Semana 25 Martes A (otra)

TIEMPO ORDINARIO

 

Martes 25º

 

 

LECTURA:              Lucas 8, 19-21”

 

 

En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces le avisaron: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.

Él les contestó: Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra.

 

 

 

MEDITACIÓN:                  “La ponen por obra”

 

 

            De eso se trata y ahí está el “quid” de la cuestión. Tenemos que reconocer que nos cuesta escuchar la palabra, nos es mucho más fácil hacer escuchar la nuestra, a eso estamos más acostumbrados y nos defendemos bastante bien. Hoy, incluso, de un modo especial, la Iglesia nos está invitando a hacerlo con esfuerzo renovado e ilusionado. La Exhortación “Verbum Domini que el Papa Benedicto XVI nos ofreció después del Sínodo de los Obispos, precisamente sobre la Palabra de Dios, nos instaba a todos los cristianos a retomar esa imperiosa necesidad de asomarnos y acoger la Palabra de Dios, para hacer nuestra vida a partir de ella.

            Y de eso se trata. No basta con escuchar. El mismo Jesús lo diría en más de una ocasión y de muchas maneras. No basta con entusiasmarse con la palabra, nos lo repetía hace unos días a raíz de la parábola de la semilla que cae en tierra, es acogida con alegría, pero luego, viene cualquier contratiempo o atractivo y nos la ahoga. No, no basta con escuchar, ni siquiera con entusiasmarse al escucharla, no es poco, pero de poco sirve si no arraiga en nuestra vida, si no somos capaces de convertirla en gestos, en actitudes que definen nuestra vida como discípulos de Jesús.

            La forma de decírnoslo hoy, creo que es el modo más amplio, más contundente, en  que nos lo podía decir. El que escucha y  pone por obra, no sólo se convierte en discípulo, se convierte en familia, madre y hermanos de Jesús. Y qué importante es el que nos lleguemos a sentir, a querer sentirnos y reconocernos como familia de Jesús y actuar en consecuencia, de manera que al vernos puedan decir a la primera que nos parecemos a Jesús, y si alguien no lo conoce que se quede interpelado o se pregunte porqué actuamos así y a quién seguimos.

            A veces, da la sensación de que no lo tenemos claro. A veces queremos jugar al ser un poquito de Jesús y otro poco, o más que un poco, de otras “familias”, con lo cual ni satisfacemos a Dios, ni a los otros ni a nosotros mismos. La coherencia, y a veces lo olvidemos, forma parte de la felicidad, de la satisfacción con la que construimos nuestra vida, y Jesús nos llama a ello.       

ORACIÓN:                “Proyección de tu amor”

 

 

            Señor, gracias por todo lo que me ofreces, no podría por mí pedir tanto, pero tú nos quieres hacer parte de ti, hemos salido de tus manos, mejor, hemos salido de tu corazón y a él nos invitas a vincularnos para ser proyección de tu amor. Pero, a veces, da la sensación de que jugamos con las palabras. Nos entusiasmamos con oír y decir expresiones bonitas, pero no ponemos o nos cuesta poner el mismo entusiasmo en vivirlas, es como si no estuviésemos convencidos de la verdad, de la fuerza, de tu palabra. Sí, es cierto que entran en juego muchas circunstancias en el acontecer de nuestra vida que nos llevan a hacer de ese empeño una lucha, a veces dura, tú lo viviste, pero en nosotros, en mí, multiplicado en fragilidad. No es cuestión de disculparme, pero sí de pedirte que, en tu misericordia, sigas acogiéndome en mi fragilidad y empujando esos deseos apoyados en mi debilidad, pero también en mi lucha y en tu fuerza. Ayúdame a llevar adelante tu obra, tu palabra, en mí.

        

             

CONTEMPLACIÓN:              “Tus sueños en mí”

 

 

Camino entre tropiezos

marcado por esas desilusiones

que forjan mis deseos truncados,

y marcan mi frágil realidad.

Pero en medio de ella tú te asomas

para volcar tu palabra esperanzada.

Y así cada mañana despiertas,

como en un renovado amanecer,

la realidad de tus sueños en mí.

Desde ahí vuelvo a iniciar el camino

apoyado en tu fuerza y haciéndola mía.

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