422.- Los hermanos que no salen muy lejos.

publicado en: Capítulo LI | 0

El  hermano que salen enviado para un encargo cualquiera y espera regresar el mismo día al monasterio, que no se atreva a comer fuera, aunque le inviten con toda insistencia, a no ser que el abad se lo hubiere ordenado. Y si hicieren lo contrario sea excomulgado. Cap. 51.

El argumento del capítulo anterior ha traído  la mente de S.Benito a un tema afín relativo al monje cuando se ausenta del monasterio para regresar en el mismo día.
Es de notar que en este capítulo hace referencia a un solo monje, mientras que el 57 se habla siempre en plural. Los monjes probablemente no iban solos en los viajes más importantes.
Es evidente que para S. Benito la clausura no era un valor absoluto.  Los hermanos eran enviados fuera “para cualquier encargo”. No por eso dejaba de ser el monasterio el ambiente normal del monje, como se ve en muchos lugares.  Pero  S. Benito conocedor de la debilidad de los monjes, se muestra especialmente exigente en las salidas a lugares cercanos, que debían ser las salidas más frecuentes.
La fidelidad en vivir  establemente en el monasterio es para el monje uno de los compromisos más sencillos, pero de los más exigentes a la larga.
Sin dejar de fomentar las motivaciones más profundas del corazón del monje, este brevísimo texto de la regla sigue siendo hoy una voz de aleta para no degradar la intensidad de nuestro ritmo monástico de vida, con escapadas que con frecuencia desconciertan a familiares o amigos, y restan vitalidad  a nuestra vida de oración y servicio.
Los monjes que viven con generosidad la opción monástica, saben  mantenerse libres de compromisos sin dejar por ello demostrarse llenos de humanidad y de una caritativa comprensión para todos.
De este capítulo también se puede deducir que la espiritualidad benedictina no es un conjunto de normas a las que hay que someterse, sino un modo de vida. Por ello estar fuera del monasterio no libera al monje de la obligación de ser lo que su nombre de monje indica: sencillo, buscador de las cosas más elevadas, centrado  en Dios.
Lo que la vida exige de nosotros es una búsqueda decidida de Dios, no una serie de escapadas de lo mejor que hay en nuestra persona. El ser religioso es una identidad a tiempo completo, tener que hacer algunos negocios, no nos da derecho a hacer durante la semana lo que  hemos decidido nosotros mismos evitar el domingo.
Ningún cristiano tiene derecho a ser menos de lo que los evangelios exigen del monje, esté donde esté.  

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