Jueves 5º

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JUEVES V DE PASCUA

LECTURA:         Juan 15, 9‑11”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.»

 

MEDITACIÓN:         “Mi alegría”

 

            Nos recuerdas que nos has traído vida, la verdad que nos hace libres, y que proyecta sobre nosotros una experiencia de gozo profundo que salta hasta convertirse en alegría. Esta alegría va a ser como una repetición constante a partir de tu resurrección, porque en ella encuentra sentido.

            No lo hemos percibido esto con mucha claridad. Parece que ha habido una época en que hemos deslindado, con bastante facilidad, la alegría de nuestro ser creyentes, como si fuesen cosas incompatibles. Muchos nos han achacado ese aspecto, y no les ha faltado razón en muchos momentos. Y, sin embargo, es algo elemental, algo esencial. No podemos manifestar la verdad de nuestra fe, de nuestra adhesión a ti, si no es desde la experiencia de un profundo gozo que se debe manifestar en todo el estilo de nuestra implicación en la historia. La tristeza no es consejera de nada, más que de amargura. La alegría es señal de vida y de que se está por la vida.

            Ciertamente no hablas de una alegría que se queda en lo superficial, o que se apoya simplemente en la diversión. La alegría es algo más que eso; incluye la fiesta gozosa del compartir los momentos lúdicos, pero, sobre todo, es una actitud vital que da un toque ágil, sereno, profundamente positivo, estimulante y estimulador en todo lo que hacemos. Y eso sólo puede brotar de un corazón que es capaz de acoger al Dios de la vida, al Dios que ha muerto y ha resucitado para que nuestra alegría sea completa y nadie nos la pueda arrebatar.

ORACIÓN:        “Contribuir al bien”

 

            Tú nos ofreces la alegría como actitud vital, profunda, que brota de asumir el desde dónde hacemos las cosas y el hacia dónde las queremos dirigir, que no se realiza a costa de los otros, sino junto a los otros. En esa actitud vital, que no excluye las dificultades, pero que no se deja apagar por ellas, que permite afrontarlas y asumirlas, y descubrir en ellas y a través de ellas la verdad y la fuerza de tu presencia y de tu caminar a nuestro lado.

Deseo y busco esa alegría, Señor, la que viene de apoyarse en ti. Concédeme el abrirme y afianzarme en ella, para que con ella pueda contribuir al bien y a la felicidad de los otros.    

CONTEMPLACIÓN:         “Dentro de mí”

 

Como lluvia suave y fresca

derramas tu palabra

en mi corazón.

Quieres que resuene

con aire de fiesta,

con ambiente de boda

que invita a la unión,

a permanecer contigo.

A dejar que irrumpas

dentro de mí,

como una corriente de vida

cargada de gozo profundo.

Porque siempre y sólo

me habla de amor:

de amor dado,

derramado,

compartido.

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