Viernes 4º

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VIERNES IV DE PASCUA

LECTURA:       Juan 14, 1‑6”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mi. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»

Tomás le dice:«Señor, no sabemos adonde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»

Jesús le responde:«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mi.»

MEDITACIÓN:         “El camino, la verdad y la vida”

 

            Me invitas a creerte, Señor, a creer en el Dios cuyo rostro me muestras en ti. Creer es lanzarte un sí, un sí a toda tu palabra, a tu mensaje, a tu vida, a tu proyecto de hombre y de historia.

            No es un sí solamente a algo dicho y hecho, es un sí que supone apertura constante, atención y disponibilidad para saber responder a todos los mensajes  que me diriges a través de los acontecimientos de mi vida y de la historia, porque tú sigues hablando en ellos y a través de ellos.

            Por eso te puedes definir como camino, un camino que me invitas a recorrer, porque intuyo que la meta no es un precipicio, sino una casa, tu casa y mi casa.

            Te puedes definir como la verdad, porque te abres en horizontes inabarcables e indeterminables por ninguna definición, ni palabra, ni dogma determinado de una vez para siempre, continuamente en trance de descubrir algo nuevo y bueno, que nos permite intuir nuestra grandeza y la tuya

            Y te puedes definir como la vida, porque viene de ti, se sustenta en ti, y culmina y se proyecta infinitamente en ti. No en el mero sentido físico sino en el más amplio y totalizante. Porque en ti haya sentido todo lo que construye y permite que la existencia, mi existencia,  tenga sentido pleno.

ORACIÓN:        “Me mantienes”

 

            Te doy gracias, porque me has permitido entrar en la corriente de la fe. Una fe que descubro cada día como aventura, como proyecto. Una fe que tiene que ser alimentada con mi deseo, y que también se fortalece con los fracasos.

            Te doy gracias, porque me mantienes en ella, porque desde ella vislumbro posibilidades nuevas en mí y en la humanidad, aunque gran parte de ella viva al margen aparente de ti. Porque la fe también tiene un marco más amplio y rico que el que podamos definir con palabras y sentidos siempre limitados. Gracias, Señor.

CONTEMPLACIÓN:        “Mano tendida”

 

Hay muchos caminos

que no conducen a ningún lugar.

Hay muchas verdades

que defienden mentiras.

Muchas vidas que se gastan

en gestos de muerte.

Y tú me ofreces

un camino compartido,

una verdad siempre abierta,

una meta cálida

en una vida inagotable y plena,

y una mano tendida

para hacer la travesía.

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