 “Buscarte”

 

 

Te has abierto paso

en la espesura de mi vida

para encontrarte conmigo.

Como una mariposa invisible

tus alas han dibujado

la palabra Padre, amigo,

Señor, esposo, amor,

y un arco iris de esperanza

ha irrumpido en mi cielo gris

de tantas heridas abiertas.

Y ya sólo se buscarte

para dejarme querer

y quererte.

 

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