324.- Cómo han de celebrarse las vigilias los domingos.

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Los domingos levántense más temprano para las vigilias. En estas vigilias se mantendrá íntegramente la misma medida, es decir, cantar seis salmos y el verso tal como quedo dispuesto, sentados todos convenientemente y por orden, en los escaños, se lee en el libro cuatro lecciones con sus responsorios…después seguirá otros seis salmos como los anteriores y el verso.  A continuación se leen cuatro lecciones con sus responsorios. (11,1-4)

A lo largo de los siglos V y VI. el monacato de occidente siguió celebrando Vigilias que duraban casi toda la noche. En los monasterios de las Galias, estaban en vigor dos grandes vigilias semanales, la noche del sábado y del domingo. Los monjes italianos se contentaban con celebrar la vigilia dominical. El RB se aparta por tanto de una costumbre general al  suprimir la gran vigilia del domingo, indicando  explícitamente que  la vela nocturna no empieza en la noche del sábado.
En los domingos los monjes se levantaban  más temprano que los otros días para el oficio nocturno. S. Benito adopta una innovación que se estaba introduciendo en algunas comunidades monásticas de Roma, al sustituir la vigilia tradicional por nocturnos prolongados. Innovación que la Iglesia Romana iba a sancionar muy pronto imponiéndola a su clero.
No hay  por esto que pensar en mitigaciones o relajación del fervor primitivo. Más bien se trata como vamos a ver de un cambio razonable, de una reforma provechosa al espíritu. En efecto  el Oficio Nocturno de estructura fija y duración constante en todos los domingos del año, que describe  el cap. 11 de la RB, como sucedáneo de las vigilias que ocupaban toda la noche, consta de doce lecturas largas, acompañadas del canto de los responsorios y a los doce salmos de costumbre se añaden  tres cánticos tomados de los libros proféticos y elegidos por el abad. El himno Te Deum, la lectura del evangelio el himno  Te decet laus. Un oficio rico y variado ocupaba evidentemente gran parte de la noche e importaba no  poca fatiga.
Para celebrarlo con la paz y sosiego que convenía, la comunidad monástica tendría  que levantarse bastante más temprano que los otros días.
No se puede hablar por tanto de relajación, sino  de una reforma destinada a solucionar los problemas que la falta de sueño por una parte, y la vigilia por otra, se habían planteado a las comunidades monásticas.
Se ve en repetidos casos  que la vigilia tal como se hacia tradicionalmente en Galia o en Roma eran demasiado difíciles, ¿Por que no aceptar el uso admitido en algunos monasterios romanos? Benito, hombre práctico, no duda en adherirse a este nuevo modo de celebrar las vigilias. El  Oficio Divino no consiste evidentemente  en agotarse  a fuerza de fatiga y falta de sueño,  sino en glorificar a Dios orando y escuchando la palabra revelada. Era por tanto mejor dormir y descansar durante la primera parte de la noche, y en la segunda parte velar en oración meditando la divina palabra de una manera más prolongada que en los demás días de la semana. Así tanto la salmodia como las lecturas saldrían ganando en intensidad lo que perdían en duración.
He aquí un ejemplo más de la primacía del espiritual sobre la ascesis material que tantas veces se descubren en la RB.
Pese a la supresión de la Vigilia, que duraba toda la noche, el Oficio de los domingos, se diferencia  de los días  ordinarios que se celebraba con gran sobriedad debido a las exigencias legítimas  del trabajo y de la lectura privada, adquirían una solemnidad  y amplitud  dignas de la conmemoración semanal de la resurrección del Señor.
Lo que distingue más notablemente el oficio dominical  del ferial, es lo que llamamos tercer nocturno. Se ha demostrado que casi todos los  elementos de este tercer nocturno, proceden  sin saber por medio de qué intermediarios, del oficio de Jerusalén, tal como se celebraba en el siglo IV.

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