435.- El maestro de novicios.

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Se les asignará un anciano apto para ganar almas, que velará por ellos con la máxima atención. 58,6.

En la literatura monástica antigua no se haya nada paralelo a esta referencia que hace S. Benito respecto al anciano apto para ganar almas, ni el lugar llamado noviciado. En la RM tampoco se mencionan. Según los testimonios que tenemos, podemos pensar que ambas cosas son una creación de S. Benito, tanto en lo referente al maestro y al lugar para los novicios, así como la división del noviciado en tres periodos. Incluso la palabra “novitius” como termino técnico. También la RB habla en plural como formando un grupo, mientras que en la RM siempre se le contempla como un único recién llegado, siempre en singular.
S, Benito quiere que el maestro sea un anciano. Si no lo es por la edad, que lo sea a lo menos por la madurez del carácter y de las virtudes.
Siendo la vida monástica un arte espiritual y difícil, necesita  un director hábil para enseñar y guiar los primeros pasos  de los principiantes. Este preceptor debe haber practicado él mismo todos los caminos que enseña a sus discípulos. Sin duda se necesita la ciencia, pero la ciencia y el estudio no producirán ningún fruto si la experiencia no les da la nota práctica. De poco servirán sabias conferencias sobre las virtudes, si no ha sostenido el maestro estos mismos combates de la virtud.
La misma meditación  no podría bastar. Las impresiones y luces de la oración no reemplazan nunca los recursos de la experiencia, pero la experiencia sólo se adquiere con la práctica y el tiempo. Por todo esto, S. Benito quiere que el maestro sea un anciano, un veterano en la vida monástica que por estar en el monasterio largos años, está más al corriente de los usos y tradiciones de la comunidad.
Debe de ser apto para ganar almas, ya que el monasterio  se ha establecido, no para la regla, sino para la salud de las almas. Este es el gran deber de los superiores.  Y para ganar las almas es necesario en primer lugar el buen ejemplo. Hay que predicar más con la acción que con la palabra. Para ganar almas es preciso el sacrificio que soporta todas las miserias, que no se desalienta por las debilidades. Para ganar almas es necesaria la bondad, la dulzura y la amenidad deben acompañar siempre al maestro. Para ganar los corazones y no herirles se necesita un espíritu todo sobrenatural,  no obrando nunca bajo el impulso de alguna pasión. Un momento de cólera e impaciencia puede destruir lo que se había conseguido durante largo tiempo.
Quiere S. Benito que esté atento a las necesidades, para que cada uno tenga lo necesario y no esté expuesto a la murmuración. Pero sobre todo debe velar mucho más por las necesidades espirituales y, los progresos  en la virtud.
Comprendería mal su deber si se contentara con instruir a los novicios, preparar sus instrucciones, pues esto solamente es una parte de su deber. Para formar a los novicios es preciso conocerlos y para ello no basta oírles, es preciso  ante todo verlos obrar. Por eso en lo posible estará siempre con ellos con una vigilancia prudente y discreta. Afectar aires de vigilancia tendría como un efecto necesario, cerrar los corazones, ponerlos en guardia y hasta llevarlos al desaliento y hacer que sean más disimulados.
El noviciado como la comunidad entera es una familia, donde los corazones son libres, pero que el ojo atento de una madre ve todo en silencio y advierte los defectos para corregirlos delicadamente en el momento oportuno.

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