Semana 28 sábado B

TIEMPO ORDINARIO

 

Sábado 28º

 

 

LECTURA:              Lucas 12, 8-12”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del Hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios.

Al que hable contra el Hijo del Hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.

Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir.

 

 

 

MEDITACIÓN:              “No os preocupéis”

 

 

            Sí, pienso que nos falta soltura, naturalidad, convencimiento. Porque cuando uno no está convencido de algo, cuando lo que le mueve es algo que tiene cogido con pinzas, por tradición, por costumbre por lo que sea, pero que no ha pasado por su mente y su corazón, lo más fácil es que termine alejándose de esos aparentes principios. Y eso es lo que estamos experimentando en muchas personas bautizadas, y puede ser que en nosotros mismos en algún aspecto o momento.

            Vivimos muy condicionados. Mientras muchos alardean de su ausencia de fe o de haberla perdido, nosotros nos manifestados apocados en nuestra vivencia. Mientras los demás no tienen reparos en decirnos lo que les place, nosotros no podemos manifestar lo que creemos. Nos preocupa la reacción que puedan tener con nosotros y, así, tratamos de pasar desapercibidos o de condescender, callar y hacer el doble juego. Es cierto que, a veces, la prudencia así lo exige, no se trata de ir sacando pecho, pero tampoco de vivir acomplejados hasta condicionar nuestros propios sentimientos.

            Me viene a la memoria una frase que solía repetir un viejecita de un pueblo donde viví una etapa de mi vida que, cuando alguien le manifestaba sus miedos, sus reparos o su vergüenza para vivir la coherencia de su fe, solía repetir: “vergüenza para hacer el mal”. Pero parece, en muchos momentos, que lo que no hay es vergüenza ni escrúpulos para hacer el mal, y escondemos nuestros gestos o palabras de bien.

            Por eso, me parece que esta palabra de Jesús nos tiene que servir de estímulo. De nuevo nos vuelve a recordar la realidad para que no nos sintamos engañados. Seguirle a él, antes y después, ha sido, es, y parece que seguirá siendo, motivo de un rechazo más o menos significativo. Frente a ello nos estimula para vivir con convicción nuestra fe. Ser lo que estamos convencidos que debemos ser. Ése es el reto, estar convencidos por haber entrado en la seducción de la persona de Jesús y su Buena Noticia, y desde ahí no preocuparnos de las consecuencias, tal vez en algún momento puede no ser agradables, pero él, su Espíritu, están siempre con nosotros alentándonos.           

ORACIÓN:              “Ser yo mismo”

 

 

            Señor, gracias por empujar mi vida. Gracias porque me ayudas a ser yo mismo frente a los que me quieren imponer su criterio, frente a los que me rechazan de alguna manera por creer en ti. Gracias porque ante esas preocupaciones o miedos que, a veces no puedes evitar porque la agresividad o el rechazo son significativos, tú sigues estando ahí, a mi lado. Me resulta a veces duro y difícil, pero es también la oportunidad de manifestar con gozo lo que siento, lo que creo, lo que espero, lo que amo. Es la oportunidad de ofrecer en medio de tanto absurdo y superficialidad, no la perfección de lo que yo soy y hago, porque también en mí hay muchas carencias y limitaciones, sino la frescura de tu persona, de tu mensaje, la fuerza transformadora que conlleva si somos capaces de abrirnos a ella. Y sé que eso comienza en mi corazón y en mi razón, adéntrame cada día más en ti. Que no me frenen las consecuencias de ser tu testigo. Contigo siempre serán buenas.

 

 

CONTEMPLACIÓN:                “Extiendo mis manos”

 

 

Voy haciendo la andadura,

a veces torpe, de mi vida.

Y en ese caminar

me vas acercando a ti.

Me pesan muchas cosas

que lastran mi paso ligero,

pero mis ojos y mi corazón

se han fijado en ti,

y a ti caminan firmes

mis pasos torpes

y mis pies de barro,

mientras extiendo mis manos

para que tú las tomes

y me atraigas con dulzura a ti.

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