447.- La acogida de los monjes forasteros.

publicado en: Capítulo LXI | 0

Si algún monje forastero que viene de una región lejana desea habitar en el monasterio, si le satisfacen las costumbres que en él encuentra y no perturba con sus vanas exigencias al monasterio…sea recibido todo el tiempo que él quiera. 61, 1-3

Este capítulo nos presenta una nueva manera de reclutamiento. Para comprender  con precisión este capítulo hemos de tener en cuenta cómo era  la situación de los monjes en occidente en tiempos de S. Benito.
El orden monástico tomado en su conjunto se asemejaba  por entonces a una nebulosa no definida y confusa. Existían  monjes, monasterios, costumbres monásticas, pero no había una congregación como tal, como posteriormente lo fueron Cluny y Cister. Tampoco había una sola regla que se observase en muchas casas.  Con frecuencia en los monasterios no había más regla que la voluntad del abad. La vida en los monasterios conservaba un carácter un tanto íntimo, menos riguroso que lo será posteriormente.
Se ofrecía un amplio campo abierto a la inestabilidad. Con la bendición del propio abad se podía emprender largas peregrinaciones, a santuarios, a otros centros monásticos o al encuentro de monjes con fama de santidad. Y se permitía fijar la residencia donde el régimen de vida  sobresalía bien por su fervor, o por su relajación según las aspiraciones de cada uno.
El giróvago y el sarabaíta son los prototipos de  la inestabilidad. No parece que S. Benito se ocupe de ellos en este capítulo. Tales personajes, fácilmente reconocibles, no tienen enmienda y  S. Benito en el capitulo 1 de su regla  traza de ellos un retrato demasiado repulsivo  como para pensar que el monje forastero a quien acoge en este capítulo con los brazos abiertos, sea un giróvago de profesión.
Se trata de monjes que llegando de tierras lejanas. No es que las siguientes prescripciones se dirijan solamente a estos  y estén excluidos los monjes que vienen de monasterios más próximos, sino porque al fin del capítulo se mencionan estos últimos con las recomendaciones que les concierne.
No hay que tomar al pie de la letra el término “en calidad de huésped”, y ni lo que dice un poco más adelante: “el tiempo que permaneció como huésped”. Para nada se trata aquí de que estuvieran en un albergue, hospedería aparte de la comunidad, ya que dice que es recibido en el monasterio. Por los detalles que precisa, se ve que este monje es recibido en la intimidad del monasterio, donde  podía observar y a la vez darse a conocer. Esto era imprescindible para que S. Benito pudiera  seguir con su plan misericordioso, sumándole a los monjes que habían hecho la estabilidad.
Se exige al monje así recibido, que asuma  las condiciones  de la nueva vida a la que el Señor le ha llevado. Se le trata como a un hermano más, siempre con la condición de que obre como un hermano.
Si lo que busca es vivir con excepciones y exigencias, solamente serviría en la comunidad como causa de perturbación y S. Benito dirá más adelante cómo tiene que ser tratado en este caso. Pero si es discreto y se adapta a la comunidad, puede ser recibido en el monasterio por cuanto tiempo  desee.

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