455.- Relaciones comunitarias

publicado en: Capítulo LXIII | 0

– Respeten pues los jóvenes a los mayores y los mayores amen a los jóvenes. 63, 10-

Las relaciones mutuas según el lugar que ocupa cada monje están reguladas por una máxima que reproduce dos instrumentos de las buenas obras. “Veneren los jóvenes a los ancianos y amen los ancianos a los jóvenes”, Estas relaciones  son las que indica S. Pablo en sus cartas entre marido y mujer, es decir entre Cristo y la Iglesia. A la sumisión y respeto de la segunda, responde el amor  del primero.
También se puede ver este capítulo la relación entre padres e hijos descrita también por S. Pablo. La sumisión de los hijos se funda en el precepto de honrar padre y madre, mientras que los hijos son invitados a dar pruebas de benevolencia con respecto a los padres.
 El respeto exigido casi por completo a los inferiores con respecto a los  mayores, no atenúa el carácter recíproco de las señales de honor mutuo reclamadas por el Apóstol ya que amor y respeto no se pueden separar.
El respeto, tema principal de esta segunda parte del capítulo 63 de hecho es casi exclusivamente tributado por los inferiores a los ancianos. “Cada vez que se encuentran el más joven pida la bendición al anciano, cuando se acerca un anciano, el joven se levanta para cederle  el sitio, y no se sentará hasta que el anciano se lo indique”. Benito podría tener presente aquí el texto del Levítico que dice:”Ponte en pié ante las canas y honra el rostro del anciano”. Cipriano basándose en este texto prescribía que hay que levantarse cuando llega el obispo o el sacerdote.
Hemos visto las señales de amor que tienen que dar los jóvenes a los ancianos, pero no indica ninguna de las que tienen que dar los mayores a los jóvenes excepto el nombre de hermanos.  Acaso la razón es que el verdadero amor no necesita reglas. Si el honor que se tributan los monjes entre sí no procede del amor, no tiene valor alguno desde el punto de vista cristiano, y evidentemente que S. Benito, ni S. Pablo en quien se inspira S. Benito, no pueden recomendar  una deferencia meramente formal, vacía, ya que no son expresiones de caridad las que tienen entre si las gentes del mundo.
 Amor y honor van tan juntos aquí, que se confunden y forman una sola cosa. Lo que intenta inculcar la regla es una caridad fraterna llena de delicadeza, de deferencia mutua.
Si tomamos al pie de la letra la distinción entre seniores y júniores, tenemos que tener en cuenta que exceptuando el primero y el último de los hermanos, todos tienen sus seniores y júniores. Y a todos se les ofrecía continuas oportunidades  de ejercitarse  tanto en el honor como en el amor recíproco.
Esta aplicación bilateral de la consigna paulina contrasta con la utilización que hacen de ella Casiano, Agustín y la segunda Regla de los Padres.
El precepto de honrar padre y madre, que Agustín entendía ser base para las demostraciones debidas a los superiores, puede también justificar las señales de honra tributadas al abad y a los “noni”. Esta palabra de origen egipcio, se ha familiarizado en latín. Nona, monja. La comunidad  de S. Benito, como iglesia ideal de Cristo está imbuida  de santo respeto. Incluso la limitación espacial en que conviven los monjes ya que la regla tolera solamente espacios comunitarios, no celdas particulares, exige un respeto mutuo exquisito, que se proyecta incluso en la manera de llamarse.
La frase de S. Pablo a los romanos:”Estimando en más cada uno a los otros” debe retener nuestra atención tanto más cuanto Benito recuerda también la frase que le precede:”Amandoos cordialmente los unos a los otros”.
Tal ver el binomio honra-amor que domina en esta segunda parte del capítulo 63, procede  de esta cita de S. Pablo y que aparecerá también citada en el capítulo 72.
Al prescribir estas señales de afecto mutuo, Benito se fija principalmente en la Iglesia primitiva. La comunidad monástica quiere semejarse a las comunidades apostólicas tal como se desprende de las referencias que a este propósito aparecen en el NT.

Dejar una opinión