468. Espíritu de clausura

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El monasterio debe construirse a ser posible de suerte que todo lo necesario, es decir, agua, molino, huerta, y oficinas de los diversos oficios se encuentren dentro del recinto del monasterio, a fin de que los monjes no tengan necesidad de vagar por fuera porque en modo alguno conviene a sus almas. 66, 6‑7.

Esta disposición está en este capítulo del portero, debido a su fuente común la “Historia monachorum” de Rufino, es una manifestación de la preocupación de S. Benito de acentuar la separación entre los monjes y los seglares, estableciendo el espíritu de la clausura.
Reconoce que es peligroso para los monjes vagar de un lugar a otro fuera del recinto monástico, y mucho más dejar el monasterio sin el debido permiso.
En el pensamiento de S. Benito, la vida secular no es saludable para la vida espiritual del monje. Un verdadero monje tiene que sentirse incómodo fuera del monasterio porque su vocación peculiar no le preserva de los riesgos que conlleva la vida secular. Suele ponerse a este propósito la comparación que S. Antonio indicaba del pez fuera del agua.
La necesidad de buscar distracciones, escapar de la observancia de la vida común, sería un síntoma grave. Incluso se pueden buscar falsos pretextos que pretendan disimular este modo de actuar.
Ya vimos en el capítulo cuarto como todos los instrumentos del arte espiritual han de ejecutarse dentro del recinto del monasterio.
El deseo de S. Benito es que el monasterio pueda bastarse a sí mismo de modo que tenga todo lo que necesitan los monjes para su vida y trabajo. Aunque reconoce que este ideal no siempre es posible. La enumeración de lo necesario no pretende ser completa, y señala lo más imprescindible. Admite las explotaciones y trabajos en la medida que son necesarios para la vida de la comunidad, y no parece pensar en trabajos lejanos, ya que habla de una huerta dentro del mismo monasterio.
La evolución de los monasterios, sobre todo en occidente ha sido muy variada, pero esto ya es más bien tema de la historia monástica.
En la actualidad la observancia literal de esta norma es un tanto difícil, pero no así su espíritu, que incluso es más fácil que en otros tiempos. Sin necesidad de salir del monasterio muchas de sus necesidades pueden cubrirse plenamente.
Termina este capítulo con la recomendación de la lectura frecuente de la Regla para que nadie se disculpe de ignorancia. Esta es la finalidad de estas reuniones capitulares matutinas, que reemplazan a la lectura de la Regla que se hacía después de Prima. Otros monasterios han optado por leerla en el refectorio como se indica en la RM.

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