237-.Obediencia y vida consagrada.

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– Estos,  por razón del santo servicio que han profesado… (5,3)

La obediencia cristiana es una sumisión  incondicional al querer divino, pero la del monje es en cierta manera más rigurosa, ya que por medio de ella nos entregamos a Dios de una manera especial. Esto es lo que nos recuerda S. Benito en este párrafo. “El santo servicio que hemos profesado”.
Este estado en que estamos arranca de un acto integro de nuestra libertad. (ET 27)
Los votos dan estabilidad a este santo servicio y fijan de una manera concreta de vivir el seguimiento de Jesús. No tienen principalmente un valor moral, sino teológico. Y la razón es porque tienen un valor cristológico.
Solo desde Cristo, desde su vida  y su doctrina este santo servicio, caracterizado por los votos, tiene valor permanente.
Los votos son ante todo expresión de amor. Amor total, amor consagrado. La expresión objetivamente máxima del amor total. Son  una donación plena de la persona, de lo que la pertenece, de lo que la persona es y de lo que la persona tiene. Dedicación absoluta e inmediata al amor y al servicio de Dios.
Son la expresión  del “santo servicio que han profesado” que dice S. Benito. Por tanto no pueden  reducirse los votos, la obediencia en este caso, a medios para conseguir el amor o la caridad perfecta.
Una visión excesivamente jurídica y moralizante de la profesión monástica,  ha presentado los votos como medios, como removedores de obstáculos en orden  a alcanzar la perfección en el amor de caridad.
Hay que reaccionar enérgicamente contra esta visión tan moralizante y tan poco teológica de los consejos evangélicos, y de toda la vida religiosa, que en ellos se funda.
Cierto que los consejos evangélicos, además de ser en su misma esencia amor, y precisamente por ser amor, son también medios, los mejores medios para conseguir la caridad perfecta, el amor total.
Pero  lo propio, lo más original de los votos, no es su condición de medios, sino expresión de amor, de entrega, de consagración de toda la persona a Dios. La renuncia que ello implica es secundaria.
Diríamos que lo formal es la entrega persona, el amor,  y lo material, la renuncia que inevitablemente llevan consigo.
Por este “santo servicio que hemos profesado” en frases de S. Benito, reconocido y aceptado por la Iglesia, ofrecemos y consagramos a Dios no sólo lo que tenemos, sino lo que somos. Es decir nuestra persona en su totalidad y no resulta arbitrario el reducir los tres consejos evangélicos, que expresan la disponibilidad absoluta que exige el reino y la totalidad de una entrega personal.”El santo servicio que han profesado”
Por la entrega total del monje al santo servicio, Dios toma posesión del monje  por un título nuevo y especial. De este modo lo convierte en propiedad y pertenencia suya, es decir lo consagra. Todo el ser del monje queda sacralizado, ungido y poseído por la santidad de Dios.
El hecho  que vivamos bajo los consejos evangélicos no procede de una iniciativa nuestra, sino a una llamada de Dios. Pero nosotros respondemos a ella con entera libertad. Y a partir de este momento los consejos evangélicos, por tanto la obediencia, se convierten en ley de vida para el monje (ET 7), de tal manera que el mismo estado religioso adquiere carta de naturaleza. Se define  y constituye en la Iglesia en cuento estado de vida por la profesión de los consejos evangélicos.
Pablo VI. se expresaba así en el ET 3: “Respondiendo libremente la llamada del Espiritu Santo, habéis decidido seguir a Cristo, consagrándoos  totalmente a él. Los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia se han convertido ya en las leyes de vuestra vida. La autoridad de la Iglesia, como recuerda el Concilio, se ha preocupado de interpretarlos, de  regular su práctica e incluso fijar normas estables  de vivirlos”.
La doctrina del Concilio sobre la vida religiosa, pone bien en claro la grandeza  de esta donación, a imagen de la hecha por Cristo a su Iglesia. Y lo mismo que ella, es absolutísima e irrevocable.
 La frase de S. Benito llamado a la vida monástica “santo servicio que se ha profesado” está en la línea del Concilio y  muestra la pronta  obediencia  como su manifestación externa.

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