481. –Perfección de vida.

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 Más el que tenga prisa por llegar a una perfección de vida, tiene su disposición las enseñanzas de los santos Padres, que si se ponen en práctica llevan al hombre hasta la perfección. Porque efectivamente ¿hay alguna página o palabra inspirada por Dios, en el Antiguo o Nuevo Testamento que no sea una norma rectísima para la vida del hombre? 73, 2‑3.

A las almas ansiosas de realizar plenamente el ideal monástico, S. Benito indica en pocas palabras cuales son las fuentes en las que podrán encontrar un complemento de información sobrenatural.
                 S. Benito se dirige en este capítulo a aquellos monjes que aspiran a progresar en los caminos de la vida contemplativa ofreciéndoles unos medios que la experiencia ha demostrado ser eficaces:”las enseñanzas de los santos Padres”.
Posiblemente bajo esta denominación se refiere a todos nuestros Padres en la Fe. A todos los que escribieron sobre Dios y sobre temas sobrenaturales, comenzando por los autores inspirados.
A renglón seguido, S. Benito enumera tres categorías de obras. En primer lugar la sagrada Biblia, que es como el manual de los monjes. No leyéndola como racionalistas o como simples críticos, sino rodeándola con el mismo respeto que la eucaristía.
Pero como la Escritura no agota todo el pensamiento de Dios, añadimos el estudio de los Padres, que son órganos fieles de la tradición y en cuyas obras encontramos un perfecto comentario de la Biblia.
En el monasterio por tanto hay tres series de obras que son objeto de lectura pública bien el coro, bien en el comedor. Y a cada una de ellas les asigna S. Benito un papel determinado. La Escritura es norma rectísima para la vida del hombre. La vida de los Padres conduce a la cumbre de la perfección. Los Padres de la Iglesia nos impulsan a correr hasta llegar a nuestro creador.
La Escritura y los Padres son patrimonio de todo cristiano. Existen otros libros que son como el legado especial de los monjes y nos ponen en comunión con el espíritu de nuestros predecesores. S. Benito menciona las obras más leídas en su tiempo. Las Colaciones en la que Casiano resume en conferencias la doctrina de los monjes orientales. Los Instituta del mismo autor, la Vita Patrum, la Regla del que entonces era considerado como el más importante legislador monástico, S. Basilio.
Estos libros son un compendio de virtudes monásticas y un estímulo cuando nos encontramos cansados espiritualmente. Su lectura nos llena de confusión sigue diciendo S. Benito al compararnos y ver nuestra negligencia
Todo este párrafo de la Regla contiene una profunda lección e interés para nuestra vida monástica. Si nos alejamos de las fuentes doctrinales en las que bebieron nuestros Padres, la vida monástica languidece.
Es evidente la importancia que da S. Benito a estas lecturas, al unirlas al progreso moral y espiritual del monje. La leotio divina, la Biblia, los Padres, proporcionan la monje las normas superiores y el impulso necesario para escalar la cima de la perfección. Seguir las huellas de los monjes antiguos, inspirándose en sus enseñanzas, no es ser infiel a la R.B, sino todo lo contrario, obedecer sus directrices perfectamente claras y pasar de monjes perezosos y negligentes a ser monjes de santa vida.
No es preciso subrayar por ser evidente, la excepcional importancia que S. Benito concede a la lectura al unirla tan íntimamente al progreso moral del monje.
Todo este párrafo de la Regla contiene una profunda lección respecto al interés supremo de nuestra vida monástica, a la calidad de nuestras lecturas y trabajos. Si nos alejamos de las fuentes doctrinales que alimentaron a nuestros Padres, la vida monástica languidece. Cierto que la literatura cristiana se ha enriquecido después de S. Benito, pero la pequeña biblioteca que ha aconsejado no ha envejecido. La misma Iglesia apenas utiliza para las lecturas oficiales otros libros que lo que ha señalado S. Benito.

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