448.- Y si hace alguna crítica o indicación razonable con una humilde caridad, medite el abad prudentemente si el Señor no le habrá enviado precisamente para eso. 61,4.

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Aunque actualmente este capítulo no es muy práctico, ya que los votos y el Derecho Canónico fijan a los religiosos a sus Institutos, no obstante esta advertencia de atender a loas avisos que nos puedan llegar de fuera, tiene su importancia. Cierto que lo más indicado actualmente es que estos avisos venga por medio del Padre Visitador.
Sin duda nos encontramos ante uno de los pasajes donde brilla más el espíritu humilde y discretote S. Benito: su docilidad intelectual. Se puede ser muy santo e inteligente y con todo tener algo que aprender de otro. Cierto que Moisés era más elevado en gracia y más dotado que Jetró, y no obstante acepta de este un buen consejo.
Nuestro espíritu debe estar dispuesto a aceptar las opiniones de otros, ya que somos  menos capaces  de darnos cuenta de algunos detalles de nuestra propia vida.  Los de fuera que tienen otra experiencia y no les bloquean nuestras costumbres, pueden ser  más actos para reconocer nuestras imperfecciones.
Pero para que  se puedan prestar oído a estas observaciones que nos vienen de fuera, S. Benito pide en primer lugar que sean razonables, objetivamente justificadas, y en segundo lugar que el procedimiento sea cortés, sin pretensión o violencia, con humilde caridad.
Con estas maneras es más fácil que se manifieste la voluntad de Dios.
“Reprende” implica un reproche normal, la advertencia de que tal modo de obrar no es conveniente. “Advierte” está indicando una indicación discreta, que daría pie  al abad para examinar el asunto y obrar de un modo u otro con más luces.
Lógicamente será al abad al que el monje forastero hará estas observaciones, y no a los que no tienen  la suficiente autoridad para corregir y gobernar.
S. Benito tan lleno de fe en la providencia divina sugiere al abad que el Señor lo ha enviado para esto y así estudiará prudentemente y sin prejuicios la cuestión ya que pudiera ser que bajo el velo de este monje forastero, sea el Señor el que ha venido a advertirnos de algo que no se caía en la cuenta. Todo es perfectible en este mundo, y la voluntad del Señor puede manifestarse  por medio de este monje forastero, como a través de los hermanos más jóvenes como decía en el capitulo tercero.

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