Semana 24 Miercoles A (otra)

TIEMPO ORDINARIO

 

Miércoles 24º

 

 

LECTURA:          Lucas 7, 31-35”

 

 

En aquel tiempo, dijo el Señor: ¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: «Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis» Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores». Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón.

 

 

 

MEDITACIÓN:               “¿A quién se parecen?

 

 

            No sé si la pregunta hoy es solamente esa o si además nos tenemos que preguntar a quién nos queremos parecer. Y sobre todo, como pregunta lanzada a los que nos seguimos diciendo cristianos, a mí.

            Esa especie de caprichismo superficial e infantil lo seguimos padeciendo en muchos aspectos. Teníamos la imagen de un Dios condenador y  no nos gustaba, tenemos la de un Dios Padre misericordioso y tampoco. De uno abominamos, del otro nos reímos. Afirmamos derechos pero los pisoteamos; buscamos superficialidad y negamos la fidelidad, pero cuando se rompe un lazo afectivo se nos cae todo encima ¿en qué quedamos, qué queremos, que tipo de hombre y mujer queremos construir?

            Nosotros los cristianos decíamos no hace mucho, cuando nos considerábamos en una iglesia de cristiandad, que teníamos que ser pocos y buenos, auténticos; pero, ahora que empezamos a ser pocos y las iglesias se vacían, nos echamos las manos a la cabeza, nos asustamos y lamentamos, nos desorientamos y desanimamos y, en lugar de apostar por la coherencia y formar comunidades que se apoyen, también nos enfriamos, nos terminan convenciendo de que estamos equivocados y trasnochados, y tratamos de vivir queriéndolo compaginar todo. ¿En qué quedamos? ¿Es caprichismo, miedo, superficialidad o que no hemos ahondado nuestra fe y no somos tan de verdad como pensábamos?

            No sé a quién nos parecemos, pero sé a quién me quiero parecer, aunque me sienta muy lejos. Y me quiero parecer a ti, Señor. Quiero amar como tú. Quiero estar al lado del hombre como tú. Quiero tener un corazón compasivo y misericordioso como el tuyo, quiero acoger y ser portador de paz. Quiero sentirme iglesia tuya y hermano de mis hermanos, quiero ser testigo coherente, en estos tiempos complejos, de tu Buena Noticia, y quiero vivirlo, desde mi pobreza e incoherencia, en clave de conversión. Quiero vivir y manifestar la alegría de saberme amado y salvado por ti.        

                       

 

ORACIÓN:                “Parecerme a ti” 

 

 

            Sí, yo también pongo a veces de manifiesto mi superficialidad y, sobre todo, mi incoherencia. Es tan fácil hablar y, a veces lo hacemos con tanta ligereza, que luego nuestra vida pone todo en entredicho. Pero, Señor, lamento mi incoherencia, tú lo sabes. Sé que muchas veces es fruto de esa parte de mí que todavía no he conseguido dominar, ser dueño de ella; pero, otras muchas, es efecto de mi no poner toda la carne en el asador. Sé que en unos aspectos es consecuencia de mi proceso de maduración humano;  pero otras, consecuencia de mi indolencia e, incluso, de mi elección deliberada y superficial. En medio de todo ese enjambre de realidades que me envuelven, de nuevo tu palabra me llega honda y resuena de un modo especial y, también me empuja, me reta y me interpela en mi verdad. Ayúdame a seguir creciendo, a intentar parecerme a ti, ése es mi sueño.         

           

CONTEMPLACIÓN:               “Rostro verdadero”

 

 

Trato de mirarme en el espejo

de mi historia vivida

y, a veces, no consigo ver

más que una figura distorsionada,

una especie de caricatura

de lo que deseaba alcanzar.

 Y en mi desconcierto me vuelvo a ti,

y descubro mi rostro verdadero,

al que tiendo y al que me diriges,

imagen tenue de tu amor,

ilusión mantenida de vida.

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