251.Algunos matices de la obediencia. (5)

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No intento convertir el comentario capitular de la regla, en una exposición o estudio  de la obediencia. Pero sí señalar   algunos matices que ciertamente necesitarían más puntualización Solo pretendo hacer algunas reflexiones con la finalidad de ayudar a vivir este  modo concreto de seguir a Cristo, obediente al Padre. Me guío por un trabajo que hice hace más de treinta años sobre este tema.
La obediencia tal como tradicionalmente se entendía, en el Catecismo de los Votos, y así la estudié en mis tiempos de formación, no se puede afirmar que fuese  algo igual a santidad.
Según el Catecismo y la teología  de la vida religiosa de aquella época, este voto se ejercitaba cuando uno obedecía en virtud de santa obediencia.  Y ¿cuantas veces un religioso obedecía en virtud del voto de obediencia? Ya que si a un religioso le mandaban así, había que sospechar que no andaba nada bien su obediencia. Si la obediencia fuese tal como se describía, se podía pasar toda la vida sin haber ejercitado este voto ni una sola vez, a pesar de ser el más fundamental de todos.
Ya hemos comentado los tres versículos en  los que la RB fundamenta la obediencia. Actualmente se expone más ampliamente.
No se pretende buscar unos textos evangélicos que expresamente  se refieran a la vida religiosa, y en este caso concretamente a la obediencia.  
La obediencia, como toda la vida religiosa, partiendo del evangelio, se ha ido desarrollando a través del tiempo, hasta llegar a las formas actuales. Para ello prescindiendo de las formas que se ha revestido en el correr de los tiempos, buscamos cual es su  contenido esencial.
Los teólogos no han llegado a una unanimidad en esta materia, pero parece ser que la opinión más seguida  y con mayor fundamento es que el contenido de la obediencia  se identifica con la totalidad del proyecto de la vida religiosa libremente aceptado. O sea toda la vida religiosa libremente aceptada. Y el contenido que tiene este seguimiento de Cristo es el contenido de la obediencia. Es la obediencia de Cristo al Padre.
De aquí que las Ordenes antigua, como la nuestra, solo se exprese en la profesión el voto de obediencia. Cierto que actualmente se sostiene que la pobreza y  castidad, están comprendidas en el voto de conversión de costumbres. Pero Ordenes como los dominicos que no hacen el voto de conversión de costumbres, con el de obediencia expresan la totalidad de la vida religiosa.
Para realizar el sacrifico a Dios, del que habla el PC 14, se necesita  una mediación humano-eclesial. Esta mediación es la Iglesia, y dentro de la Iglesia la Regla interpretada por las Constituciones, que están aprobadas por la Iglesia. Y después los superiores, desde el Capítulo General, hasta el superior local.
La obediencia por tanto se identifica con la totalidad del proyecto de la vida religiosa. Es el fundamento de la vida religiosa y como tal, tiene que contener en sí los elementos esenciales y fundamentales de la vida religiosa que se desprenden del evangelio: la renuncia voluntaria de los bienes, la virginidad consagrada,  la vida común y demás elementos evangélicos de la vida religiosa.
Para entender el misterio de la obediencia cristiana, dentro del cual está la obediencia religiosa, que es una modalidad de la obediencia cristiana, tenemos  que remontarnos a Cristo
El misterio de obediencia de Cristo es esencial en el proceso de su consagración y de su anonadamiento. Así lo afirma S. Pablo en Fil. 2,8.  Porque obedeció hasta la muerte, por eso fue exaltado.
Hay que partir también de Pentecostés. El Espíritu se comunica a la Iglesia entera  y desde ella a cada cristiano, convirtiéndose en una nueva ley del Reino.
También es fundamental comprender el concepto de misión, para así  comprender la obediencia tanto en la Iglesia como en la vida religiosa. Como entroncarnos en la obediencia al Padre.
El Padre envía al Hijo, que a su vez, según el evangelio,  envía el Espíritu Santo. El Espíritu envía y pone en marcha a la Iglesia y el mismo Espíritu suscita en la Iglesia y para la Iglesia  el carisma  de la vida religiosa, y de las diversas formas de vivir  los consejos evangélicos, según PC 1. Los institutos envían a sus miembros  a cooperar en la redención, en la salvación. De este modo se entronca nuestra obediencia, la misión que recibimos actualmente, con la voluntad salvífica  del Padre. Todo esto lo encontramos en varios lugares  del PC 14 y en la ET 23 y 25.
Autoridad  y obediencia constituyen dos aspectos de un mismo misterio. No podemos separarlos, y solo se entienden  desde el misterio de la Pascua. Cristo es el obediente, y por haber obedecido  hasta la muerte de  cruz, es constituido como Kirios, como Señor. Es decir, como el que tiene autoridad. (Fil. 2,8-11)
Toda la vida de Cristo tiene sentido ejemplar y redentor, pero muy particularmente  lo descubrimos en su obediencia. Desde su venida, recordemos Hebreos 10,5: “heme aquí”, pasando pro su infancia:”estaba sometido”. Y su vida apostólica en la que dice que “su alimento era hacer la voluntad del Padre”: Juan 4,34 y “siempre hacia lo que le agradaba al Padre,” Juan  8,39. Y resplandece de modo particular en la cumbre de su vida: su pasión y muerte, obedeciendo  al Padre, no solo directamente, sino a las mediaciones humanas.
Y con esto nos acercamos al punto central de la obediencia de Cristo, lo que podemos llamar la clave de su obediencia. Y que tiene que ser también la clave de la nuestra.

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