Día 21 de diciembre – 2

TIEMPO ADVIENTO

 

Día 21

 

 

 

LECTURA:             Lucas 1, 39‑45

 

 

Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

 

 

 

MEDITACIÓN:                 “María se puso en camino”

 

 

            Cuánto tenemos que aprender de María. Nos hemos acostumbrado a verla generalmente en postales y pinturas con cara  de beatitud etérea y tan aniñada, con buenísima intención estoy convencido, que tengo la sensación que nos ha secuestrado un tanto su recia personalidad. Lo comentaba ayer. No sé si María al anuncio del ángel lo vería todo color de rosa, me temo que no, pero lo cierto es que no dudó en ponerse en manos de Dios, que son buenas manos. No, no eluden los problemas de la vida, al contrario, nos adentran con más profundidad en ella y nos lleva a dar respuestas activas, decididas, valientes y, hasta en algunos momentos, heroicas.

 

            María lo intuye o lo sabe con claridad meridiana. No es una joven frágil que se emociona ante un anuncio de esa envergadura, o que se hace mimar a partir de ese momento, o que se encierra en una vida apartada al margen de todo, para así disfrutar mejor de su nueva relación con Dios. No. María es una joven activa, decidida. Dios no la ha paralizado, en todo caso la ha dinamizado. Ha dicho que sí, pero no es un sí pasivo a la espera de lo que esté por venir. María coge en sus manos sus opciones y va a ser constructora activa de ese sí, con todas sus consecuencias, y así va a ser portadora de la buena noticia de Dios, a veces a gritos, otras, en el silencio más profundo de su corazón, pero nunca para quedarse paralizada sino para seguir poniendo y asumiendo su tarea.

 

            Y así nos la presenta el evangelista. María no se mira a ella, mira a su entorno, con nuevos ojos tal vez, con un corazón rebosante de Dios, eso sí; y en su ser activo, solidario, generoso, inmediatamente la vemos ponerse en camino para ayudar y para llevar la buena noticia. Porque cuando Dios sale a  nuestro encuentro no lo podemos acallar. Cuando Dios llena es para que se desborde. Y esa es nuestra llamada, la llamada que resuena en mí.

 

            No nos podemos comparar con María, pero sí podemos aprender de ella, con más motivo cuando en ella nos encontramos a una de nuestra tierra, a una  mujer que ha entendido y acogido el amor de Dios en su vida, y sin dejar de ser ella, ha puesto en movimiento toda su existencia, con sus luces y sus cruces, convencida que de Dios sólo viene salvación pero que implica, precisamente por eso, toda la vida. Ése es su anuncio y debe ser el nuestro. Hoy resuena todo aquel acontecimiento con toda su fuerza y actualidad. No eran mejores los tiempos ni las circunstancias que le tocaron vivir a ella. Solamente nos hace falta tener su misma convicción, fiarnos de Dios, aferrarnos a él, y poner todo lo que tenemos y somos en juego, y colaborar así en ese plan salvador del amor de Dios o del Dios amor. A las puertas de revivirlo pidamos al Señor que  nos ayude a preparar nuestro corazón para ponernos en camino, como siempre o de nuevo.            

 

 

 

ORACIÓN:                “Empujando mi vida”

 

 

            Señor, cada día tu palabra me llama a ponerme en camino. A veces no lo tenemos claro y hasta hemos acuñado frases como “ir tirando”, “ir escapando”, que dan la sensación que hacen de nuestra vida o la manifiestan como una especie de resignación en la que vamos arrastrando nuestra vida, o nos la van empujando, mientras nos hacemos los remolones o eludimos sus dificultades. Podríamos darle la vuelta y ver en ellas, esa invitación a empujar nuestro quehacer de forma activa, y a esa lucha que nos puede permitir ir escapando de la indolencia, de la comodidad, de lo fácil, o del mal que nos puede rodear. Sea como sea, te doy gracias porque en ti, como en María, vislumbro el empuje para seguir construyendo mi historia. No eres Dios que me anulas, sino Dios que me descubre mi grandeza, mis valores, mi dignidad, mi tarea para seguir creciendo. Mi construcción como ser humano depende de mí, de mi apoyo o no en tu gracia, no soy un muñeco de ningún dios ni de un destino. Es cierto que muchas cosas me rodean y me condicionan, desde fuera y desde dentro, pero ninguna si yo quiero puede romper mi libertad interior y mis deseos más profundos. Gracias por hacerme así. Sigue viniendo, sigue entrando y empujando mi vida, y que sepa anunciar esa buena noticia de salvación.

                       

 

 

CONTEMPLACIÓN:                “Mi camino”

 

 

Tú lo sabes, Señor,

he intentado hacer de mi vida

un camino hacia ti.

Tú has sido y eres mi camino,

que con torpeza de niño

he andado con tropiezos.

Pero sigo sintiendo tu mano,

que me conduce aferrada y firme;

y tu palabra decidida, que me guía

en medio de mis dudas,

se me ha hecho luz y fuerza.

Así mantienes el latido ilusionado

de mi corazón que te busca,

te anhela y te espera,

para dejarte renacer en él.

 

 

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