Jueves 32

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vTIEMPO ORDINARIO

 
Jueves 32º
 
 
LECTURA:              Lucas 17, 20-25”
 
 
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
 
 
 
MEDITACIÓN:             “Dentro de vosotros”
 
 
            Tal vez esta es una de las afirmaciones más grandiosas que podemos recibir los seres humanos y, tal vez por eso, se nos escapa la fuerza de su contenido. Estamos acostumbrados a andar por terrenos más bajos, y cuando nos alzan a ciertas alturas nos entra vértigo y pocos prueban la experiencia.
 
            Y el caso es que, a pesar de todo, nos va lo espectacular. Nos gustan los grandes gestos. Nos gustaría experimentar milagros y de hecho nos van los montajes y espectáculos. Pero tus experiencias no van por ahí, se generan dentro, con la intención de trastocarnos profundamente y, luego sí, que se manifieste con fuerza, pero con la fuerza que tienen los gestos de amor y que pueden llegar a transformar, sin aspavientos, todas las realidades.
 
            Y ahí se coloca tu respuesta. El reino de Dios, es decir, tú, Dios, ciertamente que no eres abarcable por nuestra finitud, pero en esa realidad ínfima que somos, tú has querido, tú quieres, asentarte, establecerte, hacer tu tienda, tu morada y, desde ahí, ser nuestra fuerza, nuestro apoyo, nuestro consuelo, nuestro descanso, nuestra paz…, nuestro todo.
 
            Ése es tu gran milagro. Tan grande que se nos escapa. Y, al mismo tiempo, tan pequeño y accesible, que te conviertes en nuestra gran noticia. Cuando preguntamos dónde está Dios, ante acontecimientos o momentos que nos desbordan, la respuesta es fácil, con nosotros, sufriendo y gozando conmigo, como lo hace un padre, una madre, un amigo. No, no está espectacular y milagroso ¡menos mal!, estás sencillamente en mí, y esa es mi fuerza y mi milagro. Gracias.
 
           
ORACIÓN:             “Contigo”
 
 
            Señor, me has dicho que estás conmigo. El problema es que soy yo quien muchas veces no está contigo. Tan cerca y tan lejos. Tan ausente y tan presente. Tan invisible y tan encarnado. Por eso, te pido, Señor, que me permitas descubrirte y, en la medida de los posible, experimentarte. Pero sienta lo que sienta, permíteme recordar que siempre estás formando parte de lo más íntimo de mí, para que me sienta siempre contigo, siendo portador de ti.
 
           
CONTEMPLACIÓN:           “Mi tesoro”
 
 
Cuando no vislumbro
más que sombras
en mi interior,
y me siento lejos de ti,
tú proyectas tu palabra de luz,
y me sorprende la belleza
escondida en mí.
Y la paz de tu presencia
se me convierte
en grito gozoso
y en asombro contenido,
porque soy tu cofre
y tú mi tesoro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

TIEMPO ORDINARIO

 
Jueves 32º
 
 
LECTURA:              Lucas 17, 20-25”
 
 
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
 
 
 
MEDITACIÓN:             “Dentro de vosotros”
 
 
            Tal vez esta es una de las afirmaciones más grandiosas que podemos recibir los seres humanos y, tal vez por eso, se nos escapa la fuerza de su contenido. Estamos acostumbrados a andar por terrenos más bajos, y cuando nos alzan a ciertas alturas nos entra vértigo y pocos prueban la experiencia.
 
            Y el caso es que, a pesar de todo, nos va lo espectacular. Nos gustan los grandes gestos. Nos gustaría experimentar milagros y de hecho nos van los montajes y espectáculos. Pero tus experiencias no van por ahí, se generan dentro, con la intención de trastocarnos profundamente y, luego sí, que se manifieste con fuerza, pero con la fuerza que tienen los gestos de amor y que pueden llegar a transformar, sin aspavientos, todas las realidades.
 
            Y ahí se coloca tu respuesta. El reino de Dios, es decir, tú, Dios, ciertamente que no eres abarcable por nuestra finitud, pero en esa realidad ínfima que somos, tú has querido, tú quieres, asentarte, establecerte, hacer tu tienda, tu morada y, desde ahí, ser nuestra fuerza, nuestro apoyo, nuestro consuelo, nuestro descanso, nuestra paz…, nuestro todo.
 
            Ése es tu gran milagro. Tan grande que se nos escapa. Y, al mismo tiempo, tan pequeño y accesible, que te conviertes en nuestra gran noticia. Cuando preguntamos dónde está Dios, ante acontecimientos o momentos que nos desbordan, la respuesta es fácil, con nosotros, sufriendo y gozando conmigo, como lo hace un padre, una madre, un amigo. No, no está espectacular y milagroso ¡menos mal!, estás sencillamente en mí, y esa es mi fuerza y mi milagro. Gracias.
 
           
ORACIÓN:             “Contigo”
 
 
            Señor, me has dicho que estás conmigo. El problema es que soy yo quien muchas veces no está contigo. Tan cerca y tan lejos. Tan ausente y tan presente. Tan invisible y tan encarnado. Por eso, te pido, Señor, que me permitas descubrirte y, en la medida de los posible, experimentarte. Pero sienta lo que sienta, permíteme recordar que siempre estás formando parte de lo más íntimo de mí, para que me sienta siempre contigo, siendo portador de ti.
 
           
CONTEMPLACIÓN:           “Mi tesoro”
 
 
Cuando no vislumbro
más que sombras
en mi interior,
y me siento lejos de ti,
tú proyectas tu palabra de luz,
y me sorprende la belleza
escondida en mí.
Y la paz de tu presencia
se me convierte
en grito gozoso
y en asombro contenido,
porque soy tu cofre
y tú mi tesoro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

TIEMPO ORDINARIO

 
Jueves 32º
 
 
LECTURA:              Lucas 17, 20-25”
 
 
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
 
 
 
MEDITACIÓN:             “Dentro de vosotros”
 
 
            Tal vez esta es una de las afirmaciones más grandiosas que podemos recibir los seres humanos y, tal vez por eso, se nos escapa la fuerza de su contenido. Estamos acostumbrados a andar por terrenos más bajos, y cuando nos alzan a ciertas alturas nos entra vértigo y pocos prueban la experiencia.
 
            Y el caso es que, a pesar de todo, nos va lo espectacular. Nos gustan los grandes gestos. Nos gustaría experimentar milagros y de hecho nos van los montajes y espectáculos. Pero tus experiencias no van por ahí, se generan dentro, con la intención de trastocarnos profundamente y, luego sí, que se manifieste con fuerza, pero con la fuerza que tienen los gestos de amor y que pueden llegar a transformar, sin aspavientos, todas las realidades.
 
            Y ahí se coloca tu respuesta. El reino de Dios, es decir, tú, Dios, ciertamente que no eres abarcable por nuestra finitud, pero en esa realidad ínfima que somos, tú has querido, tú quieres, asentarte, establecerte, hacer tu tienda, tu morada y, desde ahí, ser nuestra fuerza, nuestro apoyo, nuestro consuelo, nuestro descanso, nuestra paz…, nuestro todo.
 
            Ése es tu gran milagro. Tan grande que se nos escapa. Y, al mismo tiempo, tan pequeño y accesible, que te conviertes en nuestra gran noticia. Cuando preguntamos dónde está Dios, ante acontecimientos o momentos que nos desbordan, la respuesta es fácil, con nosotros, sufriendo y gozando conmigo, como lo hace un padre, una madre, un amigo. No, no está espectacular y milagroso ¡menos mal!, estás sencillamente en mí, y esa es mi fuerza y mi milagro. Gracias.
 
           
ORACIÓN:             “Contigo”
 
 
            Señor, me has dicho que estás conmigo. El problema es que soy yo quien muchas veces no está contigo. Tan cerca y tan lejos. Tan ausente y tan presente. Tan invisible y tan encarnado. Por eso, te pido, Señor, que me permitas descubrirte y, en la medida de los posible, experimentarte. Pero sienta lo que sienta, permíteme recordar que siempre estás formando parte de lo más íntimo de mí, para que me sienta siempre contigo, siendo portador de ti.
 
           
CONTEMPLACIÓN:           “Mi tesoro”
 
 
Cuando no vislumbro
más que sombras
en mi interior,
y me siento lejos de ti,
tú proyectas tu palabra de luz,
y me sorprende la belleza
escondida en mí.
Y la paz de tu presencia
se me convierte
en grito gozoso
y en asombro contenido,
porque soy tu cofre
y tú mi tesoro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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LECTURA:              Lucas 17, 20-25”
 
 
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
 
 
 
MEDITACIÓN:             “Dentro de vosotros”
 
 
            Tal vez esta es una de las afirmaciones más grandiosas que podemos recibir los seres humanos y, tal vez por eso, se nos escapa la fuerza de su contenido. Estamos acostumbrados a andar por terrenos más bajos, y cuando nos alzan a ciertas alturas nos entra vértigo y pocos prueban la experiencia.
 
            Y el caso es que, a pesar de todo, nos va lo espectacular. Nos gustan los grandes gestos. Nos gustaría experimentar milagros y de hecho nos van los montajes y espectáculos. Pero tus experiencias no van por ahí, se generan dentro, con la intención de trastocarnos profundamente y, luego sí, que se manifieste con fuerza, pero con la fuerza que tienen los gestos de amor y que pueden llegar a transformar, sin aspavientos, todas las realidades.
 
            Y ahí se coloca tu respuesta. El reino de Dios, es decir, tú, Dios, ciertamente que no eres abarcable por nuestra finitud, pero en esa realidad ínfima que somos, tú has querido, tú quieres, asentarte, establecerte, hacer tu tienda, tu morada y, desde ahí, ser nuestra fuerza, nuestro apoyo, nuestro consuelo, nuestro descanso, nuestra paz…, nuestro todo.
 
            Ése es tu gran milagro. Tan grande que se nos escapa. Y, al mismo tiempo, tan pequeño y accesible, que te conviertes en nuestra gran noticia. Cuando preguntamos dónde está Dios, ante acontecimientos o momentos que nos desbordan, la respuesta es fácil, con nosotros, sufriendo y gozando conmigo, como lo hace un padre, una madre, un amigo. No, no está espectacular y milagroso ¡menos mal!, estás sencillamente en mí, y esa es mi fuerza y mi milagro. Gracias.
 
           
ORACIÓN:             “Contigo”
 
 
            Señor, me has dicho que estás conmigo. El problema es que soy yo quien muchas veces no está contigo. Tan cerca y tan lejos. Tan ausente y tan presente. Tan invisible y tan encarnado. Por eso, te pido, Señor, que me permitas descubrirte y, en la medida de los posible, experimentarte. Pero sienta lo que sienta, permíteme recordar que siempre estás formando parte de lo más íntimo de mí, para que me sienta siempre contigo, siendo portador de ti.
 
           
CONTEMPLACIÓN:           “Mi tesoro”
 
 
Cuando no vislumbro
más que sombras
en mi interior,
y me siento lejos de ti,
tú proyectas tu palabra de luz,
y me sorprende la belleza
escondida en mí.
Y la paz de tu presencia
se me convierte
en grito gozoso
y en asombro contenido,
porque soy tu cofre
y tú mi tesoro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

TIEMPO ORDINARIO

 
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LECTURA:              Lucas 17, 20-25”
 
 
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
 
 
 
MEDITACIÓN:             “Dentro de vosotros”
 
 
            Tal vez esta es una de las afirmaciones más grandiosas que podemos recibir los seres humanos y, tal vez por eso, se nos escapa la fuerza de su contenido. Estamos acostumbrados a andar por terrenos más bajos, y cuando nos alzan a ciertas alturas nos entra vértigo y pocos prueban la experiencia.
 
            Y el caso es que, a pesar de todo, nos va lo espectacular. Nos gustan los grandes gestos. Nos gustaría experimentar milagros y de hecho nos van los montajes y espectáculos. Pero tus experiencias no van por ahí, se generan dentro, con la intención de trastocarnos profundamente y, luego sí, que se manifieste con fuerza, pero con la fuerza que tienen los gestos de amor y que pueden llegar a transformar, sin aspavientos, todas las realidades.
 
            Y ahí se coloca tu respuesta. El reino de Dios, es decir, tú, Dios, ciertamente que no eres abarcable por nuestra finitud, pero en esa realidad ínfima que somos, tú has querido, tú quieres, asentarte, establecerte, hacer tu tienda, tu morada y, desde ahí, ser nuestra fuerza, nuestro apoyo, nuestro consuelo, nuestro descanso, nuestra paz…, nuestro todo.
 
            Ése es tu gran milagro. Tan grande que se nos escapa. Y, al mismo tiempo, tan pequeño y accesible, que te conviertes en nuestra gran noticia. Cuando preguntamos dónde está Dios, ante acontecimientos o momentos que nos desbordan, la respuesta es fácil, con nosotros, sufriendo y gozando conmigo, como lo hace un padre, una madre, un amigo. No, no está espectacular y milagroso ¡menos mal!, estás sencillamente en mí, y esa es mi fuerza y mi milagro. Gracias.
 
           
ORACIÓN:             “Contigo”
 
 
            Señor, me has dicho que estás conmigo. El problema es que soy yo quien muchas veces no está contigo. Tan cerca y tan lejos. Tan ausente y tan presente. Tan invisible y tan encarnado. Por eso, te pido, Señor, que me permitas descubrirte y, en la medida de los posible, experimentarte. Pero sienta lo que sienta, permíteme recordar que siempre estás formando parte de lo más íntimo de mí, para que me sienta siempre contigo, siendo portador de ti.
 
           
CONTEMPLACIÓN:           “Mi tesoro”
 
 
Cuando no vislumbro
más que sombras
en mi interior,
y me siento lejos de ti,
tú proyectas tu palabra de luz,
y me sorprende la belleza
escondida en mí.
Y la paz de tu presencia
se me convierte
en grito gozoso
y en asombro contenido,
porque soy tu cofre
y tú mi tesoro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

TIEMPO ORDINARIO

 
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LECTURA:              Lucas 17, 20-25”
 
 
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
 
 
 
MEDITACIÓN:             “Dentro de vosotros”
 
 
            Tal vez esta es una de las afirmaciones más grandiosas que podemos recibir los seres humanos y, tal vez por eso, se nos escapa la fuerza de su contenido. Estamos acostumbrados a andar por terrenos más bajos, y cuando nos alzan a ciertas alturas nos entra vértigo y pocos prueban la experiencia.
 
            Y el caso es que, a pesar de todo, nos va lo espectacular. Nos gustan los grandes gestos. Nos gustaría experimentar milagros y de hecho nos van los montajes y espectáculos. Pero tus experiencias no van por ahí, se generan dentro, con la intención de trastocarnos profundamente y, luego sí, que se manifieste con fuerza, pero con la fuerza que tienen los gestos de amor y que pueden llegar a transformar, sin aspavientos, todas las realidades.
 
            Y ahí se coloca tu respuesta. El reino de Dios, es decir, tú, Dios, ciertamente que no eres abarcable por nuestra finitud, pero en esa realidad ínfima que somos, tú has querido, tú quieres, asentarte, establecerte, hacer tu tienda, tu morada y, desde ahí, ser nuestra fuerza, nuestro apoyo, nuestro consuelo, nuestro descanso, nuestra paz…, nuestro todo.
 
            Ése es tu gran milagro. Tan grande que se nos escapa. Y, al mismo tiempo, tan pequeño y accesible, que te conviertes en nuestra gran noticia. Cuando preguntamos dónde está Dios, ante acontecimientos o momentos que nos desbordan, la respuesta es fácil, con nosotros, sufriendo y gozando conmigo, como lo hace un padre, una madre, un amigo. No, no está espectacular y milagroso ¡menos mal!, estás sencillamente en mí, y esa es mi fuerza y mi milagro. Gracias.
 
           
ORACIÓN:             “Contigo”
 
 
            Señor, me has dicho que estás conmigo. El problema es que soy yo quien muchas veces no está contigo. Tan cerca y tan lejos. Tan ausente y tan presente. Tan invisible y tan encarnado. Por eso, te pido, Señor, que me permitas descubrirte y, en la medida de los posible, experimentarte. Pero sienta lo que sienta, permíteme recordar que siempre estás formando parte de lo más íntimo de mí, para que me sienta siempre contigo, siendo portador de ti.
 
           
CONTEMPLACIÓN:           “Mi tesoro”
 
 
Cuando no vislumbro
más que sombras
en mi interior,
y me siento lejos de ti,
tú proyectas tu palabra de luz,
y me sorprende la belleza
escondida en mí.
Y la paz de tu presencia
se me convierte
en grito gozoso
y en asombro contenido,
porque soy tu cofre
y tú mi tesoro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
 
 
 
MEDITACIÓN:             “Dentro de vosotros”
 
 
            Tal vez esta es una de las afirmaciones más grandiosas que podemos recibir los seres humanos y, tal vez por eso, se nos escapa la fuerza de su contenido. Estamos acostumbrados a andar por terrenos más bajos, y cuando nos alzan a ciertas alturas nos entra vértigo y pocos prueban la experiencia.
 
            Y el caso es que, a pesar de todo, nos va lo espectacular. Nos gustan los grandes gestos. Nos gustaría experimentar milagros y de hecho nos van los montajes y espectáculos. Pero tus experiencias no van por ahí, se generan dentro, con la intención de trastocarnos profundamente y, luego sí, que se manifieste con fuerza, pero con la fuerza que tienen los gestos de amor y que pueden llegar a transformar, sin aspavientos, todas las realidades.
 
            Y ahí se coloca tu respuesta. El reino de Dios, es decir, tú, Dios, ciertamente que no eres abarcable por nuestra finitud, pero en esa realidad ínfima que somos, tú has querido, tú quieres, asentarte, establecerte, hacer tu tienda, tu morada y, desde ahí, ser nuestra fuerza, nuestro apoyo, nuestro consuelo, nuestro descanso, nuestra paz…, nuestro todo.
 
            Ése es tu gran milagro. Tan grande que se nos escapa. Y, al mismo tiempo, tan pequeño y accesible, que te conviertes en nuestra gran noticia. Cuando preguntamos dónde está Dios, ante acontecimientos o momentos que nos desbordan, la respuesta es fácil, con nosotros, sufriendo y gozando conmigo, como lo hace un padre, una madre, un amigo. No, no está espectacular y milagroso ¡menos mal!, estás sencillamente en mí, y esa es mi fuerza y mi milagro. Gracias.
 
           
ORACIÓN:             “Contigo”
 
 
            Señor, me has dicho que estás conmigo. El problema es que soy yo quien muchas veces no está contigo. Tan cerca y tan lejos. Tan ausente y tan presente. Tan invisible y tan encarnado. Por eso, te pido, Señor, que me permitas descubrirte y, en la medida de los posible, experimentarte. Pero sienta lo que sienta, permíteme recordar que siempre estás formando parte de lo más íntimo de mí, para que me sienta siempre contigo, siendo portador de ti.
 
           
CONTEMPLACIÓN:           “Mi tesoro”
 
 
Cuando no vislumbro
más que sombras
en mi interior,
y me siento lejos de ti,
tú proyectas tu palabra de luz,
y me sorprende la belleza
escondida en mí.
Y la paz de tu presencia
se me convierte
en grito gozoso
y en asombro contenido,
porque soy tu cofre
y tú mi tesoro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
 
 
 
MEDITACIÓN:             “Dentro de vosotros”
 
 
            Tal vez esta es una de las afirmaciones más grandiosas que podemos recibir los seres humanos y, tal vez por eso, se nos escapa la fuerza de su contenido. Estamos acostumbrados a andar por terrenos más bajos, y cuando nos alzan a ciertas alturas nos entra vértigo y pocos prueban la experiencia.
 
            Y el caso es que, a pesar de todo, nos va lo espectacular. Nos gustan los grandes gestos. Nos gustaría experimentar milagros y de hecho nos van los montajes y espectáculos. Pero tus experiencias no van por ahí, se generan dentro, con la intención de trastocarnos profundamente y, luego sí, que se manifieste con fuerza, pero con la fuerza que tienen los gestos de amor y que pueden llegar a transformar, sin aspavientos, todas las realidades.
 
            Y ahí se coloca tu respuesta. El reino de Dios, es decir, tú, Dios, ciertamente que no eres abarcable por nuestra finitud, pero en esa realidad ínfima que somos, tú has querido, tú quieres, asentarte, establecerte, hacer tu tienda, tu morada y, desde ahí, ser nuestra fuerza, nuestro apoyo, nuestro consuelo, nuestro descanso, nuestra paz…, nuestro todo.
 
            Ése es tu gran milagro. Tan grande que se nos escapa. Y, al mismo tiempo, tan pequeño y accesible, que te conviertes en nuestra gran noticia. Cuando preguntamos dónde está Dios, ante acontecimientos o momentos que nos desbordan, la respuesta es fácil, con nosotros, sufriendo y gozando conmigo, como lo hace un padre, una madre, un amigo. No, no está espectacular y milagroso ¡menos mal!, estás sencillamente en mí, y esa es mi fuerza y mi milagro. Gracias.
 
           
ORACIÓN:             “Contigo”
 
 
            Señor, me has dicho que estás conmigo. El problema es que soy yo quien muchas veces no está contigo. Tan cerca y tan lejos. Tan ausente y tan presente. Tan invisible y tan encarnado. Por eso, te pido, Señor, que me permitas descubrirte y, en la medida de los posible, experimentarte. Pero sienta lo que sienta, permíteme recordar que siempre estás formando parte de lo más íntimo de mí, para que me sienta siempre contigo, siendo portador de ti.
 
           
CONTEMPLACIÓN:           “Mi tesoro”
 
 
Cuando no vislumbro
más que sombras
en mi interior,
y me siento lejos de ti,
tú proyectas tu palabra de luz,
y me sorprende la belleza
escondida en mí.
Y la paz de tu presencia
se me convierte
en grito gozoso
y en asombro contenido,
porque soy tu cofre
y tú mi tesoro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

TIEMPO ORDINARIO

 
Jueves 32º
 
 
LECTURA:              Lucas 17, 20-25”
 
 
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
 
 
 
MEDITACIÓN:             “Dentro de vosotros”
 
 
            Tal vez esta es una de las afirmaciones más grandiosas que podemos recibir los seres humanos y, tal vez por eso, se nos escapa la fuerza de su contenido. Estamos acostumbrados a andar por terrenos más bajos, y cuando nos alzan a ciertas alturas nos entra vértigo y pocos prueban la experiencia.
 
            Y el caso es que, a pesar de todo, nos va lo espectacular. Nos gustan los grandes gestos. Nos gustaría experimentar milagros y de hecho nos van los montajes y espectáculos. Pero tus experiencias no van por ahí, se generan dentro, con la intención de trastocarnos profundamente y, luego sí, que se manifieste con fuerza, pero con la fuerza que tienen los gestos de amor y que pueden llegar a transformar, sin aspavientos, todas las realidades.
 
            Y ahí se coloca tu respuesta. El reino de Dios, es decir, tú, Dios, ciertamente que no eres abarcable por nuestra finitud, pero en esa realidad ínfima que somos, tú has querido, tú quieres, asentarte, establecerte, hacer tu tienda, tu morada y, desde ahí, ser nuestra fuerza, nuestro apoyo, nuestro consuelo, nuestro descanso, nuestra paz…, nuestro todo.
 
            Ése es tu gran milagro. Tan grande que se nos escapa. Y, al mismo tiempo, tan pequeño y accesible, que te conviertes en nuestra gran noticia. Cuando preguntamos dónde está Dios, ante acontecimientos o momentos que nos desbordan, la respuesta es fácil, con nosotros, sufriendo y gozando conmigo, como lo hace un padre, una madre, un amigo. No, no está espectacular y milagroso ¡menos mal!, estás sencillamente en mí, y esa es mi fuerza y mi milagro. Gracias.
 
           
ORACIÓN:             “Contigo”
 
 
            Señor, me has dicho que estás conmigo. El problema es que soy yo quien muchas veces no está contigo. Tan cerca y tan lejos. Tan ausente y tan presente. Tan invisible y tan encarnado. Por eso, te pido, Señor, que me permitas descubrirte y, en la medida de los posible, experimentarte. Pero sienta lo que sienta, permíteme recordar que siempre estás formando parte de lo más íntimo de mí, para que me sienta siempre contigo, siendo portador de ti.
 
           
CONTEMPLACIÓN:           “Mi tesoro”
 
 
Cuando no vislumbro
más que sombras
en mi interior,
y me siento lejos de ti,
tú proyectas tu palabra de luz,
y me sorprende la belleza
escondida en mí.
Y la paz de tu presencia
se me convierte
en grito gozoso
y en asombro contenido,
porque soy tu cofre
y tú mi tesoro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

TIEMPO ORDINARIO

 
Jueves 32º
 
 
LECTURA:              Lucas 17, 20-25”
 
 
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
 
 
 
MEDITACIÓN:             “Dentro de vosotros”
 
 
            Tal vez esta es una de las afirmaciones más grandiosas que podemos recibir los seres humanos y, tal vez por eso, se nos escapa la fuerza de su contenido. Estamos acostumbrados a andar por terrenos más bajos, y cuando nos alzan a ciertas alturas nos entra vértigo y pocos prueban la experiencia.
 
            Y el caso es que, a pesar de todo, nos va lo espectacular. Nos gustan los grandes gestos. Nos gustaría experimentar milagros y de hecho nos van los montajes y espectáculos. Pero tus experiencias no van por ahí, se generan dentro, con la intención de trastocarnos profundamente y, luego sí, que se manifieste con fuerza, pero con la fuerza que tienen los gestos de amor y que pueden llegar a transformar, sin aspavientos, todas las realidades.
 
            Y ahí se coloca tu respuesta. El reino de Dios, es decir, tú, Dios, ciertamente que no eres abarcable por nuestra finitud, pero en esa realidad ínfima que somos, tú has querido, tú quieres, asentarte, establecerte, hacer tu tienda, tu morada y, desde ahí, ser nuestra fuerza, nuestro apoyo, nuestro consuelo, nuestro descanso, nuestra paz…, nuestro todo.
 
            Ése es tu gran milagro. Tan grande que se nos escapa. Y, al mismo tiempo, tan pequeño y accesible, que te conviertes en nuestra gran noticia. Cuando preguntamos dónde está Dios, ante acontecimientos o momentos que nos desbordan, la respuesta es fácil, con nosotros, sufriendo y gozando conmigo, como lo hace un padre, una madre, un amigo. No, no está espectacular y milagroso ¡menos mal!, estás sencillamente en mí, y esa es mi fuerza y mi milagro. Gracias.
 
           
ORACIÓN:             “Contigo”
 
 
            Señor, me has dicho que estás conmigo. El problema es que soy yo quien muchas veces no está contigo. Tan cerca y tan lejos. Tan ausente y tan presente. Tan invisible y tan encarnado. Por eso, te pido, Señor, que me permitas descubrirte y, en la medida de los posible, experimentarte. Pero sienta lo que sienta, permíteme recordar que siempre estás formando parte de lo más íntimo de mí, para que me sienta siempre contigo, siendo portador de ti.
 
           
CONTEMPLACIÓN:           “Mi tesoro”
 
 
Cuando no vislumbro
más que sombras
en mi interior,
y me siento lejos de ti,
tú proyectas tu palabra de luz,
y me sorprende la belleza
escondida en mí.
Y la paz de tu presencia
se me convierte
en grito gozoso
y en asombro contenido,
porque soy tu cofre
y tú mi tesoro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

TIEMPO ORDINARIO

 
Jueves 32º
 
 
LECTURA:              Lucas 17, 20-25”
 
 
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
 
 
 
MEDITACIÓN:             “Dentro de vosotros”
 
 
            Tal vez esta es una de las afirmaciones más grandiosas que podemos recibir los seres humanos y, tal vez por eso, se nos escapa la fuerza de su contenido. Estamos acostumbrados a andar por terrenos más bajos, y cuando nos alzan a ciertas alturas nos entra vértigo y pocos prueban la experiencia.
 
            Y el caso es que, a pesar de todo, nos va lo espectacular. Nos gustan los grandes gestos. Nos gustaría experimentar milagros y de hecho nos van los montajes y espectáculos. Pero tus experiencias no van por ahí, se generan dentro, con la intención de trastocarnos profundamente y, luego sí, que se manifieste con fuerza, pero con la fuerza que tienen los gestos de amor y que pueden llegar a transformar, sin aspavientos, todas las realidades.
 
            Y ahí se coloca tu respuesta. El reino de Dios, es decir, tú, Dios, ciertamente que no eres abarcable por nuestra finitud, pero en esa realidad ínfima que somos, tú has querido, tú quieres, asentarte, establecerte, hacer tu tienda, tu morada y, desde ahí, ser nuestra fuerza, nuestro apoyo, nuestro consuelo, nuestro descanso, nuestra paz…, nuestro todo.
 
            Ése es tu gran milagro. Tan grande que se nos escapa. Y, al mismo tiempo, tan pequeño y accesible, que te conviertes en nuestra gran noticia. Cuando preguntamos dónde está Dios, ante acontecimientos o momentos que nos desbordan, la respuesta es fácil, con nosotros, sufriendo y gozando conmigo, como lo hace un padre, una madre, un amigo. No, no está espectacular y milagroso ¡menos mal!, estás sencillamente en mí, y esa es mi fuerza y mi milagro. Gracias.
 
           
ORACIÓN:             “Contigo”
 
 
            Señor, me has dicho que estás conmigo. El problema es que soy yo quien muchas veces no está contigo. Tan cerca y tan lejos. Tan ausente y tan presente. Tan invisible y tan encarnado. Por eso, te pido, Señor, que me permitas descubrirte y, en la medida de los posible, experimentarte. Pero sienta lo que sienta, permíteme recordar que siempre estás formando parte de lo más íntimo de mí, para que me sienta siempre contigo, siendo portador de ti.
 
           
CONTEMPLACIÓN:           “Mi tesoro”
 
 
Cuando no vislumbro
más que sombras
en mi interior,
y me siento lejos de ti,
tú proyectas tu palabra de luz,
y me sorprende la belleza
escondida en mí.
Y la paz de tu presencia
se me convierte
en grito gozoso
y en asombro contenido,
porque soy tu cofre
y tú mi tesoro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

TIEMPO ORDINARIO

 
Jueves 32º
 
 
LECTURA:              Lucas 17, 20-25”
 
 
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
 
 
 
MEDITACIÓN:             “Dentro de vosotros”
 
 
            Tal vez esta es una de las afirmaciones más grandiosas que podemos recibir los seres humanos y, tal vez por eso, se nos escapa la fuerza de su contenido. Estamos acostumbrados a andar por terrenos más bajos, y cuando nos alzan a ciertas alturas nos entra vértigo y pocos prueban la experiencia.
 
            Y el caso es que, a pesar de todo, nos va lo espectacular. Nos gustan los grandes gestos. Nos gustaría experimentar milagros y de hecho nos van los montajes y espectáculos. Pero tus experiencias no van por ahí, se generan dentro, con la intención de trastocarnos profundamente y, luego sí, que se manifieste con fuerza, pero con la fuerza que tienen los gestos de amor y que pueden llegar a transformar, sin aspavientos, todas las realidades.
 
            Y ahí se coloca tu respuesta. El reino de Dios, es decir, tú, Dios, ciertamente que no eres abarcable por nuestra finitud, pero en esa realidad ínfima que somos, tú has querido, tú quieres, asentarte, establecerte, hacer tu tienda, tu morada y, desde ahí, ser nuestra fuerza, nuestro apoyo, nuestro consuelo, nuestro descanso, nuestra paz…, nuestro todo.
 
            Ése es tu gran milagro. Tan grande que se nos escapa. Y, al mismo tiempo, tan pequeño y accesible, que te conviertes en nuestra gran noticia. Cuando preguntamos dónde está Dios, ante acontecimientos o momentos que nos desbordan, la respuesta es fácil, con nosotros, sufriendo y gozando conmigo, como lo hace un padre, una madre, un amigo. No, no está espectacular y milagroso ¡menos mal!, estás sencillamente en mí, y esa es mi fuerza y mi milagro. Gracias.
 
           
ORACIÓN:             “Contigo”
 
 
            Señor, me has dicho que estás conmigo. El problema es que soy yo quien muchas veces no está contigo. Tan cerca y tan lejos. Tan ausente y tan presente. Tan invisible y tan encarnado. Por eso, te pido, Señor, que me permitas descubrirte y, en la medida de los posible, experimentarte. Pero sienta lo que sienta, permíteme recordar que siempre estás formando parte de lo más íntimo de mí, para que me sienta siempre contigo, siendo portador de ti.
 
           
CONTEMPLACIÓN:           “Mi tesoro”
 
 
Cuando no vislumbro
más que sombras
en mi interior,
y me siento lejos de ti,
tú proyectas tu palabra de luz,
y me sorprende la belleza
escondida en mí.
Y la paz de tu presencia
se me convierte
en grito gozoso
y en asombro contenido,
porque soy tu cofre
y tú mi tesoro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

TIEMPO ORDINARIO

 
Jueves 32º
 
 
LECTURA:              Lucas 17, 20-25”
 
 
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
 
 
 
MEDITACIÓN:             “Dentro de vosotros”
 
 
            Tal vez esta es una de las afirmaciones más grandiosas que podemos recibir los seres humanos y, tal vez por eso, se nos escapa la fuerza de su contenido. Estamos acostumbrados a andar por terrenos más bajos, y cuando nos alzan a ciertas alturas nos entra vértigo y pocos prueban la experiencia.
 
            Y el caso es que, a pesar de todo, nos va lo espectacular. Nos gustan los grandes gestos. Nos gustaría experimentar milagros y de hecho nos van los montajes y espectáculos. Pero tus experiencias no van por ahí, se generan dentro, con la intención de trastocarnos profundamente y, luego sí, que se manifieste con fuerza, pero con la fuerza que tienen los gestos de amor y que pueden llegar a transformar, sin aspavientos, todas las realidades.
 
            Y ahí se coloca tu respuesta. El reino de Dios, es decir, tú, Dios, ciertamente que no eres abarcable por nuestra finitud, pero en esa realidad ínfima que somos, tú has querido, tú quieres, asentarte, establecerte, hacer tu tienda, tu morada y, desde ahí, ser nuestra fuerza, nuestro apoyo, nuestro consuelo, nuestro descanso, nuestra paz…, nuestro todo.
 
            Ése es tu gran milagro. Tan grande que se nos escapa. Y, al mismo tiempo, tan pequeño y accesible, que te conviertes en nuestra gran noticia. Cuando preguntamos dónde está Dios, ante acontecimientos o momentos que nos desbordan, la respuesta es fácil, con nosotros, sufriendo y gozando conmigo, como lo hace un padre, una madre, un amigo. No, no está espectacular y milagroso ¡menos mal!, estás sencillamente en mí, y esa es mi fuerza y mi milagro. Gracias.
 
           
ORACIÓN:             “Contigo”
 
 
            Señor, me has dicho que estás conmigo. El problema es que soy yo quien muchas veces no está contigo. Tan cerca y tan lejos. Tan ausente y tan presente. Tan invisible y tan encarnado. Por eso, te pido, Señor, que me permitas descubrirte y, en la medida de los posible, experimentarte. Pero sienta lo que sienta, permíteme recordar que siempre estás formando parte de lo más íntimo de mí, para que me sienta siempre contigo, siendo portador de ti.
 
           
CONTEMPLACIÓN:           “Mi tesoro”
 
 
Cuando no vislumbro
más que sombras
en mi interior,
y me siento lejos de ti,
tú proyectas tu palabra de luz,
y me sorprende la belleza
escondida en mí.
Y la paz de tu presencia
se me convierte
en grito gozoso
y en asombro contenido,
porque soy tu cofre
y tú mi tesoro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

TIEMPO ORDINARIO

 
Jueves 32º
 
 
LECTURA:              Lucas 17, 20-25”
 
 
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
 
 
 
MEDITACIÓN:             “Dentro de vosotros”
 
 
            Tal vez esta es una de las afirmaciones más grandiosas que podemos recibir los seres humanos y, tal vez por eso, se nos escapa la fuerza de su contenido. Estamos acostumbrados a andar por terrenos más bajos, y cuando nos alzan a ciertas alturas nos entra vértigo y pocos prueban la experiencia.
 
            Y el caso es que, a pesar de todo, nos va lo espectacular. Nos gustan los grandes gestos. Nos gustaría experimentar milagros y de hecho nos van los montajes y espectáculos. Pero tus experiencias no van por ahí, se generan dentro, con la intención de trastocarnos profundamente y, luego sí, que se manifieste con fuerza, pero con la fuerza que tienen los gestos de amor y que pueden llegar a transformar, sin aspavientos, todas las realidades.
 
            Y ahí se coloca tu respuesta. El reino de Dios, es decir, tú, Dios, ciertamente que no eres abarcable por nuestra finitud, pero en esa realidad ínfima que somos, tú has querido, tú quieres, asentarte, establecerte, hacer tu tienda, tu morada y, desde ahí, ser nuestra fuerza, nuestro apoyo, nuestro consuelo, nuestro descanso, nuestra paz…, nuestro todo.
 
            Ése es tu gran milagro. Tan grande que se nos escapa. Y, al mismo tiempo, tan pequeño y accesible, que te conviertes en nuestra gran noticia. Cuando preguntamos dónde está Dios, ante acontecimientos o momentos que nos desbordan, la respuesta es fácil, con nosotros, sufriendo y gozando conmigo, como lo hace un padre, una madre, un amigo. No, no está espectacular y milagroso ¡menos mal!, estás sencillamente en mí, y esa es mi fuerza y mi milagro. Gracias.
 
           
ORACIÓN:             “Contigo”
 
 
            Señor, me has dicho que estás conmigo. El problema es que soy yo quien muchas veces no está contigo. Tan cerca y tan lejos. Tan ausente y tan presente. Tan invisible y tan encarnado. Por eso, te pido, Señor, que me permitas descubrirte y, en la medida de los posible, experimentarte. Pero sienta lo que sienta, permíteme recordar que siempre estás formando parte de lo más íntimo de mí, para que me sienta siempre contigo, siendo portador de ti.
 
           
CONTEMPLACIÓN:           “Mi tesoro”
 
 
Cuando no vislumbro
más que sombras
en mi interior,
y me siento lejos de ti,
tú proyectas tu palabra de luz,
y me sorprende la belleza
escondida en mí.
Y la paz de tu presencia
se me convierte
en grito gozoso
y en asombro contenido,
porque soy tu cofre
y tú mi tesoro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

TIEMPO ORDINARIO

 
Jueves 32º
 
 
LECTURA:              Lucas 17, 20-25”
 
 
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
 
 
 
MEDITACIÓN:             “Dentro de vosotros”
 
 
            Tal vez esta es una de las afirmaciones más grandiosas que podemos recibir los seres humanos y, tal vez por eso, se nos escapa la fuerza de su contenido. Estamos acostumbrados a andar por terrenos más bajos, y cuando nos alzan a ciertas alturas nos entra vértigo y pocos prueban la experiencia.
 
            Y el caso es que, a pesar de todo, nos va lo espectacular. Nos gustan los grandes gestos. Nos gustaría experimentar milagros y de hecho nos van los montajes y espectáculos. Pero tus experiencias no van por ahí, se generan dentro, con la intención de trastocarnos profundamente y, luego sí, que se manifieste con fuerza, pero con la fuerza que tienen los gestos de amor y que pueden llegar a transformar, sin aspavientos, todas las realidades.
 
            Y ahí se coloca tu respuesta. El reino de Dios, es decir, tú, Dios, ciertamente que no eres abarcable por nuestra finitud, pero en esa realidad ínfima que somos, tú has querido, tú quieres, asentarte, establecerte, hacer tu tienda, tu morada y, desde ahí, ser nuestra fuerza, nuestro apoyo, nuestro consuelo, nuestro descanso, nuestra paz…, nuestro todo.
 
            Ése es tu gran milagro. Tan grande que se nos escapa. Y, al mismo tiempo, tan pequeño y accesible, que te conviertes en nuestra gran noticia. Cuando preguntamos dónde está Dios, ante acontecimientos o momentos que nos desbordan, la respuesta es fácil, con nosotros, sufriendo y gozando conmigo, como lo hace un padre, una madre, un amigo. No, no está espectacular y milagroso ¡menos mal!, estás sencillamente en mí, y esa es mi fuerza y mi milagro. Gracias.
 
           
ORACIÓN:             “Contigo”
 
 
            Señor, me has dicho que estás conmigo. El problema es que soy yo quien muchas veces no está contigo. Tan cerca y tan lejos. Tan ausente y tan presente. Tan invisible y tan encarnado. Por eso, te pido, Señor, que me permitas descubrirte y, en la medida de los posible, experimentarte. Pero sienta lo que sienta, permíteme recordar que siempre estás formando parte de lo más íntimo de mí, para que me sienta siempre contigo, siendo portador de ti.
 
           
CONTEMPLACIÓN:           “Mi tesoro”
 
 
Cuando no vislumbro
más que sombras
en mi interior,
y me siento lejos de ti,
tú proyectas tu palabra de luz,
y me sorprende la belleza
escondida en mí.
Y la paz de tu presencia
se me convierte
en grito gozoso
y en asombro contenido,
porque soy tu cofre
y tú mi tesoro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

TIEMPO ORDINARIO

 
Jueves 32º
 
 
LECTURA:              Lucas 17, 20-25”
 
 
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
 
 
 
MEDITACIÓN:             “Dentro de vosotros”
 
 
            Tal vez esta es una de las afirmaciones más grandiosas que podemos recibir los seres humanos y, tal vez por eso, se nos escapa la fuerza de su contenido. Estamos acostumbrados a andar por terrenos más bajos, y cuando nos alzan a ciertas alturas nos entra vértigo y pocos prueban la experiencia.
 
            Y el caso es que, a pesar de todo, nos va lo espectacular. Nos gustan los grandes gestos. Nos gustaría experimentar milagros y de hecho nos van los montajes y espectáculos. Pero tus experiencias no van por ahí, se generan dentro, con la intención de trastocarnos profundamente y, luego sí, que se manifieste con fuerza, pero con la fuerza que tienen los gestos de amor y que pueden llegar a transformar, sin aspavientos, todas las realidades.
 
            Y ahí se coloca tu respuesta. El reino de Dios, es decir, tú, Dios, ciertamente que no eres abarcable por nuestra finitud, pero en esa realidad ínfima que somos, tú has querido, tú quieres, asentarte, establecerte, hacer tu tienda, tu morada y, desde ahí, ser nuestra fuerza, nuestro apoyo, nuestro consuelo, nuestro descanso, nuestra paz…, nuestro todo.
 
            Ése es tu gran milagro. Tan grande que se nos escapa. Y, al mismo tiempo, tan pequeño y accesible, que te conviertes en nuestra gran noticia. Cuando preguntamos dónde está Dios, ante acontecimientos o momentos que nos desbordan, la respuesta es fácil, con nosotros, sufriendo y gozando conmigo, como lo hace un padre, una madre, un amigo. No, no está espectacular y milagroso ¡menos mal!, estás sencillamente en mí, y esa es mi fuerza y mi milagro. Gracias.
 
           
ORACIÓN:             “Contigo”
 
 
            Señor, me has dicho que estás conmigo. El problema es que soy yo quien muchas veces no está contigo. Tan cerca y tan lejos. Tan ausente y tan presente. Tan invisible y tan encarnado. Por eso, te pido, Señor, que me permitas descubrirte y, en la medida de los posible, experimentarte. Pero sienta lo que sienta, permíteme recordar que siempre estás formando parte de lo más íntimo de mí, para que me sienta siempre contigo, siendo portador de ti.
 
           
CONTEMPLACIÓN:           “Mi tesoro”
 
 
Cuando no vislumbro
más que sombras
en mi interior,
y me siento lejos de ti,
tú proyectas tu palabra de luz,
y me sorprende la belleza
escondida en mí.
Y la paz de tu presencia
se me convierte
en grito gozoso
y en asombro contenido,
porque soy tu cofre
y tú mi tesoro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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