Lunes 4º

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LUNES IV DE PASCUA

LECTURA:        Juan 10, 1‑10”

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

MEDITACIÓN:         “Que tengan vida”

 

            Me gusta, me estimula y me reta también tu insistencia en la llamada a la vida. Es como tu obsesión. Que el hombre viva. Ya sé que no te refieres a la dimensión meramente material y física, que de por sí es perecedera, sino a esa realidad que nos lleva a abrirnos a todos los signos y gestos que son creadores y portadores de vida digna, que abre horizontes, que llama a estar desarrollando y potenciado todos esas actitudes que permiten crecer en humanidad, que nos permiten desarrollarnos e ir potenciando todas las posibilidades y realidades que configuran a un hombre siempre en apertura y desarrollo, en continuo gesto de creador y potenciador de signos de vida.

            Y en todo ello, tú como puerta, como espacio no en el que quedarse, sino necesario para acceder a todo ello. Pasar por ti, es darnos acceso a seguir creciendo, a ir descubriendo la llamada a desarrollar un mundo cargado de vida, de humanidad.

            Optar por la vida significa fidelidad y eso conlleva lucha, a veces dolor, pero también gozo, capacidad de superarnos y crecer y madurar. Es más fácil no complicarse la vida, vivir del momento, dejarse llevar por los sentimientos que fluyen, pero eso no construye vida; eso construye capricho, superficialidad, que puede satisfacer un momento, pero que termina creando vacío, falta de sentido, incapacidad para asumir y hacer frente a las situaciones que maduran, hacen crecer y humanizan.

            Tú me ofreces el reto de una vida vivida de manera plena, apostando por todo lo que la construye y deseo asumir el reto.

ORACIÓN:          “Abrirme a la vida”

 

            Eres, Señor, como una bocanada de aire fresco que quiere responder a mis anhelos más profundos para impulsarlos. Gracias, Señor, por ese impulso, por esa llamada a la vida, por ofrecérmela de modo especial desde la experiencia de tu resurrección, que no es otra cosa sino el canto a la vida, la puerta de acceso a una realidad que impulsa todo lo que de noble y bueno has puesto en mi corazón y en el corazón de todos los seres humanos.

Dame el valor de abrirme a la vida, de no quedarme en todo lo que me puede instalar en mi yo cómodo y autosuficiente. Dame la capacidad de hacer crecer mis anhelos y de ponerlos al servicio de todos los que comparten, cerca o lejos, esta historia que me ha tocado vivir, para que sea más humana, más cargada de signos de vida.

CONTEMPLACIÓN:          “La puerta”

 

Tú eres la puerta

que me permite entrar

en ti y a través de ti.

Me abres el recinto sagrado

de tu misterio de amor,

y me brindas el camino

a una vida que se proyecta

hacia el infinito de posibilidades

y de eternidad.

Y ante mis puertas cerradas,

ante mis huidas fáciles,

siento la calidez de tu llamada,

que me envuelve,

y me invita a vivir

tu ser puerta y estancia,

tu ser la vida en mí.

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