234 .- De la obediencia.- (5)

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Podemos decir que hemos llegado en el capitulo de la obediencia del Maestro, al término de las reflexiones  del mismo sobre la obediencia. Pero creo que es interesante puntualizar algunos detalles más.
Muchas pasajes  posteriores, sobre todo los cuatro grados de humildad y el gran sermón al postulante del capítulo 90 volverán sobre esta doctrina, pero sin agregar nuevas perspectivas. Solo la explicación escriturística  se desarrollará notablemente sobre todo el en capítulo 10. El más importante de estos nuevos testimonios es el de Fil. 2,8. “Cristo se hizo  obediente hasta la muerte”.
Por otra parte la tercera petición del Pater, que en el capítulo de la obediencia  no se cita, vuelve a aparecer  en los capítulos 10 y 90,  para  asegurarnos como por añadidura, que  esta explicación es el punto de partida de su teoría de la obediencia.
Cuando consideramos  el conjunto de textos en los que se desarrolla esta teoría, llama la atención la importancia que le da el autor. Aunque el capitulo de la obediencia es el único que trata de esta virtud ex profeso, las dos preparaciones  metódicas de este tratado (Prólogo  y final del capitulo 1),  y las dos  reproducciones desarrolladas (cap. 10 y 90)  no dejan ninguna duda  sobre el gran interés que el Maestro pone  en establecer e inculcar su doctrina sobre la obediencia.
Este celo  no debe sorprendernos. La obediencia está necesariamente en el corazón de una institución monástica que se define como “scola dominici servitii”. Tanto si tomamos esta definición en el sentido escolar, como si  lo tomamos en sentido militar. Nos encontramos  en presencia de una relación de obediencia jerárquica de los discípulos con su maestro o de los soldados con su jefe, que es constitutiva  de estas sociedades.
La importancia de la obediencia a los ojos del Maestro, se debe también a las relaciones de esta virtud con el tema fundamental de la audición. En efecto, según una etimología de la que el autor es bien consciente “obaudire” está relacionado con “audire”. Ahora bien, escuchar  es la palabra clave de toda la doctrina espiritual del Maestro.
En línea directa con la tradición bíblica, el Maestro presenta a Dios como quien habla al hombre y a quien el hombre debe escuchar si quiere ser salvo. No es por tanto casualidad que comiencen estas dos reglas  con una invitación a escuchar. Escuchar en el sentido pleno de la palabra, o sea no solo oír y comprender, sino también  consentir y obedecer.
La importancia de la obediencia  a los superiores, objeto propio del capitulo de la obediencia, y de los pasajes conexos, se debe a que es un modo privilegiado e irremplazable de esa escucha de la palabra que salva.
La obediencia es la primera de las tres  grandes virtudes  a las que el Maestro consagra largos tratados, y en cierto aspecto, la más importante.
La taciturnidad que viene después, debe gran parte de su realce  al punto de vista jerárquico desde el que se la considera. Si hay que callarse  es precisamente, para escuchar  al maestro. La taciturnidad representa así como la actitud que conviene al discípulo. Se asemeja mucho a la obediencia  que  ha dejado su rastro en ella.
En cuanto a la humildad aunque es importante en sí, no atañe tanto como la obediencia al pacto cenobítico tal como lo concibe el Maestro. 

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