276.- De la humildad.

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 Para S. Benito la obediencia, el silencio y la humildad son inseparables. La humildad es la actitud básica para crecer a partir de la obediencia  y el silencio.
Si S. Benito coloca el capítulo de la obediencia y del silencio por delante del de la humildad no es por causalidad. Como tampoco lo es que dentro del capítulo de la humildad, los cuatro primeros grados se ocupen de la obediencia y  el último del silencio.
Por la obediencia se presta oídos a los mandamientos del Señor y a sus preceptos tal como nos  llegan a través de las órdenes del abad. En el silencio presto  oído a la doctrina del Señor que me muestra el camino que me lleva a la vida  y al igual que la obediencia, este camino no es solamente vertical, sino también horizontal. En este camino el silencio está abierto a la palabra de Dios, también  se presta oído a las palabras del abad y de los hermanos. También puede verse en el prójimo la presencia de Dios.
S. Benito comprende la vida espiritual como un camino e invita a cada monje  a tomar ese camino de  trasformación. Para Benito se trata de un camino de salvación. Un camino en el que el monje llega a alcanzar la salud y la integridad.
 Vida espiritual significa para Benito estar en camino. Y en ese camino hay que afrontar riesgos y esfuerzos. Y para avanzar pro ese camino se necesitan métodos.  Así, describe el camino con la imagen del arte espiritual. En el capítulo IV nos ha presentado las herramientas del arte espiritual, con las cuales avanzamos en nuestro camino.
 Con la expresión de “arte espiritual” Benito traduce el concepto griego  de áskesis .Ascética significa en su significado original, el trabajo artístico sobre un objeto, así como el ejercicio  corporal y la formación intelectual. En la filosofía estoica significa ejercitarse en la virtud.
En el arte espiritual el monje trabaja con las herramientas  que  S. Benito ofrece a fin de reproducir la imagen de Dios oscurecida en el hombre y con las herramientas que no hace mucho hemos comentado una por una. Con ellas hemos de trabajar incansablemente en el recinto del monasterio y la estabilidad en la comunidad.
Por lo tanto el monasterio es un taller en el que se trabaja espiritualmente y en el que se forman  la figura e imagen de Cristo en cada monje.
El camino que el monje ha de recorrer individualmente a este fin se describe en el cap. VII de la Regla, dedicado a la humildad.

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