1 de noviembre – Todos los santos

publicado en: Lectio divina diaria, Solemnidades | 0

TODOS LOS SANTOS

 

 

TEXTO:              “Mateo 5, 1-12ª”

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:

-«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

 

 

MEDITACIÓN:             “Dichosos”

 

 

            Hoy todo nos habla o nos quiere hablar de fiesta, de gozo, de alegría. Puede ser una fiesta y una alegría agridulce, porque nos quiere acercar a todos aquellos que nos han precedido, que hemos querido, que han formado, de modo especial, parte de nuestra vida, de nuestro caminar, y ya no están con nosotros.

            Pero junto a esa experiencia de pérdida, hoy sobresale nuestra experiencia de gozo, porque ellos, aquellos a quienes queremos, sabemos y creemos que siguen vivos, que han llegado a su plenitud, que gozan de Dios, que son ya plenamente dichosos. Por eso su dicha hoy es nuestra dicha, aunque les añoremos, aunque los quisiéramos a nuestro lado.

            Pero esta es la buena noticia, tu buena noticia. Por mucho que quieran cerrarnos las puertas de  nuestro horizonte, nuestros sueños y nuestra esperanza, tu palabra es más fuerte que la de nadie. En ti tenemos la seguridad de nuestra plenitud o del nombre que le queramos poner, al fin y al cabo de la vida, de la vida contigo y en ti.

            A eso nos llamas desde nuestra entrada en la historia: a vivir, a construir vida. Por eso al dejarnos tu programa de felicidad extendiste tu dicha por todos los dolientes y por todos los empeñados en dar lo mejor de sí apostando por un mundo mejor, por construir humanidad. Su sufrimiento o su entrega no fue en vano. Fue su dicha aquí y su plenificación allí. Y ese mensaje me llega como buena noticia para invitarme a seguir hincando mis manos y mi corazón contigo en tu proyecto creador.

            Hoy, la fiesta de todos aquellos que nos precedieron en el empeño, desde el anonimato de la vida sencilla, de dar lo mejor de sí, es para mí, para el mundo, para todo el que quiera ver, motivo de esperanza.

 

 

ORACIÓN:            “Por la vida”

 

 

            Señor, en este día especial me invitas a mirar a mi alrededor y dentro de mi corazón. Me invitas a vislumbrar lo mejor de mí y mi potencial de amor. Me llamas a construirme como persona, como ser humano, a construir historia de salvación. No pretendo realizar grandes signos. Me has permitido formar parte de la gran masa de gente sencilla, la que de verdad hace la historia y la construye, aunque no salgan en los grandes medios. Dame fuerza para que no pierda la ilusión, junto a los que me han precedido y sigo queriendo, para trabajar por la vida, para construir vida, para ser portador de vida que sólo tú puedas prolongar hasta la eternidad.

           

CONTEMPLACIÓN:           “Señor de la vida”

 

 

Gracias, Señor de la vida,

porque prolongas mi horizonte,

porque colmas de valor

mi existencia sencilla,

porque has puesto,

en mis manos torpes

y en mi corazón frágil,

la capacidad de construir

historia de salvación.

Que mis gestos, Señor,

mis palabras y mis silencios,

sean siempre portadores de vida.

Y que un día,

traspasada la puerta del tiempo,

puedas acogerme

en la dicha de tu eternidad.

 

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