Domingo IV de Pascua – Ciclo B – 2

DOMINGO IV DE PASCUA

 

 

LECTURA:         “Juan 10, 11‑18”

 

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»

 

MEDITACIÓN:         “Doy mi vida”

 

            Viniste para hablarnos de la cercanía de un Dios que nos ama, que camina con nosotros, que nos ha creado con capacidad de construir la historia desde la fuerza del amor y que nos ha dado capacidad de eternidad, como consecuencia lógica de una fuerza que una vez puesta en marcha es imparable. Pero seguimos prefiriendo mirar hacia dentro en lugar de hacia fuera, y eso mismo nos destruye. No somos capaces de atisbar que sólo aquello que se abre, que se da, que construye y que crece junto a otros está llamado a prolongarse.

            Por eso necesito escuchar tus palabras que me hablan de alguien a quien le importo, que me ama, que se preocupa por mí, que me ofrece palabras de esperanza que vienen avaladas por la verdad de su entrega.

            Es así como abres en mí deseos de darme como tú, de poner cada día lo mejor de mí mismo al servicio de todos. Soy consciente de que al mismo tiempo que lo digo, me cuesta hacerlo realidad. Mis deseos van siempre por detrás de mi realidad, de mi capacidad  y de mi voluntad, pero sé que tú miras mis deseos y los estimulas con tu fuerza, a veces, hasta los llevas sobre tus hombros, como hace el buen pastor con su oveja frágil, para poder llegar a la meta.

 

ORACIÓN:        “A tu lado”

 

            Señor, me acerco a ti en este nuevo día con el anhelo y el deseo del que quiere seguirte de cerca. Sabes que en esa andadura más de una vez me verás enredado en las zarzas del camino, atascado en pequeñas dificultades y hasta caído y herido por un sin fin de causas. Te doy gracias, porque sabiendo eso sigues contando conmigo, sigues amándome. Ahora sólo puedo ofrecerte mi querer estar en tu entorno, poder mirarte y esperar tu mirada cargada de ternura que me hace sentir que, a pesar de todo, me amas.

Mantenme a tu lado y mantén vivo mi deseo de seguirte. Que las dificultades no me aparten de ti y que mi corazón se haga cada vez más semejante al tuyo.

 

CONTEMPLACIÓN:        “Sobre tus hombros”

 

Te acercas como buen pastor,

a sanar las heridas de mi camino,

dispuesto a colocarme

sobre tus hombros

para atravesar los momentos

sombríos de mi existencia.

Huelen tus manos a amor

y tus hombros a perdón,

mientras esperas paciente

que recobre mis fuerzas

para poder seguirte.

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