341.- En presencia de los ángeles te alabaré. Meditemos pues con que actitud hemos de estar en la presencia de la divinidad y de los ángeles.

publicado en: Capítulo XIX | 0

(19,5-6)
S. Benito quiere que siempre recordemos lo que creemos, actualizando la fe. En la exhortación para participar debidamente de la salmodia, a cedido la palabra a la Escritura proponiendo tres frases tomadas de los salmos.
Ya hemos considerado dos de ellas. La tercera es el versículo del salmo 137, 1, que dice, en presencia de los ángeles te alabaré. O más exactamente: te cantaré salmos. Con esto presenta nuevas perspectivas.
Encontrándonos ya en presencia de la divinidad ¿qué puede importar la presencia de los ángeles? Cierto que esto no supone un aumento del temor, de respeto, de benevolencia o de sabiduría en la comunidad monástica. Lo que probablemente quiere dar a entender la Regla con esta tercera cita es que el Oficio divino de los monjes es no sólo una anticipación de la liturgia celeste, sino una participación del culto que tributan a Dios los espíritus angélicos.
La presencia de los ángeles representa en la disciplina psallendi un papel muy importante. Lo demuestra la Regla al insistir en el mismo concepto a renglón seguido, cuando dice: Meditemos pues en que actitud debemos estar en la presencia de la divinidad y de los ángeles.
Según una antigua metáfora, los monjes aunque no ángeles, si son compañeros e imitadores de los ángeles. Incluso pueden llamarse ángeles porque son como ángeles.
En los diversos puntos de contacto en los que se relaciona a los monjes con los espíritus celestes, destaca el culto divino. Las maravillosas visiones apocalípticas descritas por Juan, llenaron la imaginación de los primeros siglos cristianos. En adelante, los ángeles se convirtieron en los adoradores de Dios por excelencia.
El oficio de los ángeles consiste en alabar a Dios sin cesar, dice S. Ambrosio. Glorificar a Dios, dice S. Basilio, es la ocupación de los ángeles, ensalzar al Señor es la única función de todo el ejército celeste.
Los textos patrísticos son abundantes. Alabar a Dios celebrar los divinos oficios, equivale a imitar a los ángeles, a llevar vida angélica. Salmodiar es ejercer la actividad de los ángeles, vivir de un modo celestial. Quemar delante de Dios un incienso enteramente celestial. ¿Qué cosa hay más dulce en este mundo que imitar a los coros de los ángeles, y saludar al Creador desde el alba con himnos y cánticos? Dice S. Basilio.
La RB no poetiza. Su propósito no consiste en parafrasear los viejos temas, las maravillosas metáforas de los Padres de la Iglesia, pero las conoce, se adivinan en su trasfondo. S. Benito sentía vivamente la unión del cielo con la tierra durante la celebración del Oficio divino. Para él, el Opus
Dei no es solo imitar lo que hacen los ángeles en el cielo, sino que se hacen realmente presentes en la liturgia monástica y los monjes realizan el servicio divino en su presencia.
Más aún, si el oficio de los ángeles presentes en el Oficio divino de los monjes se concreta en alabar a Dios. El culto que le tributan se mezcla con el que le tributa la comunidad monástica o viceversa, el culto de los monjes se une al de los ángeles.

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