Domingo 3 T.O. C

TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

 

DOMINGO 3º

 

 

 

LECTURA:               Lucas 1, 1‑4; 4, 14‑2”

 

 

Excelentísimo Teófilo: Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. 

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. 

Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista.  Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.» 

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.» 

 

 

 

MEDITACIÓN:               “Los ojos fijos en él”

 

 

            Lucas en el comienzo de su evangelio nos deja el mensaje programático de Jesús. Esa esperanza manifestada por los profetas de que algo nuevo era posible desde Dios, se va a hacer realidad en Jesús. Todo el texto es nuclear, pero me quiero fijar en la reacción porque es la que me gustaría que fuese siempre la mía. Duraría poquito en aquellos vecinos que le escuchaban, como a veces dura poquito en mí, pero es mi objetivo y debe ser el objetivo y el empeño de todos los que decimos creer en él.

 

            No podemos seguir a alguien si no le miramos, si no ponemos nuestra mirada en él, en sus gestos en sus actitudes, si no escuchamos sus palabras, si no tratamos de ahondar en su persona y en su mensaje, si toda nuestra forma der ser y de actuar, de responder  a las vicisitudes de nuestra historia pasa o intentamos que pase por él.

 

            Esa misma expresión nos la dejará el autor de la carta a los hebreos tratando de estimular a los creyentes de esa hora, y es algo que estamos llamados a asumir en todos los momentos de nuestra vida. Nosotros no podemos vivir de otra manera. Jesús es nuestro referente, en él hemos descubierto el verdadero rostro de Dios. Y de la misma manera encontramos en él el modelo de hombre capaz de poner en marcha una humanidad nueva.

 

            Dios no busca sólo adoradores, para eso no se hubiese encarnado. No necesita hombres que se dediquen a mirar solamente al cielo, aunque nuestra patria definitiva esté allí, porque para eso tampoco se hubiese encarnado. Dios quiere hombres según el corazón de Cristo, que mirando al cielo y mirándole a él, sean capaces de irse forjando a su imagen, realizadores de un mundo cada vez más humano, buscadores de la verdad, del bien, como él. Todo ello no excluye la alegría y la fiesta; al contrario, la incluye y la completa con todas aquellas actitudes que forjan lo mejor de nosotros, que construyen y nos construyen. Cada uno lo tendremos que realizar desde nuestra realidad, pero todos estamos urgidos a ella. Y a ahondar en todo lo que conlleva para mí debía ser un objetivo en este año de la fe.           

 

 

 

ORACIÓN:               “Aprendiendo a mirarte”

 

 

            Tengo que seguir aprendiendo a mirarte, a escucharte, a imitarte. Tengo que aprender a seguir rompiendo con todo esos lazos que me atenazan y me encierran en mí, y me impiden mirar más allá. Tengo que seguir siendo capaz de saltar por encima de todas esas barreras que se interponen en mi camino y que se empeñan en cerrarme el paso a lo mejor de mí, a lo que hay de hondura y de autenticidad dentro de mí. A veces siento que me desborda la fuerza de tu persona y tu mensaje, pero conforme me adentro en él descubro su esencialidad, lo que me juego en ello, lo que me descubre de mi y de lo que me rodea, lo que me potencia y me recrea, lo que me acerca a todos y lo que genera la auténtica experiencia de gozo en mi interior, y que es capaz de transformarlo todo. Señor, quiero fijar mis ojos en los tuyos y descubrir mi plenitud en ti. No me apartes los tuyos. Gracias, Señor.                            

 

 

 

CONTEMPLACIÓN:               “Tus ojos”

 

 

Te has fijado en mí,

vuelcas tu mirada

en mi interior

y saberlo me emociona

porque es mirada de amor.

Y en ese desconcierto,

saltan en añicos

mis recelos y mis miedos,

y clavo mi mirada en ti,

para que sean tus ojos

los que guíen mis pasos,

y tus palabas, las mías.

 

 

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