Semana 28 viernes B

 

TIEMPO ORDINARIO

 

Viernes 28º

 

 

 

LECTURA:                Lucas 12, 1-7”

 

 

En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos: Cuidado con la levadura de los fariseos, o sea, con su hipocresía. Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse. Por eso, lo que digáis de noche, se repetirá a pleno día, y lo que digáis al oído en el sótano, se pregonará desde la azotea.

A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden hacer más. Os voy a decir a quién tenéis que temer: temed al que tiene poder para matar y después echar en el fuego. A ése tenéis que temer, os lo digo yo. ¿No se venden cinco gorriones por dos cuartos? Pues ni de uno solo se olvida Dios. Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados. Por lo tanto, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

 

 

 

MEDITACIÓN:                 “No tengáis miedo”

 

 

            Me gusta escuchar esta llamada; porque, aunque me cueste o no quiera reconocerlo, mi vida, nuestra vida, está condicionada, tristemente condicionada, por muchos miedos inconfesables, o que no nos atrevemos a confesar. Muchas veces incluso, afirmaciones tajantes o actitudes enfrentadas no denotan sino el querer encubrir esos miedos.

            Y lo sé, porque lo siento en mí. Muchas actitudes sin garra, muchos silencios, no sólo son expresión de nuestra poca coherencia, sino de nuestros miedos al qué dirán, o a posturas de rechazo que podamos experimentar; miedo a sentirnos, de alguna manera, señalados con el dedo o, incluso marginados o rechazados. Sí, en la sociedad que decimos llamar de la libertad, experimentamos eso, y nos condiciona nuestra libertad y nuestra coherencia.

            Y ciertamente no es bueno, pero también tiene su parte positiva porque me pone sobre todo, ante mí mismo, ante mis convicciones, ante la verdad de la que digo depender mi vida. Me recuerda y me sitúa ante la fuerza de mi fe, de mi seguimiento, de mi saberme inmerso por mi bautismo en la familia de los hijos de Dios. Es cierto que hay en esta familia muchas cosas que recomponer, que mejorar, que retomar, que dejar atrás, empezando por mí, pero en ella late el reto, la llamada a seguir aprendiendo y ahondando en nuestra experiencia del amor de Dios. Si no ahondo ahí, todo se me puede ir cayendo en medio de un ambiente superficial.

            La realidad que vivimos se ha convertido en el mejor ámbito en el que reconocerme en mis opciones y luchar por ellas. No es el momento de la cobardía, sino de la fuerza, de la coherencia, de las convicciones profundas que implican de lleno todo lo que creo, soy y siento. Es, de alguna manera, el momento de la verdad. Por eso, esta llamada de Jesús resuena cargada de fuerza, de vida, de esperanza, de coraje, de adhesión profunda y auténtica. Sí, no tengamos miedo porque el Dios en el que creemos vela hasta por los pelos de nuestra cabeza, simplemente porque nos ama.         

 

 

 

ORACIÓN:              “Caminar a tu lado”

 

 

            Señor, gracias por tus palabras, gracias porque estás ahí constantemente, alentando mis pasos. Sí, lo sé, esto no significa ausencia de dificultades, al contrario, algunas, incluso, me las sirve en bandeja, como a ti, pero son las dificultades que me permiten situarme ante lo que soy, quiero ser y deseo, y eso es muy importante. Parece que no debía ser así, que tu mensaje de amor debía ser algo querido y deseado por todos, pero no lo es cuando lo queremos llevar hasta las últimas consecuencias. Por eso, sigue ayudándome a caminar a tu lado, a aferrarme a la fuerza iluminadora de tu palabra, a sentir el impulso de tu Espíritu que me quiere convertir en tu testigo. Ayúdame a que su fuerza sea mucho mayor que la de mis miedos y que tu amor sea la fuerza del mío.            

           

 

CONTEMPLACIÓN:              “Me asomo a ti”

 

 

Me asomo a ti

para respirar el aire refrescante

de tu presencia en mí,

de tu palabra que empuja

los lastres pesados de mi vida,

y me ayuda a caminar tras tus huellas,

a pesar de ellos.

Me asomo a ti

porque me dejas el reguero de tus anhelos

que alimentan los deseos

de mi corazón anhelante,

y me abren los horizontes

infinitos del amor.

Me asomo a ti,

para respirar tu hondura y la mía,

y dejarme arrullar y empujar

por la dulzura y la fuerza de tu amor.

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