267.-Palabra justa.

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  Cuando sea necesario preguntar algo al superior, debe hacerse con toda humildad y respetuosa sumisión (6,7)

Para S. Benito el silencio no está separado de la palabra. El capítulo dedicado al silencio, también podría haberlo titulado  sobre la palabra justa.
Este criterio se manifiesta a través de toda la regla. Así en el capítulo 7 no hablará solamente del silencio como señal de humildad, en los grados 9 y 10, sino  que también explica con debe ser la palabra que mana de la humildad en el grado 10. En el 11 muestra al monje guardando silencio hasta ser preguntado, cosa que ya ha dicho en este capítulo diciendo que hablar compete al maestro y oír al discípulo, y también en el 4, que en el mucho hablar no faltará el pecado.
Guardar silencio y hablar no se oponen, sino que se complementan  mutuamente. Se trata de no destruir la actitud de silencio. Nuestra palabra, nuestro modo de hablar es una prueba que manifiesta en qué medida es auténtico nuestro silencio.
Cuando aprendamos a guardar silencio interiormente,  no renunciaremos al silencio externo por un deseo de hablar. Algunos monjes parecen  tener necesidad de recuperar lo que han dejado de decir, lo cual es síntoma de que su silencio no brota del  silencio interior. Al hablar se debe mantener el silencio interior. Para S. Benito se trata no de hablar guardando silencio, sino de guardar silencio cuando se habla.
S. Benito da normas concretas   cuando dice cómo debe de ser la palabra que mana del silencio. Debe hablarse con humildad, dice en este capítulo y también en los 61 y 65. Con seriedad y dignidad 7,42. Con  respeto, razonablemente 31, 61,65. Con amor 61. Con sumisión en este 6. Con mansedumbre 66. Con modestia 22. Con temor de Dios 66.
En el capitulo 3 cuando habla de los hermanos llamados a consejo, se trata de un uso de la palabra que tiene que ser como fruto de prestar oído al Espíritu. No deben pretender imponer su opinión, poniéndose como el centro, sino decir lo que el Espíritu nos confía.
Si la palabra brota del la escucha del Espíritu no será prepotente y obstinada. Y solo hablará cuando el Espíritu le mueva a ello.
En este párrafo señala la humildad como característica de su modo de hablar. No es que tengamos que reprimir los deseos, sino expresarlos  tranquilamente, pero siempre con una actitud de desprendimiento, dispuesto a desprenderse del deseo.
Al administrador le indica que no debe rechazar al hermano que le viene con peticiones poco razonables, sino de modo razonable y humilde exponerle  la causa de su negativa. Hablar aquí con humildad es indicar que acepto a la otra persona, que siento respeto por ella. Para S. Benito la humildad y respeto están íntimamente relacionados  entre sí y suele referirse a ambos conceptos cuando trata del modo de dirigirse a otra persona.
El respeto al hablar, hace que permita a la otra persona ser como es. No deseo cambiarla, convencerla a la fuerza, rendirla con mis argumentos., sino que la dejo en paz, la respeto y tengo en cuenta  su intimidad.
En un par de ocasiones, dice que el monje debe hablar razonablemente, tanto el reproche 61, como la petición 65, y el rechazo 31.O sea no dejarse llevar por las emociones, sino basándose en una visión clara de las cosas, no enturbiada por intereses, ni estado de ánimo propios,  sino viendo las cosas como son. Y a esto se llega por el silencio que puede aclarar mucho los sentimientos que hay en nuestro interior.
También puede sorprender que S. Benito indique no solo la amabilidad en la respuesta del portero a los que llegan al monasterio,  sino también  dice “con temor de Dios”.68.
Hablar con temor de Dios significa tener sensibilidad  para percibir la presencia  de Dios en el otro. Para S. Benito nuestra relación con el otro no es puramente un proceso interpersonal.
Las  normas de S. Benito sobre el uso correcto de la palabra demuestran que guardar silencio y hablar están estrechamente  relacionados entre si. El que ha aprendido a guardar silencio correctamente, también sabe  hablar correctamente. Cuando habla, no pierde la compostura  y la atención a Dios, que el silencio debe instruirlo. Cuando habla conserva esa atención y la expresa para que también los demás puedan  participar de ella.
A S. Benito no le interesa tanto el silencio externo cuanto  la actitud interior del silencio. El silencio  como señal de la presencia de Dios. Cuando uno habla en la presencia de Dios, la palabra no rompe su silencio, sino que crece a  partir de él. No destruye el silencio  sino que lo comparte con los demás.

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