415.-Horario de verano.

publicado en: Capítulo XLVIII | 0

En consecuencia pensamos que estas dos ocupaciones pueden ordenarse de la siguiente manera: desde Pascua hasta las kalendas de octubre al salir del oficio de prima trabajaran por la mañana en lo que fuera necesario hasta la hora cuarta. 48,2-3.
Aclaradas ya   las diferentes nociones del texto de la RB, pasamos   al horario de los meses primavera-verano. No necesita comentario. Al salir de prima se dirigen al trabajo, no menciona el oficio de Tercia, que probablemente se celebraba durante el trabajo, y a continuación lectio divina hasta sexta.
Aquí se ve la discreción de S. Benito dedicando al trabajo las primeras horas del día, cuando el sol no calienta demasiado y dedica a la lectura las próxima al mediodía. La RM ignora esta lectura antes de sexta.
Después de sexta los monjes comen y para resarcirse de las pocas horas de sueño debido a lo cortas que son las noches en verano, duermen la siesta. Tal vez algunos no les apetece dormir. A estos les permite leer con tal de que no lo hagan en voz alta, como solían hacer la lectura en aquella época, para no molestar a los que duermen.
Esto da a entender que duerman o no la siesta, todos debían estar en el dormitorio durante este tiempo.
La siesta no duraba hasta nona, sino que se adelantaba este Oficio a la mitad de la hora octava. Se reanudaba el trabajo hasta la hora de vísperas.
Aunque este horario tiene unos rasgos de división del día hoy totalmente rebasada, la intención de S. Benito permanece como centro de la vocación monástica: santificar el tiempo, procurando que el servicio de la alabanza divina nos llame e incluso nos perturbe a intervalos regulares y breves.
Era un horario que propiciaba una vida apacible, plena, enriquecedora, pacífica y equilibrada. Era una fórmula vital que es difícil de guardar en un mundo de bombillas, teléfonos y coches, pero que puede ser más necearía que nunca si el alma moderna ha de recuperar algo del auténtico ritmo de la vida, y por tanto también de su buen sentido.

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