230.- El primer grado de humildad es una obediencia pronta.

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Seguimos examinando el texto benedictino como primer paso para reflexionar sobre la obediencia. Ya hemos visto que en la tradición monástica se daba una prioridad a la obediencia en  la vida espiritual del monje, ya que supone la humildad fundamento de toda virtud.
Sin la base de la obediencia, no puede esperarse la victoria sobre los vicios. Esta doctrina es de las más constantes en toda la tracción monástica.
La espiritualidad cenobítica considera la obediencia  como elemento primordial, como base de la comunidad.
El primer deber de los monjes, escribe S. Jerónimo a los cenobitas de Egipto, es obedecer a sus superiores y hacer cuanto se les manda. Esta es la primera de todas las virtudes, anota Sulpicio Severo, obedecer el mandato ajeno.
La RB se une a este coro  tradicional, y proclama solemnemente que la obediencia sin demora, entusiasta, de los  que no conciben nada más amable que Cristo, constituye la  manifestación primera y más excelente de la humildad, esto es de la vida monástica auténtica, pues como veremos  más adelante, humildad y monacato son prácticamente sinónimos. El amor a Cristo destaca como el principal motivo de la obediencia. No es una idea nueva, pues ya se advirtió en el prólogo  que se empuñan las gloriosas armas de la obediencia para miliar bajo el estandarte de Cristo, verdadero Rey.
Pero pueden darse y la RB lo reconoce,  otras razones menos elevadas, aunque poderosas: el servicio santo que se profesado, el temor del infierno, y el deseo de cielo. A la que se suman más adelante, la fe, el temor  de Dios el anhelo de caminar hacia la vida eterna, que es otra forma de expresar el deseo del cielo.
Sea cual fuere el motivo,  la obediencia posee en la RB esta primera característica: la prontitud, la rapidez, la simultaneidad de la orden del superior y el cumplimiento por parte del monje lo  que se inculca con frases muy expresivas.
Este capitulo  de la Obediencia de RB es un simple compendio de la RM, no ha dado de lado ninguna de las tres partes consecutivas del largo tratado de la RM en su cap. 7 sobre la obediencia.
Encontramos una breve alusión  a la obediencia pronta, luego una evocación de la obediencia cenobítica a ejemplo de Cristo y finalmente una enumeración  de las cualidades, sobre todo interiores, que debe tener  la obediencia.
El hecho  de haber conservado la RB las dos  frases del evangelio que fundamente  más profundamente la doctrina de la RM: “el que a vosotros escucha a mi me escucha” (Luc 10,16) y “no vine a hacer mi voluntad si no la de aquel que me envió”, (Jh. 6,38) no es  el menor de los méritos de este compendio que hace la RB. Obedecer como a Cristo, obedecer como Cristo. Estos dos aspectos de la obediencia se deducen de estos dos textos evangélicos.
Aunque sea legitimo distinguir estos dos tipos de obediencia y ver sus interferencias, hemos de reconocer que ni la RM ni la RB hacen  esta distinción.
La doctrina de la RM sobre la obediencia no está encerrada en un capítulo. Este capitulo 7  de la RM, de “cómo ha de ser la obediencia de los discípulos, aunque muy largo, prácticamente no habla más que de las cualidades  de la obediencia de acuerdo con su título. 

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