Domingo 20 T.O. B

TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

Domingo 20º

LECTURA:           ”Juan 6, 51‑58”

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

 

 

MEDITACIÓN:             “Para la vida del mundo”

 

 

            Con bastante facilidad tenemos una tendencia a separar lo que Dios ha unido. Y  no me refiero al tema matrimonial del que nos hablaba Jesús hace unos días, sino a todo el ámbito de nuestra realidad. Dios no ha separado nuestra fe de nuestros actos, cosa que hacemos con facilidad, porque sería romper el cordón umbilical que une dos vidas y las hace una. Pero ahí están empeñados hasta los que nos echan en cara nuestras incoherencias de vida, pero quieren que nuestra fe la vivamos en la iglesia, y fuera que nos traguemos todo lo  que nos echen, y que dejemos de ser coherentes.

Separamos o cortamos, también con facilidad, presente y futuro, el ahora de la eternidad. Lógicamente es más cómodo y nos quita muchas preocupaciones, pero no, tu existencia, tu palabra, no es para ahora, es para ahora y para luego, da sentido a nuestro presente y a nuestro futuro, a nuestra caducidad y a nuestra eternidad.

            Por eso, tu pan, tu carne y tu sangre, tu vida,  no es para “ganar” un supuesto cielo, es alimento para construir nuestro hoy, nuestro mundo, nuestra vida actual, mi vida, desde ti y contigo, y nuestra vida eterna, que como regalo de tu amor nos has ganado con tu muerte y resurrección. Son dos realidades inseparables que se retroalimentan mutuamente. Nuestro hoy prepara nuestro mañana de eternidad y, la garantía de ese mañana, estimula y da fuerza a la realización de nuestro hoy.

            Para muchos parece que eso de la eternidad les cae muy lejos y hasta aparentemente aburrido. Por eso de que “más vale pájaro en mano que ciento volando”, es mejor gustar el hoy y, con eso, de alguna manera, se intenta justificar o se puede terminar justificando todo o casi todo. En el caso de que nos desborde también a nosotros ese “mañana eterno”, tratemos de vivir el presente, alimentados por este pan de vida, de manera que nos permita construir nuestro hoy, nuestro mundo, con lo mejor de nosotros, como lo vivió Jesús. Y tranquilos, porque donde hay amor hay vida, hay eternidad que terminará sorprendiéndonos a todos.        

ORACIÓN:             “Instrumento activo”

 

 

            Señor, gracias por tu vida. Gracias por hacerte alimento de mi camino, de mi tierra y de tu cielo. Gracias porque, aunque me gustaría, no me evades de mi realidad, de construirme y de cooperar en la construcción de este mundo maravilloso que nos empeñamos en estropear y en herir, cuando nos has hecho garantes de su inacabable proceso creador. Gracias por tu empeño de convertirme contigo en instrumento activo de mi crecimiento y el de la humanidad, que también depende de mí, porque no me es ajena ni yo para ella. Mi bien repercute en su bien y mi mal en su mal. Ayúdame a adentrarme en este proyecto maravilloso de tu amor. Ayúdame a descubrir la fuerza de la vida que has puesto en mí como semilla de eternidad, que arranca desde el día de mi nacimiento y que trasciende el umbral de mi muerte física. Que no deje nunca de alimentarme de ti y en ti.

CONTEMPLACIÓN:              “Vivir por ti”

 

 

Te empeñas en adentrarte en mí

pero mi corazón es tan pequeño

que  no es capaz de asimilar

semejante regalo de tu amor

y casi no sé qué hacer contigo.

Vives en mí pero tu grandeza

me impide verte en mi hechura.

Tómame tú y déjame sentirme

inmerso en tu cálida inmensidad,

buceando en el desconcertante

océano infinito de tu amor,

hasta dejar atravesar

todos los poros de mi ser

para poder llegar a vivir por ti.

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