385.-Espíritu de fe con los enfermos.

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 Lo que hicisteis a uno  de estos pequeños, a mí lo hicisteis. 36 3.

Con este texto evangélico S. Benito  está  recordando que el servicio de los enfermos está  motivado por la fe.
La vida y búsqueda de Dios son las primeras palabras que S. Benito dirige al que quiere ingresar en el monasterio y el motivo que anima todas sus prescripciones. Por todas partes aparece Jesucristo y el conducirnos a Él el la finalidad de todos los actos que lleva consigo una vida comunitaria: actos de humildad de obediencia, de caridad que se encuentran por doquier.
Al tratar de los enfermos acentúa más el espíritu de fe y manda servirles como a Cristo en persona.  Y efectivamente, nuestro Señor dijo: “He estado enfermo y me visitasteis”, y “todo lo que habéis hecho por el más pequeño de los míos, por mí lo habéis hecho.”
De estas palabras de Jesús se deriva para el deber de poner el cuidado de los enfermos sobre todo y ante todo.
Por dos veces y casi con los mismos términos, S. Benito recuerda al abad que debe vigilar para que los enfermos no sean desatendidos. Es Jesús el que está enfermo. Y esto lo dice todo. ¿Cómo nos portaríamos con Él si lo tuviésemos en nuestra enfermería? Pues lo mismo debemos hacer con nuestros hermanos enfermos.
Sobre todo el enfermero tiene que tener esta visión de fe, por ello dice S. Benito que ha de ser un religioso temeroso de Dios, un monje lleno de fe que solo vea en sus hermanos enfermos a nuestro Señor.
El servicio de los enfermos lleva consigo el ejercicio de la paciencia. Pues si los enfermos tienen necesidad de paciencia para soportar sus males, también  el que los sirve tiene necesidad de una gran caridad y paciencia para soportar sus exigencias, en ocasiones desmesuradas, debido a su enfermedad, que puede influir tanto en la parte moral como en la física, siendo su comportamiento muy distinto del que tenían cuando gozaban de salud. Se ha visto a los más virtuosos monjes, ser los más tristes enfermos.
Es necesario  que el enfermero juntamente con la fe, se ejercite en la paciencia  y debe ser previsor,”solicitus”. Sosteniendo con palabras de aliento en las tristezas y tentaciones de tedio.
Para animar al enfermero y a cuentos se relacionan con los enfermos a no desfallecer en este ejercicio de fe y paciencia, recuerda S. Benito que este proceder tendrá una gran recompensa. Y esta recompensa será tanto más grande cuando en agradecimiento  de sus desvelos no recibe nada más que  quejas  y murmuraciones. El Señor será su recompensa.

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