356.-De los que se relacionan con los excomulgados sin autorización.

publicado en: Capítulo XXVI | 0

Si algún hermano sin orden del abad se permite relacionarse de cualquier  manera con el hermano excomulgado,…incurrirá en la misma pena de excomunión. 26,1-2.

Capítulo corto y sin aplicación literal práctica en nuestros días, pues como  ya hemos indicado, actualmente no se aplica esta pena de excomunión y por tanto no hay ocasión de que este proceder se pueda dar.
Pero podemos considerar la intención que tenía Benito  que le llevan a tomar medidas tan drásticas con el que de alguna manera tuviese trato con el excomulgado y también ponernos sobre aviso en situaciones  que se pueda presentar actualmente en nuestras  relaciones comunitarias.
Lo que pretende la RB es que la segregación total que se impone a un hermano, es para que recobre su salud espiritual. Esto es en definitiva lo que pretende la RB con esta norma.
Sería posible que algún hermano llevado de la amistad, la compasión, u otro motivo aún laudable, comunicase con el excomulgado sin orden del abad, interfiriendo así en el proceso  curativo.
La psicología contemporánea, habla mucho de la necesidad de ser un apoyo para  las personas sometidas a tensión. Pero la psicología popular no ha sabido hacer distinción entre el apoyo positivo y el negativo. Así como no constituye nada positivo quitar a una persona una medicación por el hecho de que le desagrada el sabor, así tampoco supone una ayuda positiva el entorpecer un proceso de reflexión. A veces el mismo dolor es curativo.
Pero este capítulo nos puede orientar como proceder en otros casos distintos de la excomunión, pero que tienen el mismo peligro de entrometerse en un proceso curativo, no dejando que se realicen los efectos deseados por algún castigo, penitencia o reprensión que sufre un hermano.
Es difícil frecuentar el trato de un religioso descontento, oírle exhalar sus quejas y agravios, valorar negativamente las medidas que se le aplican para su sanación, sin sentirse afectado del mal que sufre y en lugar de curarle o ayudarle, puede darse el caso que infeccione del mismo mal al que pretendía curarle. Por instinto natural estamos dispuestos a condenar a quien con su reprensión,  hace sufrir a un hermano.
  Hay que huir de la relación del monje que manifiesta su desobediencia, sus murmuraciones. Si por caridad tenemos que tratar con ellos y  escuchamos sus quejas, tratemos de poner ungüento en el lugar de las heridas. Con muy buena intención, se puede hacer mucho mal si se procede imprudentemente.

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