235 -Obediencia pronta.

publicado en: Capítulo V | 0

El primer grado de la humildad es una obediencia pronta.  (5,1)

              Como ya indiqué hace unos días, esta frase no esta  indicando un grado de humildad que se manifiesta en la obediencia, y al que siguen  otros grados. Lo que S. Benito quiere expresar con esta frase, es que la obediencia es la mejor expresión de la humildad monástica, porque sin ella no existe la humildad.
              No son consideraciones teóricas sobre la miseria humana la que
nos hace humildes. Cierto que ayudan y sostienen. Pero las virtudes se adquieren por los actos. Por la humillación, dice S. Bernardo, se llega a la humildad. La primera humillación, la más urgente y necesaria es la  sumisión a la voluntad de Dios, o sea la obediencia a Dios y a las mediaciones humanas por las que se nos manifiesta esta voluntad.
                  Esta humillación también es la más pura y eficaz, pues no ha sido elegida por propia voluntad.
              Pero para que la humillación de la obediencia sea eficaz, no tiene que darse sin demora alguna. Desde el momento que hay murmuración, examen, vacilación, ya no es un acto propio de la humildad, ni manifiesta la muerte de yo.
               Así como la humildad se manifiesta en la obediencia, así la obediencia es en sí misma, un fruto y una necesidad de la humildad. En el momento en que la humildad ha penetrado en algún grado en nuestro corazón, nos empuja a una obediencia más estricta y perfecta.
                Cuando la humildad crece, llegamos a sometemos a todos y abrazamos todas las dificultades que se presentan contra la obediencia.
                El primer fruto de la obediencia es colocarnos en nuestro lugar,
 Sometiéndonos a la autoridad de Dios y a sus mediaciones. Pero para que esta obediencia sea fruto de la humildad, tiene que ser pronta. La obediencia que duda, vacila, no nace de una verdadera humildad.
 La humildad y la obediencia son dos virtudes inseparables, como el cuerpo y el alma. S. Benito tampoco las ha separado en la regla. Por la humildad practicamos la obediencia y por la obediencia traducimos nuestra humildad.
 La humildad es el alma de la obediencia. Si queremos saber en que grado tenemos humildad, no tenemos más que examinamos sobre nuestra obediencia y ver si tiene todas las cualidades exigidas en este capitulo 5. Si es pronta,  ágil, gozosa. Si obedecemos a la fuerza para evitar  un castigo, o murmurando, no tenemos humildad. Si obedecemos gimiendo, tenemos poca humildad. Si la obediencia nos encuentra prontos  y gozosos, es señal de que crecemos en humildad.
                  Si tenemos un celo devorador por la obediencia, tenemos la verdadera humildad. El que obedece pronto y siempre es verdaderamente humilde o esta  en camino de serlo pronto.

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