458. Proceder ante una mala elección

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Pero aún siendo toda la comunidad unánime en elegir a una persona cómplice de sus desórdenes, Dios no lo permita, cuando estos desordenes lleguen de alguna manera al conocimiento del obispo…o a los abades, o a los cristianos del contorno, impidan que prevalezca la conspiración de los mal intencionados. 64,3-5.
S. Benito quiere dejar bien seguro que el elegido para ser padre del monasterio, sea realmente un monje apto por sus virtudes para esta misión. Para conseguir este fin implica a todos, para impedir que se instalase en el monasterio un abad indigno, cómplice de los vicios de los monjes, incluso en el caso de haber sido elegido por unanimidad.
Es muy notable la energía que muestra S. Benito en este pasaje, no teme la intervención de extraños, sino que más bien la solicita e incluso la exige. Y para ello recurre, no solamente al obispo y a los abades vecinos, sino incluso a los fieles que de alguna manera estaban vinculados al monasterio, para poner en sus manos el nombramiento de un “administrador digno para la casa de Dios”.
Hoy nada tienen que ver el Obispo diocesano, ni los abades vecinos, y mucho menos los laicos en una elección abacial. Al abad elegido lo confirma el P. General. Y solamente en casos excepcionales se nombra uno o dos abades para realizar una Visita extraordinaria, si el caso lo requiere.
S. Benito por propia experiencia conocía la debilidad humana y sabía que podía haber componendas y complicidad para elegir a un sujeto vicioso y por eso emplea todos estos remedios normales en su tiempo, para salvar la casa de Dios.
A los que así velan por la santidad de la cada de Dios, les promete una gran recompensa por parte de Dios por este acto de puro celo, y amenaza aún con castigos si descuidan este negocio.
Hoy día la Iglesia tiene establecidas censuras contra el elegido y los electores culpables de cábalas. Hace prestar juramento antes de la elección de obrar rectamente. A pesar de todo esto, la ambición puede deslizarse y obrar con miras meramente humanas, con gran detrimento del verdadero espíritu cristiano y monástico que nos tiene que llevar en toda circunstancia, y en esta en concreto que tanta trascendencia tiene para el monasterio, y se manifiesta la verdad de no anteponer nada al amor de Cristo.

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